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Guía del Castillo de Bellver, Palma de Mallorca (Islas Baleares)

Introducción histórica

El Castillo de Bellver es una de las construcciones más singulares y emblemáticas de la historia de Mallorca, destacando por su planta circular, única en España.

Castillo de Bellver

Su historia comienza en el año 1300 por deseo de Jaime II, rey de Mallorca. Para ello este monarca hizo el encargo al arquitecto real Ponç Descoll, aunque finalmente el proyecto fue llevado a cabo por el maestro Pere Salvà.

La fortificación debía desarrollarse en el marco de una planificación de acciones de defensa y como palacio-fortaleza. El nombre de Bellver significa "bonitas vistas", haciendo referencia a su privilegiada ubicación sobre una colina.

Libro: ICONOGRAFÍA Y SIMBOLISMO ROMÁNICOEn efecto, el castillo de Bellver fue concebido como un palacio-fortaleza, combinando las necesidades de residencia real con elementos defensivos. Su diseño gótico de planta perfectamente circular es su rasgo más distintivo, con un patio central también circular y cuatro grandes torres, una de ellas (la Torre Mayor) exenta del cuerpo principal.

La construcción de la estructura principal duró aproximadamente nueve años (hasta 1309), aunque los trabajos de ornamentación se extendieron más tardíamente, terminándose hacia 1311. En la obra trabajaron obreros fijos, mujeres y esclavos del rey. El primer foso que lo rodea no se realizó hasta 1330.

Exterior del Castillo de Bellver

Aunque fue concebido para albergar a la corte real, a partir de 1717, el castillo se transformó principalmente en una prisión militar. A lo largo de los siglos, alojó a numerosos prisioneros, desde soldados enemigos y revolucionarios hasta figuras notables.

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Uno de sus presos más célebres fue el ministro y escritor ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos, quien estuvo recluido entre 1802 y 1808. Otros prisioneros dejaron testimonio de su cautiverio grabando sus nombres y fechas en los muros.

Torre del Homenaje de este castillo

Durante la Guerra de Sucesión, en 1713, se añadieron elementos defensivos como un estrado cubierto, y se realizaron cambios en el acceso del revellín y la barbacana para adaptarlo al desarrollo de la artillería. En un breve periodo a partir de 1821, incluso se utilizó como fábrica de moneda improvisada.

El castillo de Bellver y sus jardines fueron cedidos al Ayuntamiento de Palma en 1931 y ese mismo año fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional.

Arquería de las dos galerías. Bellver

Tras la posguerra de la Guerra Civil Española, el Ayuntamiento retomó los esfuerzos para darle un uso cultural. Se iniciaron reformas en profundidad en 1947, culminando en la inauguración en 1976 del Museo de Historia de la Ciudad de Palma, uso que mantiene en la actualidad.

Vista desde la terraza de este castillo

Arquitectura

Exterior

El Castillo de Bellver es una de las piezas arquitectónicas más singulares de la arquitectura fortificada medieval, no sólo de Mallorca sino de Europa. Su rasgo más llamativo es la planta circular, un diseño extraordinariamente poco habitual en los castillos de su época. Toda su estructura parte de esa decisión geométrica: un gran anillo de muralla que define un volumen compacto y continuo, sin ángulos muertos y con una regularidad que convierte al edificio en una verdadera escultura militar. La curva domina cada elemento -muros, torres, patio interior- y otorga al conjunto una unidad visual difícil de lograr en fortificaciones tradicionales de planta poligonal.

Vista oeste

Esa muralla circular está reforzada por tres torres semicilíndricas adosadas, distribuidas de manera regular. Cada torre amplía el campo visual y defensivo del castillo, y se integra sin rupturas en la superficie curva de la muralla, de modo que nunca aparece la sensación de elemento añadido, sino de una única forma continua.

Torre y foso del castillo mallorquía de Bellver

A diferencia de estas torres integradas, la torre del homenaje está completamente exenta, un volumen cilíndrico independiente unido al cuerpo principal por un puente con arco ojival. Este recurso arquitectónico reforzaba la autonomía estructural de la torre y subraya su papel como núcleo más protegido del conjunto.

Torre del Homenaje

El perímetro del castillo está rodeado por una falsabraga y un foso principal que rodea el cuerpo circular, y un foso propio para la Torre del Homenaje. Este conjunto de fosos secos ejercía una función de aislamiento en coordinación con los taludes o alambores de los muros del castillo principal.

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Loa alambores presentaban la virtud de mejorar la estabilidad estructural y dificultaba a los minadores enemigos la tarea de excavar túneles bajo los cimientos para derribar los muros (zapa). Debido a su ángulo, las piedras y otras armas arrojadas desde las terrazas superiores, chocaban contra el alambor rebotando en trayectoria horizontal hacia los asaltantes que estuvieran en el foso. Pero lo más, importante, los alambores mantenían alejadas las torres de asalto.

