VERSIÓN CLÁSICA  

 

Monasterio de Guadalupe

Introducción

Templete gótico mudéjar del Monasterio de GuadalupeEl Monasterio de Guadalupe (Nuestra Señora de Guadalupe) es una de las obras cumbres del gótico mudéjar no sólo en Extremadura sino de toda España, además de importantísimo santuario mariano de la Cristiandad. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el año 1993.

El conjunto del monasterio es un impresionante laberinto de 22.000 metros cuadrados, de edificaciones del mejor arte. Además del propio templo gótico, cuenta cuenta con un claustro también gótico y dos de estilo mudéjar.

Como veremos más adelante con detenimiento, este conjunto monumental es uno de los más espectaculares de Extremadura y de toda España gracias a su magnífica fachada con dos puertas de arquivoltas muy apuntadas superadas por tímpanos, marcos rectangulares y un gran rosetón, todo con tracerías flamígeras muy mudejarizadas.

Otro espacio que deja boquiabiertos a los visitantes es el gran claustro mudéjar con sus espectaculares dimensiones. Tiene forma de cuadrilátero con dos pisos abiertos con arcos apuntados de herradura sobre pilares ochavados. En el centro, se erigió el originalísimo y famoso templete mudéjar en el cual se funden armoniosamente las formas góticas e islámicas formando una especie de pirámide de gabletes de gran belleza.

El propio templo monástico es una joya arquitectónica cubierta de obras de arte. Existen varias capillas, el pabellón de la antigua librería, los templetes con sus fuentes, el auditorio y su famosa sacristía. No hay que olvidar que el conjunto del Monasterio de Guadalupe también alberga nada menos que tres museos (bordados, cantorales miniados, además de pinturas y esculturas antiguas).

Guadalupe en palabras de Miguel de Cervantes

"Cuatro días se estuvieron los peregrinos en Guadalupe, en los cuales comenzaron a ver las grandezas de aquel santo monasterio; digo comenzaron, porque acabarlas de ver es imposible".

Con estas palabras, extraídas de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, don Miguel de Cervantes ya reconocía la magnificencia de este monasterio, aún cuando todavía no se habían construido las dependencias barrocas ni se habían colgado entre sus muros los cuadros de algunos de los mejores pintores del barroco español, como Carreño de Miranda, Zurbarán o Lucas Jordán.

Guadalupe

El Real Monasterio de Guadalupe como santuario Mariano

Además de por su relevancia artística, el Real Monasterio de Guadalupe goza de tan importante reputación por ser uno de los grandes cenobios marianos de España. Son cientos los peregrinos que acuden desde todos los lugares del mundo en señal de devoción a la Virgen de Guadalupe. En la actualidad está regentado por una comunidad de franciscanos, acogiendo en su interior una Hospedería y un Parador de Turismo.

Hay que recordar que existe toda una red de "Caminos a Guadalupe" que desde el siglo XIV unen -como rutas de peregrinación- importantes localidades castellanas y extremeñas con el Santuario.

Orígenes históricos

Aunque hay varias tradiciones orales de carácter piadoso sobre su fundación, las primeras noticias escritas del Monasterio de Guadalupe las encontramos en el siglo XIV, ya que tras la batalla del Salado en 1340 contra benimerines y granadinos, Alfonso XI ordena la construcción de una fortaleza con una iglesia adosada. La iglesia debió construirse a finales del siglo XIV y debió estar terminada en los primeros años del siglo XV.

Dependiente del arzobispado de Toledo, en el año 1389 el cenobio fue entregado a la recién fundada orden de San Jerónimo, siendo su primer prior Fernán Yáñez de Cáceres (1389-1412).

Fachada mudéjar del Monasterio de Guadalupe

Es precisamente cuando los jerónimos se hacen cargo del monasterio en 1389 cuando comienzan importantes obras de reforma como la fastuosa fachada meridional gótico mudéjar que permite la entrad a la iglesia, y la construcción del claustro mudéjar incluyendo su célebre templete.

