Biografía de Fernando II. Rey de León
Fernando
II de León, Asturias y Galicia nació en Barbastro hacia
1137. Fue el segundo hijo de Alfonso VII el Emperador y de doña
Berenguela, hija del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV.
El testamento del rey Alfonso VII y los conflictos con Castilla
Subió al trono de León en 1157, gracias al testamento de su padre Alfonso VII; el monarca había decidido repartir sus estados entre sus dos hijos: Sancho III sería rey de Castilla, y Fernando II de León. Con esta división del reino castellano-leonés, que se mantuvo durante las tres décadas del reinado de Fernando II (1157-1188) y durante el de su hijo, Alfonso IX, se pasó del llamado Imperio hispánico a la España de los cinco reinos (Portugal, León, Castilla, Navarra y Aragón), como afirmara Menéndez Pidal.
Comenzó
entonces un período, que se extenderá hasta la victoria
cristiana de las Navas de Tolosa, en 1212, caracterizado por la considerable
ralentización que experimentó el proceso reconquistador.
Ello se explica por las desavenencias surgidas entre castellanos y
leoneses a la muerte de Alfonso VII que impidieron, durante algunos
años, hacer frente a los ataques almohades.
Sancho III el Deseado (1157-1158), y Fernando II se ocuparon, principalmente, de resolver sus problemas fronterizos. León pretendía integrar a sus dominios la Tierra de Campos, disputada entre ambos reinos e incorporada a Castilla por el emperador. Reunidos en Sahagún (1158) ambos monarcas llegaron a un acuerdo por el que se repartían las zonas disputadas, se distribuían Portugal y se fijaban las respectivas zonas de influencia en al-Ándalus. Pero la muerte en ese mismo año de Sancho impidió la realización del proyecto.
Un
niño de tres años, Alfonso VIII (1158-1214) heredaba
el trono castellano. Fernando II supo aprovechar la ocasión
que se le presentaba pues Castilla quedó sumida en la anarquía
provocada por las luchas de poder que protagonizaron las poderosas
familias de los Castro y los Lara durante la larga minoría
de Alfonso. El rey leonés, aliado de los Castro, pudo imponer
su autoridad en Tierra de Campos, además de apoderarse de Toledo
y Segovia (1162), ciudades que, finalmente, fueron recuperadas por
los castellanos en 1166.
Aunque
la derrota de los Castro en Castilla (1165) hizo que Fernando II se
centrase en la frontera sur del reino, amenazada por los portugueses,
el estado de guerra entre León y Castilla se mantendrá
hasta 1180.
Conquistas en Extremadura y guerra con Portugal
En 1165 contrajo matrimonio con Urraca de Portugal, hija de Alfonso I Enríquez. Fruto del mismo, nació un único hijo, que será el último monarca del reino de León, Alfonso IX. Sin embargo, el matrimonio apenas duró siete años pues fue anulado por el papa Alejandro III, dado el grado de parentesco existente entre los cónyuges.
Por estas mismas fechas, Fernando II pudo atender a la frontera sur del reino, la Extremadura. El mayor problema para León procedía de allí pues la presencia de tropas portuguesas y castellanas cerraba el avance reconquistador del reino y además, amenazaba su independencia eclesiástica y, por tanto, política: si Mérida caía en manos de Catilla o de Portugal, el clero leonés no dispondría de arzobispado propio del cual depender, pues el arzobispo compostelano lo era en cuanto se había trasladado a Santiago la antigua metrópoli emeritense, con carácter provisional. Ante esta situación, Fernando II optó por aliarse con los musulmanes (1169) para hacer frente a castellanos y, sobre todo, a portugueses pues, ese mismo año, el caudillo luso Geraldo Sempavor había penetrado en Extremadura. Tras tomar a los almohades las ciudades de Évora, Trujillo, Cáceres y Montánchez, Sempavor se disponía a atacar Badajoz, con la ayuda del rey Alfonso I de Portugal.
Estas
conquistas portuguesas suponían para León el fin de
los sueños expansivos trazados en Sahagún y la pérdida
de las parias musulmanas, que constituían uno de los mayores
ingresos del reino. Por esta razón, unido a los musulmanes
de Badajoz, Fernando II conquistó las tierras ocupadas por
Geraldo Sempavor y su suegro, Alfonso I de Portugal, a quien después
de vencido y hecho prisionero, devolvió la libertad sin condiciones.
A raíz de estos enfrentamientos surgieron en el reino de León las órdenes militares de San Julián del Pereiro, llamada, a partir de 1218, de Alcántara, y la de Santiago. La primera fue organizada, en 1170, por el obispo salmantino Ordoño, y aprobada por el pontífice Alejandro III en 1177. La de Santiago se creó el año 1170, en la ciudad de Cáceres, tras la victoria de Fernando II sobre Geraldo Sempavor.
Fernando II confió la defensa de Extremadura a Ermengol VII de Urgel, a Fernando Rodríguez de Castro y al arzobispo compostelano y les otorgó importantes beneficios como pago a su intervención contra almohades y portugueses. El conde de Urgel recibió varias heredades en la zona en recompensa a su ayuda en la conquista de Alcántara (1166) y en las campañas contra Geraldo Sempavor.
Fernando
Rodríguez de Castro el Castellano, había sido uno de
los fieles aliados del rey leonés durante los años de
su intervención en Castilla. Con la entrega de Trujillo, Montánchez,
Santa Cruz y Almofrag Fernando II recompensaba sus servicios, le resarcía
de las pérdidas sufridas en Castilla tras el triunfo de los
Lara y creaba un señorío capaz de oponerse a los posibles
ataques castellanos por esta zona.
