Guía de la Basílica de Brioude (Francia)
Brioude es una pequeña ciudad del departamento de Alto Loira, en la región de Auvernia-Ródano-Alpes (Francia). Se encuentra a una altitud sobre el nivel de 425 metros y cuenta en la actualidad con unos 6.500 habitantes.
Su principal monumento es obviamente la Basílica de San Julián ("Basilique Saint-Julien de Brioude" en francés)
La Basílica de Brioude es posiblemente el mejor monumento románico de la región francesa de La Auvernia. Por lo menos, es el más grande de todos y en él se combinan maravillosamente los alicientes arquitectónicos, escultóricos y pictóricos. Además, se encuentra en el Camino a Santiago entre Clermont Ferrand y Cahors.

Está construida sobre la tumba del mártir cristiano San Julián. En efecto, a comienzos del siglo IV d.C. el militar cristiano Juliano no pudo escapar de las virulentas persecuciones que por aquellos tiempos asolaban a los cristianos y fue arrestado y ejecutado en este lugar. Con el tiempo, se convirtió en el patrón de la ciudad y las reliquias de San Julián atrajeron a numerosos peregrinos.

De modo que se fueron levantando sucesivas iglesias en el lugar del martirio. La primera fue una basílica paleocristiana de finales del siglo IV que llegó a ver el mismísimo Gregorio de Tours.
Más tarde, en el periodo franco carolingio se debió construir un templo prerrománico que sucedió al paleocristiano destruido por un incendio.

Esta iglesia que alcanzó el privilegio de rendir cuentas sólo ante Roma, se convertirá pronto en panteón de los condes que gobernaron Auvernia.
A comienzos del siglo XII (primer cuarto), el colegio de canónigos condales de Brioude decidió construir un gran templo en honor al santo en el estilo que actualmente denominamos románico.

Las obras de construcción de la basílica románica de Brioude tardarían un siglo en finalizarse (hasta el siglo XIII). En su edificación se emplearon materiales variados que le dan su carácter polícromo: arenisca roja de Allevier, arenisca calcárea, basalto de La Vergeur, granulita de Saint Just y mármoles gris y rosa.
De forma muy simbólica, la calzada romana que unía Clermont-Ferrand con Puy-en-Velay atraviesa el edificio de norte a sur.

A lo largo de los siglos posteriores, el edificio se mantuvo bastante fiel a su construcción original. Incluso evitó parcialmente la destrucción propia de la Revolución Francesa pues los canónigos camuflaron muchos de los esplendores de la basílica: se tapiaron las aberturas cuyas vidrieras habían sido rotas, se cubrieron con yeso los capiteles, etc. Sin embargo, en el exterior, fue imposible salvar el campanario cuadrado de la fachada occidental, que desapareció, y tampoco se libró la aguja-campanario octogonal sobre el primer tramo de la nave central, que fue decapitado.
No mucho después de la Revolución,
la Basílica de Brioude fue incluida en la primera
lista de Monumentos Históricos de Francia de 1840 y desde
ese momento comenzaron las restauraciones que se ocuparon de
la reconstrucción de los campanarios anteriormente citados,
de las puertas románicas y de la de la fachada oeste
(1862-1863)
en 1957, el papa Pío XII la elevó al rango de
"Basílica Menor".

En ese momento una nueva restauración despojó sus muros interiores del revestimiento lo que dejó a la vista la piedra arenisca con su primigenio color. También ayudó a destapar 140 metros cuadrados de pinturas murales en las capillas de San Juan Bautista y de San Miguel.

Por último, en 2008, tras las obras de restauración del ábside, se instalaron nuevas vidrieras, de cuyas composiciones fue autor el fraile dominico coreano Kim en-Joong y elaboradas por los talleres Loire de Chartres. Estas vidrieras están diseñadas para iluminar la basílica, incorporando arte abstracto lírico al edificio mediante sutiles juegos de luz que se proyectan sobre los sillares de las naves.
Como veremos, además de su importancia histórica, religiosa y jacobea, la Basílica de Brioude ofrece todo un conjunto de alicientes arquitectónicos, escultóricos (capiteles interiores) y pictóricos (pinturas murales de los siglos XII y XIII, magníficamente conservadas).

