Biografía de Isabel la Católica
Isabel la Católica, uno de los personajes más controvertidos de la historia de España
Isabel
la Católica es uno de los personajes más importantes
de la historia de España. Su biografía y legado han
sido muy controvertidos según la tendencia o ideología
de los historiadores que han analizado su trayectoria.
Para algunos, Isabel de Castilla fue una mujer santa, plena de virtudes políticas y humanas. Para otros, una persona sin escrúpulos.
La azarosa historia de su infancia y juventud hasta que es proclamada reina de Castilla y León ha llenado ríos de tinta y es una fase enormemente interesante por sus intrigas palaciegas.
En la actualidad hay escritas decenas de biografías, novelas históricas e incluso una reciente serie de televisión sobre nuestro personaje.
Isabel vivió una época en que la Edad Media, ya decadente y en crisis desde el siglo XIV, tocaba a su fin y se hacía latente un nuevo orden político y social que será el Renacimiento donde los monarcas atesorarán un gran poder (Absolutismo) en contraste con la debilidad de los siglos bajomedievales.
En
efecto, una e las cosas que Isabel aprendió desde niña
fueron las intrigas e influencias de los nobles en la política
española. Ello motivó uno de sus grandes retos: sojuzgar
a la levantisca nobleza castellana y reafirmar el prestigio de la
corona.
Los hechos más notables de su reinado fueron:
La unión de la Corona de Castilla con la de Aragón tras su matrimonio con Fernando. Esta consolidación, a falta de la anexión futura del Reino de Navarra, establece las bases de la creación del Reino de España, una de las naciones más antiguas de Europa.
El control de la nobleza pendenciera que campaba violentamente por sus tierras desde hacía más de un siglo. Hay que recordar que desde el siglo XIII, los repartimientos que los reyes bajomedievales hicieron a los grandes nobles los habían constituido en enormes poderes señoriales. Este fenómeno se agudizó aún más tras la victoria de Enrique de Trastámara "El de las mercedes" sobre Pedro I, que también reforzó el poder y los dominios de muchos nobles que le siguieron en su causa. Muchas de estas familias nobles se enzarzaron en guerras de banderías entre sí creando desolación y destrucción en el reino de Castilla.
La
conquista del Reino Nazarí de Granada. Desde las conquistas
de Fernando III y Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, la frontera
entre cristianos y musulmanes se había modificado muy poco
por diversas causas. Con este hecho se había finalizado la
reconquista iniciada siete siglos antes.
El descubrimiento de América es uno de los hechos más transcendentes de la historia occidental. Abrió todo un contienen no sólo a España (y Portugal) sino a toda Europa. La participación personal de Isabel en la expedición de Colón es un hecho histórico constatado.
La expulsión de los judíos. Es el hecho más negativo de su biografía, si bien hay que matizar que la mayor parte de los reinos europeos habían expulsado a los judíos un siglo antes, de modo que este hecho en Castilla y Aragón fue el más tardío y, en absoluto, novedoso. Sin embargo, como escribió el historiador Claudio Sánchez Albornoz: "Los españoles no fueron más crueles con los hebreos que los otros pueblos de Europa, pero contra ninguno otro de ellos han sido tan sañudos los historiadores hebreos".
Biografía de Isabel I de Castilla
La azarosa llegada al trono de Castilla
Isabel l de Castilla -La Católica- (Madrigal de las Altas Torres 1451- Medina del Campo 1504) reina de Castilla entre 1474 y 1504, fue la primogénita de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal.
Sin
embargo no lo era para su padre quien casado en primeras nupcias con
María de Aragón, había tenido a Enrique, futuro
Enrique IV, quien ocuparía el trono antes de que lo hiciese
Isabel, quien no estaba destinada a ocuparlo ya que tenía por
delante a éste y a su otro hermano, el más querido,
Alfonso.