En cuanto a la presencia del arzobispo compostelano en Extremadura, se explica por la necesidad de defender la independencia de la Iglesia leonesa. Durante el reinado de Alfonso VII, el obispo compostelano Diego Gelmírez había logrado de Roma la restauración de la sede arzobispal de Mérida, en poder de los musulmanes, y su traslado provisional a Santiago de Compostela. Si se producía la ocupación de Mérida por castellanos o portugueses se podía poner fin al arzobispado compostelano, cuya existencia era necesaria para evitar que las sedes y el clero leonés quedasen sometidos al arzobispo de Toledo o al de Braga, dependientes de los reyes de Castilla y de Portugal, respectivamente. La defensa de la independencia de León, que no sería total mientras otros reyes pudieran intervenir en los asuntos leoneses a través del clero, exigía la conquista de Mérida.
Entre
1173 y 1174, rompiendo la alianza firmada en 1169, el sultán
almohade Abu Yaqub Yusuf, realizó una campaña en la
que León perdió todas las conquistas efectuadas en Extremadura.
A partir de 1176 los reyes de León y Castilla llevaron a cabo
continuas expediciones contra los musulmanes; mientras Fernando II
saqueaba la zona de Jerez de los Caballeros, Alfonso VIII concentraba
sus esfuerzos en la conquista de Cuenca (1177). Pero el rey castellano
tuvo que abandonar la lucha contra los musulmanes para concentrar
sus tropas en la frontera leonesa, donde habían surgido nuevamente
problemas por la posesión de Tierra de Campos: Fernando II
había invadido el reino de Castilla y se había apoderado
de Dueñas y Castrojeriz.
Por estos años, Fernando II contrae matrimonio con la noble gallega Teresa Fernández de Traba, hija del que fuera su preceptor Fernando Pérez de Traba. Pero ninguno de los dos hijos habidos en el matrimonio sobrevivió al padre, pues el segundo de ellos murió, junto a su madre, en el parto, en el año 1180.
Concertada la paz entre Castilla y León en Tordesillas (1181), Alfonso VIII y Fernando II pudieron llevar a cabo nuevas campañas contra los musulmanes: el leonés se apoderó de Yelmes y Alcántara, y aunque tomó Cáceres, en 1184, fue por poco tiempo pues se perdió de nuevo, en el año 1196, frente al emir almohade Yaqub al-Mansur. La ciudad será conquistada definitivamente por Alfonso IX en 1227.
Repoblación fronteriza, ordenación del territorio y donaciones a la Iglesia
El
reinado de Fernando II se caracterizó por la intensa labor
repobladora desarrollada tanto en las tierras fronterizas como en
las zonas costeras y del interior del reino.
Los enfrentamientos con portugueses y castellanos obligaron a Fernando
II a fortificar sus fronteras con ambos reinos. Frente a Castilla,
se establecieron guarniciones en Tierra de Campos, como las de Almansa,
Ferrera, Mansilla, Coyanza, Villalpando, Mayorga, Rueda, Ardón
o Benevente, a la que Fernando II concedió, en 1164, su conocido
fuero. Éste se convertirá en un modelo a aplicar en
otras villas del noroeste leonés y gallego, como La Coruña
(1180) o Mansilla de las Mulas (1181), fortificada por el monarca
para contener el avance castellano por los ríos Cea y Esla.
Las fronteras entre León y Portugal fueron reforzadas en la zona gallega: Castro Mazamud (1168), Salvatierra, Allariz, Lobeira o Tuy, que fue repoblada y dotada de fuero, en 1170, después de que fuese recuperada de manos de Alfonso I de Portugal.
Sin embargo, los intentos de implantar concejos fracasaron ante la negativa de los pobladores libres a instalarse en zonas controladas por señores con atribuciones feudales. Más hacia el sur se repobló Puebla de Sanabria, Ledesma y Ciudad Rodrigo.
Con
la fundación de esta última, en 1161, Fernando II recortó
los límites del poderoso concejo de Salamanca, que quedó
fuertemente molesto por la pérdida de territorio y por la obstrucción
de su vía de penetración en la zona musulmana, en la
que obtenían sus milicias abundante botín.
Fernando II quiso atraerse el apoyo de la Iglesia y lo hizo a través de generosas donaciones y privilegios que permitieron, por otra parte, el desarrollo de una importante actividad artística de la que son buen ejemplo la reforma de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo o las obras de la iglesia de Santiago de Compostela. En 1158, por poner un ejemplo, apenas llegado al trono, confirmó la exención tributaria de los operarios que trabajaban en la construcción de la catedral de Santiago, cuyas obras experimentaron durante este reinado un notable impulso. Así, la conclusión del Pórtico de la Gloria, según la inscripción de su dintel, está fechada el año de la muerte del monarca, en 1188.
Un
año antes de morir, en 1187, Fernando II contrajo matrimonio
con Urraca López de Haro, (?-1226), hija del señor de
Vizcaya, Lope Díaz de Haro, y amante del rey desde 1180. El
nacimiento de Sancho (1186-1220), fruto de esta unión, provocó
la enemistad de la reina con Alfonso, hijo primogénito del
rey leonés, nacido de su primer matrimonio con Urraca de Portugal.
Sin embargo, el fallecimiento del rey Fernando II de León en
Benavente, el 22 de enero de 1188, acabó con la campaña
que Urraca había iniciado contra su hijastro Alfonso a favor
de Sancho, dado el reconocimiento por parte de la mayoría de
la nobleza leonesa de Alfonso IX como nuevo rey de León.
Fernando II fue sepultado en Santiago de Compostela, al igual que sus padres, tal y como había pedido en 1180, cuando concedió a la Iglesia de Santiago los derechos de cancillería, capellanía y sepultura regia meam et sucessorum meorum.