Arquitectura
Exterior
La basílica de Brioude es un largo templo románico de tres naves de siete tramos que se unen a una cabecera con deambulatorio y cinco capillas radiales.

A diferencia de las iglesias "mayores" de la Baja Auvernia, ésta no dispone del llamado "macizo barlongo", ese cuerpo alargado transversalmente ubicado sobre el crucero y que tiene dos tejados inclinados que enmarcan el nacimiento del campanario.

También varía el sistema decorativo de las ventanas de la cabecera y las capillas radiales donde se emplean ventanales de tipo portada (con columnillas y arquivolta) y hasta arcos murales ciegos, lo que convierte al conjunto en espacio más ornamentado.

La fachada occidental es de sillares rojizos y cuenta con tres puertas de arquivoltas de medio punto, la central más grande con tres y las laterales más pequeñas con una. Encima hay ventanales y en el eje central una torre campanario. Pero hay que advertir que esta parte de la basílica de Brioude fue muy maltratada durante la Revolución Francesa y luego reconstruida por el arquitecto diocesano Aymon Malleta a mediados del siglo XIX.

Lo más importante de esta zona oeste es que conserva el "macizo occidental" con sus tres capillas en alto. De las tres, la más destacable es la Capilla de San Miguel por sus pinturas murales románicas.

Interior
El interior de la basílica de Brioude mide unos 75 metros de longitud y tiene tres naves separadas por arcos formeros que caen sobre pilares de sección cuadrada con una semicolumna en cada cara. El espacio mural que queda encima de dichos formeros es, con diferencia, el más heterogéneo y dispar. En los diferentes tramos podemos ver pequeños rosetones, ventanitas con puertas de madera, grandes ventanales con tracerías góticas, etc.

Las bóvedas de la nave central son
de crucería y las de las naves laterales de arista.
Este interior muestra ciertas irregularidades como consecuencia
de un proceso constructivo que duró un siglo siendo el
primer tramo de la nave en el lado oeste y la cabecera las partes
más antiguas, mientras los tramos intermedios son algo
posteriores.

Por ello es preferible deleitarse sobre todo con la escultura de los capiteles, las pinturas murales y el pavimento del suelo.

Los primeros suman un total aproximado de 300 cestas que han de clasificarse en dos grupos: uno románico y otro ya gótico.

Además de las habituales cestas vegetales, hay un gran número de capiteles historiados, donde encontramos animales reales y fantásticos (monos, águilas, serpientes, felinos, grifos, centauros, tritones y hasta minotauros) con toda su carga simbólica y también otros más complejos con representaciones humanas como combates, ejércitos, el caballero triunfante, etc.

En el apartado bíblico encontramos, entre otros, pasajes como el de las Tres Marías ante el sepulcro vacío o Sansón desquijarando al león de Timnat.
En cuanto a las pinturas murales citadas de la basílica de Brioude fueron descubiertas en 1957. Las podemos encontrar en una de las capillas del deambulatorio dedicada a San Juan Bautista, que muestran a los cuatro jinetes del Apocalipsis y a los dos sucesos inmediatamente posteriores que son las almas bajo altar y el sol tornado negro y la luna roja. Todo ello mientras Juan escribe bajo el dictado del Espíritu Santo.
También existe un ciclo de pinturas interesante dedicado a San Pedro con el pasaje de "Quo Vadis Domine" y la detención y crucifixión del apóstol.

Por su parte, la capilla de San Miguel, la meridional del macizo occidental de la basílica también está decorada con frescos del siglo XIII: en la bóveda, Cristo en gloria está rodeado por el Tetramorfos, ángeles y santos, mientras que en el tabique se muestra, en la parte inferior, el infierno, y, en la parte superior, la victoria de los arcángeles Miguel y Gabriel sobre Satanás.

A esta capilla tan interesante sólo se puede acceder mediante visitas guiadas.

También en los pilares de las naves, grandes áreas de frescos muestran escenas bíblicas y narrativas insertadas en ricos patrones decorativos.

Por otra parte, bajo las losas de piedra del siglo XVIII, se desenterró en 1963 un pavimento de guijarros de basalto y cuarzo. Esta obra maestra del siglo XVI adorna el suelo de la iglesia con una impresionante decoración de mosaicos de rosetas, flores de lis, palmetas y ondas.