Dependencias del Monasterio de Guadalupe

La plaza y la fachada monumental

Lo primero que se encuentra el visitante al llegar al conjunto monástico de Guadalupe es una monumental plaza, con una fuente en el centro, en donde puede verse la antigua pila bautismal de la iglesia. Tras una escalinata se encuentra la fachada principal, situada entre dos grandes torres y precedida de un pequeño pórtico.

Tiene una estructura conformada por cuatro calles, todas ellas con arcos apuntados, dos de los cuáles permiten el acceso al interior de la iglesia, y los otros permiten la iluminación interior. Sobre ellos un cuerpo trabajado con una fina labor de crestería. Por encima, puede verse el rosetón de uno de los brazos del crucero. Al oeste se encuentra la puerta que da acceso a las dependencias monásticas, y en donde se ha instalado la taquilla y la tienda de recuerdos.

Las dos torres que flanquean el conjunto fueron construidas en el siglo XIV, mientras que la fachada se realizó en torno a 1460, siguiendo fielmente la estética del gótico final.

La capilla de Santa Ana

La fachada gótica que acabamos de ver sustituyó a una anterior, que se encontraba en el brazo meridional del crucero, pero ésta se encontraba retranqueada con respecto a las dos torres. Al construir la estructura actual en el siglo XV en línea con éstas, se formó un espacio de planta rectangular, que es lo primero que el visitante se encuentra al cruzar el umbral de la iglesia, y que conforma la capilla de Santa Ana. En este espacio puede verse el magnífico sepulcro de don Alonso de Velasco y su mujer, doña Isabel de Quadros, que fue realizado siguiendo la traza de Egas Cueman, quien asumió el encargo en el año 1460. Junto al contrato, se adjuntaron tres dibujos, por medio de los cuáles el cliente pudo visualizar la obra antes de su ejecución. Este tipo de dibujos son muy frecuentes en la documentación, pero lo notorio del sepulcro de los Velasco es que los dibujos se han conservado, pudiéndose ver en el Museo de esculturas y pinturas del propio monasterio. En ellos puede verse como Egas Cueman no siguió fielmente el modelo inicial. La estructura está formada por un arcosolio bajo el que se encuentran la figura de los nobles en actitud orante, un relieve con dos pajes. Sobre ellos, una tracería gótica con un relieve de la Virgen en el centro.

La otra pieza notable de esta capilla es la fuente metálica, transformada en pila bautismal. Fue ejecutada en 1402 por Juan Francés, y se trasladó aquí en el siglo XIX, desde el lavatorio del claustro.

La iglesia

La iglesia tiene una planta basilical de tres naves, ábside poligonal, y un gran coro situado a los pies, que se construyó posteriormente. Los tres tramos se cubren con bóvedas de terceletes en la nave central y de crucería simple las dos laterales. Sobre el crucero se levanta un cimborrio con una cúpula apoyada sobre trompas, que dota al edificio de gran luminosidad, a lo que también contribuyen los dos rosetones situados a ambos lados del crucero. El edificio se realizó a lo largo del siglo XIV, terminándose en tiempos del prior Yáñez de Cáceres. Obsérvese que, a pesar de ser una obra del siglo XIV, algunos detalles estructurales son muy arcaizantes, como los pilares que separan los muros, que obedecen a una estética tardorrománica. La capilla mayor se separa de las naves por medio de una reja de gran belleza, que fue labrada entre 1510 y 1512 por dos frailes dominicos, fray Francisco de Salamanca y fray Juan de Ávila. El altar mayor está presidido por un retablo monumental realizado en 1609, y que sustituyó a uno anterior de factura gótica. En el presbiterio pueden verse también, en los muros laterales, los sepulcros de Enrique IV (1454-1474) en el lado del Evangelio y de su madre, María de Aragón (1420-1445) en la Epístola, realizados a finales del siglo XVI.