Por ello Isabel creció sin mayores preocupaciones en Arévalo junto a su madre y su selecta corte, portugueses todos y su hermano pequeño. Su padre ya había fallecido. Estos primeros años son descritos por los cronistas como felices, lejos de las intrigas palaciegas y los rumores que rodeaban a Enrique IV- hermanastro de Isabel y Alfonso- sobre quien recaía la acusación de cornudo.
Ello
debido a que su esposa, Juana de Portugal, quedó embarazada
cuando era conocido por todos la impotencia del Rey. Así se
decía, por tanto, que Juana, la niña nacida, era de
Beltrán de la Cueva, conde de Ledesma, mayordomo y valido del
rey. Precisamente por eso el sobrenombre que se asignó a la
pequeña Juana fue La Beltraneja. No pareció que los
rumores afectasen a Enrique quien la nombra Princesa de Asturias y
por tanto heredera al trono de Castilla.
A la muerte de su hermano Alfonso, tal vez envenenado, como se rumoreó, Isabel, de tan solo dieciséis años, se declara heredera al trono de Castilla como sucesora de su hermano y por delante de Juana la Beltraneja, retando abierta y conscientemente a Enrique IV quien, como decimos, tenía el puesto reservado a su hija.
Tras
una pequeña reflexión y viendo cómo crecían
las fuerzas contrarias, Isabel decide emprender un camino de entendimiento
con el Rey que concluyó con Los Acuerdos de Guisando el 14
de agosto de 1468. En ellos se acordó que Isabel sería
la única heredera al trono a cambio de no traicionar a su hermanastro,
renunciando a ser reina antes de que éste muriese. Además
sería él mismo el que decidiese con quien casarla.
En este punto Isabel se teme lo peor: era el punto central de la trampa que la quería tender ya que pretendía casarla con Alfonso V de Portugal. Si ésto ocurría, por mucho que fuese heredera, pasaría a ser reina de Portugal y por tanto quedaría lejos de Castilla donde reinaría Juana por medio de otro matrimonio, esta vez con el hijo de Alfonso V, unión que les daría a los jóvenes las coronas de Portugal y Castilla.
Isabel,
no estando de acuerdo con éste último punto, comenzó
negociaciones secretas con el reino de Aragón para contraer
matrimonio con Fernando, hijo y heredero de Juan II, de la misma edad
que la propia Isabel.
Los dos jóvenes se casan en secreto. Con esta unión Isabel incumple su pacto con Enrique quien declara nulos los acuerdos de Guisando y por tanto declara a su hija Juana la heredera al trono.
Esta es la situación cuando muere Enrique IV en 1474 sin haber hecho testamento. Isabel, atendiendo al pacto firmado hace años, se declara reina de Castilla. La guerra civil daba comienzo y es que tanto La Beltraneja como Alfonso V de Portugal no estaban dispuestos a perder tan fácilmente el trono.
Fueron
cinco años de enfrentamientos con los partidarios de Juana
y Portugal, que terminan con la victoria de Isabel y Fernando quienes,
estando cerca del triunfo, firman la concordia de Segovia, determinado
el vínculo a sus reinos así como sus funciones. Será
la paz de Alcaçovas, firmada en septiembre de 1479 con Portugal,
la que vino a terminar con la guerra. Isabel sería la reina
de Castilla.
En el mismo año, 1479, muere Juan II de Aragón por lo que Fernando se convierte en rey de Aragón, Sicilia, Cataluña, Valencia, Baleares y Cerdeña.
Los acontecimientos de su reinado
Siendo soberana, Isabel crea la Inquisición, expulsa a los judíos, apoya a Colón, un marinero que promete nuevas vías comerciales, reconquista Granada, une Castilla con Aragón y pacifica su propio reino, un territorio extensísimo donde tradicionalmente los nobles habían ostentado un poder que chocaba frontalmente con el real. Ella consigue que dichos señores pacifiquen sus constantes pendencias y se sometan al control de la corona.
Éstos
son los hechos más importantes de casi treinta años
de reinado en los que gobernó con gran entereza.