Foso y alambor

Interior

En el interior, el espacio sorprende por su elegancia inesperada para un edificio militar. Un patio circular, perfecto como un compás, organiza toda la vida interna del castillo. Alrededor de él discurre una galería de doble piso: en la planta baja se abren arcos de medio punto robustos, mientras que en la planta superior aparecen arcos apuntados que aportan verticalidad y un aire claramente gótico.

Castillo de Bellver: patio de armas

Esta superposición genera un ritmo armónico de arcadas, repite la circularidad del perímetro exterior y proporciona una transición suave entre la severidad militar del exterior y la delicadeza espacial del interior.

Galería del patio de armas de esta fortificación mallorquina

Las estancias del castillo se adaptan a la curva del muro, dando lugar a salas radiales y pasajes que parecen seguir un movimiento centrífugo. Esta distribución concéntrica elimina largos corredores y hace que todas las dependencias confluyan naturalmente en el patio, lo que facilita la orientación y confiere una sensación de orden geométrico poco habitual en las fortalezas medievales.

Galería superior

La luz entra principalmente desde el patio, bañando las galerías y realzando la textura de la piedra arenisca -el marès mallorquín-, un material que permite tallas precisas y superficies suaves y continuas.

En las cubiertas, la presencia de bóvedas de crucería recuerda que el castillo no sólo fue concebido como estructura defensiva, sino también como edificio representativo. Estas bóvedas góticas, apoyadas en muros de gran espesor, distribuyen las cargas hacia los puntos fuertes del perímetro y permiten liberar espacios interiores de una manera técnicamente eficaz y estéticamente refinada.

Bóveda de crucería

Las dependencias interiores son la Capilla de San Marcos, la Sala de Jovellanos, el Salón del Trono, la cocina y las salas habilitadas para la Colección Despuig.

Salón del Trono del Castillo de Bellver

Sobre ellas, el camino de ronda recorre la muralla en un anillo perfecto, ofreciendo un movimiento fluido y sin interrupciones, coherente con la lógica circular del conjunto.

La Colección Despuig

Para entender por qué una colección de estatuaria romana de primer nivel reside en un castillo bajomedieval, hay que trasladarse al siglo XVIII. El cardenal mallorquín Antoni Despuig i Dameto (1745-1813), una de las figuras cumbre de la Ilustración en las islas, residió largas temporadas en Roma. Llevado por el afán coleccionista de la época, promovió y financió excavaciones arqueológicas en la finca de Ariccia (cerca de la Vía Apia Antica) entre 1787 y 1796.

Piezas de la Colección Despuig

De aquellas excavaciones, y de compras a anticuarios romanos, Despuig conformó una colección espectacular de escultura y epigrafía clásica. Las piezas viajaron a Mallorca para decorar los jardines de su posesión en Raixa. Sin embargo, a principios del siglo XX, la colección estuvo a punto de dispersarse y venderse al extranjero por los problemas económicos de sus herederos. Fue la intervención del Ayuntamiento de Palma y de la Societat Arqueològica Lul·liana en 1923 la que salvó el conjunto, instalándolo definitivamente bajo la protección de los muros del castillo de Bellver.

Estatuas romanas (cabezas) de la Colección Despuig

La colección está compuesta principalmente por copias romanas de originales griegos, retratos imperiales, aras y urnas cinerarias de los siglos I al III d.C.

Un aspecto algo desconcertante de la Colección Despuig es que junto a obras completamente originales de la Antigüedad hay otras muchas que son copias realizadas por artistas del siglo XVIII. En la mentalidad de la época: en la Ilustración, una estatua romana a la que le faltaba la nariz, un brazo o el pedestal se consideraba "fea" o "imperfecta". Por ello, el cardenal Despuig contrató a escultores italianos en Roma para que hicieran "restauraciones integradoras". Su trabajo consistía en tallar brazos nuevos, narices, o incluso esculpir un torso completo del siglo XVIII para encajarle encima una cabeza romana auténtica. Además, si a Despuig le gustaba mucho una obra de los Museos Vaticanos que no podía comprar, encargaba una copia exacta.

Escultura romanas de la Colección

Sin embargo, el núcleo de la colección extraído de sus excavaciones en Ariccia (cerca de Roma) está formado por auténticas joyas originales del Imperio Romano. Entre los grupos de obras más importantes del Castillo de Bellver de los que tenemos total certeza arqueológica sobre su autenticidad romana, tenemos:

Las Aras Funerarias y Urnas Cinerarias (Siglos I y II d.C.)

Estas son, irónicamente, las piezas más puras y menos manipuladas de la colección. Como no tenían "brazos ni cabezas" que se pudieran romper, los restauradores del siglo XVIII apenas las tocaron.