El Claustro de los Milagros

Se trata de un espacio de singular belleza, de planta cuadrada, con arcadas de herradura y herradura apuntadas en las dos alturas de las cuatro pandas que se abren al jardín. En el ángulo suroeste se encuentra un templete cuadrado cubierto con bóveda de crucería que cobija al lavatorio, con una pila octogonal que acoge al agua que cae de un copón de bronce, réplica del original, que se encuentra en la capilla de Santa Ana.

En las pandas del piso bajo pueden verse lienzos que narran los milagros de la Virgen de Guadalupe, piezas escultóricas procedentes de las estaciones de un Calvario del siglo XV, y sobre todo el magnífico sepulcro de fray Gonzalo de Illescas, ejecutada por Egas Cueman hacia 1460, que en un principio formó parte de una capilla mucho más suntuosa que el espacio actual. La escalera que permite acceder al piso superior y al coro de la iglesia es una obra del siglo XVI.

En el centro del claustro se encuentra el famoso templete, que acapara de forma justa todas las miradas. Es una estructura de planta cuadrada en el exterior y hexagonal en el interior, con tres alturas, realizada con cantería y las dos superiores con ladrillo visto. En cada frente del piso bajo un doble arco apuntado separado por parteluz y cobijado por otro mayor se abre hacia el jardín. Fue realizado hacia 1405 por fray Juan de Sevilla. Los dos pisos superiores aprovechan como motivo ornamental el material, que se combina con vistosos azulejos.

Museo de ornamentos sagrados

En este espacio se ha agrupado un conjunto extraordinario de telas de los diferentes priores que nos recuerdan la existencia en Guadalupe de uno de los talleres de bordados más importantes de la Península. Destacan, por su antigüedad y riqueza, el conocido como frontal Rico, realizado a finales del siglo XIV, el frontal de Enrique IV y la casulla del Condestable, que siguen modelos flamencos.

Museo de cantorales

Ubicado en la antigua sala capitular, se trata de un espacio en el que se exponen los libros del coro y otros libros miniados. La biblioteca coral del monasterio custodia noventa y siete cantorales realizados en pergaminos de gran tamaño, con unas ruedas en la parte inferior que permiten su traslado. También pueden verse algunos cantorales del siglo XVI, de tamaño más reducido, con miniaturas de desigual calidad. La colección se completa con otros ejemplares de gran valor, como un libro de horas del siglo XV. Casi todos ellos fueron realizados en el mismo monasterio, y se conoce el nombre de muchos de los frailes que contribuyeron a la iluminación de los libros.

Museo de esculturas y pinturas

En estas salas pueden verse algunas piezas pertenecientes a la colección de bellas artes del monasterio, como los dibujos del sepulcro de los Velasco a los que ya nos hemos referido, un tríptico con la Adoración de los Magos que se ha atribuido al pintor flamenco Adrián Isenbrant, una tabla con el Bautismo atribuida a Juan de Flandes, o el grupo escultórico de la Virgen, San Juan y María Cleofás, atribuidas a Egas Cueman.

El Claustro Gótico

Se accede a este espacio por una puerta abierta en el muro noroeste del Claustro de los Milagros. En la actualidad está ocupado por una terraza perteneciente al restaurante de la hostería.

Tiene planta rectangular, con arcadas en tres pandas, mientras que la última se cierra por un muro construido en el siglo XX. Tiene tres alturas, la primera con arcos de medio punto de estética renacentista, y las dos superiores con arcos apuntados, que acogen a su vez a otros dos de medio punto separados por un parteluz, con fina labor de tracería gótica. Fue realizado entre 1515 y 1524.

Antesacristía

Se ubica en la parte inferior de una de las dos torres que cobijan a la fachada principal. De forma contigua se encuentra el antiguo lavatorio, que no es más que un pequeño pasillo cubierto con bóvedas de crucería y un zócalo con azulejos de Talavera. El espacio de la antesacristía es del siglo XIV, pero en el siglo XVII se realizó una reforma que lo transformó por completo. En esta época se añadió la gran fuente que ocupa todo el frente bajo del muro sur, y las ventanas se adornaron con marcos de jaspe. En sus muros pueden verse algunos cuadros, entre los que destacan los retratos de Carlos II y su esposa, y el cardenal Favo Millini, todos ellos de Carreño de Miranda.