Isabel participó decisivamente en el descubrimiento
de América y la conquista de las Canarias, territorios que
fueron asignados oficialmente a España en el Tratado de Tordesillas,
documento firmado con Portugal que dividía el nuevo mundo en
dos, asignando a cada uno una zona de influencia. Comenzaba a forjarse
el Imperio español. A la Historia le brindaba una fecha capaz
de anunciar una nueva época, la Moderna.
La dimensión humana de Isabel
En
el ámbito privado, Isabel fue madre de cinco hijos: Isabel,
reina de Portugal; Juan, muerto antes de suceder a sus padres; Juana,
reina de Castilla a la muerte de su madre. Fue apodada La loca; María,
esposa del viudo de su hermana Isabel y por tanto reina de Portugal;
Catalina, reina de Inglaterra por su matrimonio con Enrique VIII quien
la repudia, dando lugar a la importante escisión de la religión
católica.
Como puede observase, empero haber dado a luz a tantos hijos y de aparentemente haber conseguido buenos lugares para ellos, su existencia fue desgraciada, navegando entre la muerte y la locura. A pesar de que la reina había diseñado los matrimonios de sus hijos como una perfecta cadena en la que cada eslabón, es decir cada hijo, era parte de una estudiada política exterior que siempre intentaba frenar a Francia, el otro gran reino europeo, por una u otra causa, el intento fracasó, entre otras cosas porque el marido de su hija Juana, Felipe el Hermoso, pactó con los franceses.
En
cuanto a su tiempo, Isabel fue una mujer educada en un exquisito ambiente,
fue preparada en diversas materias, era además piadosa, inteligente,
introvertida pero determinativa. Llegó a juntar una biblioteca
que aún hoy nos puede llamar la atención, muestra de
su profunda preocupación con el Conocimiento y el Saber. Así
lo trasladó a su hijo, de quien tuvo especial cuidado en su
educación, y a todas sus hijas.
En cuanto a las artes, durante su vida y las décadas posteriores se desarrolla el gótico flamígero en Castilla (Gótico Isabelino) y se propicia la entrada del Renacimiento de una forma austera pero rica en matices.
Los últimos años de la Reina fueron tristes, fueron años en los que, con la muerte de sus hijos varones, vio como la dinastía Trastámara, a la que pertenecía, se extinguía. Estaba también cansada, preocupada por todo lo que había conseguido en esos años. A partir de entonces y de forma casi inocente, será la casa de Austria quien reine en España. Pero Isabel no lo verá. Murió el 26 de noviembre de 1504 en Medina del Campo, asolada por la pena.
Aunque en su juventud los Reyes Católicos habían elegido como lugar de enterramiento el Monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo, tras la conquista de Granada cambiaron de opinión y eligieron la ciudad andaluza.
Siguiendo sus deseos, el cuerpo sin vida de Isabel fue trasladado a Granada y fue sepultado provisionalmente en San Francisco de La Alhambra (antigua mezquita), hasta que pudo terminarse la construcción de la Capilla Real de la Catedral de Granada.
Su esposo Fernando, tras su postrera muerte también reposa junto a ella en este lugar, concretamente en el monumento funerario que se encuentra en el crucero de la citada capilla y que es obra del artista italiano Domenico Francelli concluido en 1517.
Sucesión
En
su testamento nombra a su hija Juana sucesora pero poco después
de la muerte de su madre fue encerrada y declarada loca. El reino
pasa a manos de su padre, Fernando y más tarde a su marido
Felipe, el Hermoso. Poco después, el reino, esta vez unido
con Aragón, lo hará a manos de Carlos I, hijo de Juana
y Felipe, nieto de los Reyes Católicos. Fue él quien
por fin trajo la estabilidad y la unidad a las tierras de Isabel y
Fernando, tal como su abuela, la tan querida Católica, había
deseado.
(Coautora del texto del artículo/colaboradora
de ARTEGUIAS:
Ana Molina Reguilón