Sacristía

La sacristía fue construida en el segundo cuarto del siglo XVII. Se trata de una nave cubierta con bóveda de cañón dividida en cinco tramos, con pilastras adosadas en los muros, entre los cuáles se ubican los muebles para guardar las ropas litúrgicas. Es un espacio de gran fastuosidad, en donde las formas barrocas no dejan descansar la vista. Entre sus muros puede verse la magnífica serie de lienzos que Francisco de Zurbarán pintó para este monasterio. Constituyen, junto con la del Paular, los únicos cuadros que se conservan in situ de todos aquellos que pintó para diferentes cenobios. Fueron pintados entre 1638 y 1639 y representan escenas de la vida de varios monjes jerónimos que vivieron en Guadalupe, desde su primer prior, Fernán Yáñez, que se representa junto a Enrique III.

El relicario

Precedida de la capilla de Santa Catalina se accede al relicario, en donde se custodian las numerosas reliquias del monasterio. Es un espacio de planta octogonal cubierto con cúpula, ornamentado con suntuosa decoración barroca. En los pilares entre los cuáles se encuentran las estanterías con las reliquias hay unos espejos con marcos de cristal de roca. Entre todas las piezas conservadas en este lugar, destaca la conocida como arqueta de los esmaltes, en donde se guarda el Santísimo Sacramento. Es una pieza del siglo XV realizada por fray Juan de Segovia con esmaltes y relieves en plata y bronce donde se representa la vida de Cristo. Los esmaltes son piezas reutilizadas del trono en el que se sentaba la Virgen, que se deshizo en el siglo XIV para financiar la guerra que Juan II mantuvo con Portugal.

El camarín de la Virgen

Desde la capilla de Santa Catalina que permite el acceso al Relicario se accede también al camarín por medio de una lujosa escalera con formas barrocas. Es un espacio de planta tetralobulada profusamente decorado. Entre sus muros pueden verse algunos cuadros de Lucas Jordán y en los pilares, se abren hornacinas que albergan piezas escultóricas. Por una pequeña puerta se accede al tesoro de la Virgen, una estancia con muros tapizados de damasco oscuro.

La Virgen de Guadalupe

La Virgen de Guadalupe es una talla de madera policromada. Fue realizada a finales del siglo XII, y originariamente conformó una Virgen sedente, sentada sobre un trono y con el Niño en sus rodillas. Posteriormente fue reformada para convertirla en una talla de vestir, dando lugar a la estructura triangular que presenta en la actualidad.

La Ermita del Humilladero o de la Santa Cruz

Un monumento gozoso antes de llegar al Monasterio

Si el Camino Francés a Santiago tiene su Monte do Gozo desde donde los peregrinos avistan la catedral de Santiago de Compostela, Guadalupe también tiene su Cerro de las Altamiras.

En efecto, a cuatro kilómetros del monasterio, al final del Camino de Guadalupe encontramos este monte desde el que se puede observar al fondo del valle el conjunto urbano de la localidad de Guadalupe con el majestuoso Real Monasterio presidiéndolo.

En el siglo XV se mandó contruir en lo alto del Cerro de las Altamiras un humilladero conocido como Ermita del Humilladero o de la Santa Cruz (Monumento Nacional desde 1931). Se trata de una estructura prismática con tejado a cuatro aguas. El estilo es similar al del templete del Claustro de los Milagros, es decir gótico mudéjar.

Su fabrica es mayoritariamente de ladrillo, aunque los capiteles interiores son de piedra y algunos figurados. Destacan los grandes y vistosos ventanales apuntados con vanos y tarcerías.

(Autores del texto del artículo de ARTEGUIAS:
Víctor López Lorente y David de la Garma)


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