Obras concretas: se trata de pequeños altares (aras) y cajas de mármol (urnas) donde los romanos guardaban las cenizas de sus difuntos. Están exquisitamente talladas con motivos originales: bucráneos (cráneos de buey), gruesas guirnaldas de frutas y pájaros picoteando. Son piezas de mármol de Carrara indiscutiblemente talladas en época imperial.

La Epigrafía (Inscripciones Latinas)

Junto a las urnas, las lápidas de piedra con textos en latín son documentos históricos literales que no admiten falsificación moderna.

Obras concretas: destacan varias estelas funerarias dedicadas a libertos (esclavos liberados) y familias patricias de la zona de Ariccia. Los caracteres capitales romanos tallados en estas losas son originales y han sido catalogados en el Corpus Inscriptionum Latinarum (el gran registro mundial de inscripciones romanas).

Cabezas y Retratos Imperiales (El truco de los bustos)

En la Colección Despuig hay numerosos bustos de emperadores, filósofos o patricios. La regla general de autenticidad en estas piezas de la colección es la siguiente: la cabeza es romana, pero los hombros y el pecho suelen ser del siglo XVIII.

Retrato romano del siglo II d.C.

Obras concretas: El museo custodia varias cabezas femeninas de época flavia y antonina (siglo II d.C.). Se trata de obras romanas originales por el intrincado trabajo del cabello. Las damas romanas de esa época usaban peinados con rizos altísimos que los escultores romanos vaciaban usando el trépano. Ese virtuosismo técnico en los rizos es puramente romano. El restaurador italiano del siglo XVIII se limitó a coger esa cabeza romana genuina y pegarla sobre un pedestal moderno de mármol pulido.

Busto de un emperador

Fragmentos de Estatuaria Mitológica

Despuig desenterró restos de una lujosa villa romana que, según la tradición, perteneció a Agatirso (un liberto de la emperatriz Plotina). De allí salieron cuerpos de estatuas de dioses.
Obras concretas: torsos de representaciones de dioses menores, silenos o figuras báquicas (asociadas al vino y al teatro). Aunque a algunas de estas estatuas los italianos les añadieron piernas o brazos de yeso o mármol nuevo para "completarlas", el núcleo central del cuerpo y los ropajes tallados (los pliegues de las togas) son obras maestras de los talleres romanos del siglo I o II d.C.

En general, para distinguir las obras originales romanas de las copias del siglo XVIII hay que fijarse en el color y la textura del mármol. Las partes romanas originales (normalmente las cabezas o los torsos centrales) suelen tener un tono más cálido, ligeramente amarillento o poroso por haber estado enterradas casi dos milenios, mientras que los añadidos del siglo XVIII (narices, pedestales o brazos) suelen ser de un mármol mucho más blanco, liso y brillante.

El Museu d'Història de la Ciutat

Mientras que la planta noble de Bellver resguarda el arte clásico, la planta baja del castillo -originalmente destinada a las dependencias de la tropa, los almacenes y las despensas de abastecimiento- es el hogar del Museu d'Història de la Ciutat. Este museo no es una simple acumulación de objetos, sino un recorrido cronológico que permite entender cómo se superpusieron las distintas capas urbanísticas, defensivas y culturales que dieron forma a la actual Palma.

Museu d'Història de la Ciutat

De la Palmaria romana a la Medina Mayurqa islámica

El museo articula sus salas de forma secuencial. El recorrido comienza con los escasos pero vitales restos de la época talayótica, para dar paso a la fundación de la ciudad romana de Palmaria por Quinto Cecilio Metelo en el 123 a.C. En estas vitrinas destacan cerámicas campanienses, ánforas que atestiguan el intenso comercio mediterráneo y material arqueológico proveniente de ciudades romanas hermanas como Pollentia.

Ánforas romanas del museo de historia de Palma de Mallorca

No obstante, el tejido urbano de Palma no se entiende sin la profunda transformación andalusí. Las salas dedicadas a la Medina Mayurqa (siglos X al XIII) exponen una rica colección de cerámica islámica, brocales de pozo, ataifores decorados en verde y manganeso, y elementos arquitectónicos.

Cerámica andalusí en el Museo de Historia

En una vitrina se encuentra la famosa estatua de piedra que servía como surtidor de la fuente del patio del Brollador del Palacio Real de la Almudaina, de época musulmana. El que se encuentra ahora en la Almudaina es una copia.

León del Palacio de la Almudaina

La Ciutat de Mallorca y el esplendor constructivo medieval

El clímax histórico del museo llega con la conquista cristiana de Jaime I en 1229 y la creación del Reino de Mallorca. En estas salas medievales, la exposición adquiere un carácter marcadamente arquitectónico. Se exhiben maquetas detalladas de la evolución de las murallas de la ciudad (desde la cerca islámica hasta los baluartes renacentistas), claves de bóveda rescatadas de edificios derruidos y una excepcional colección numismática (legado de Lluís Ferbal) que recuerda que el propio castillo funcionó como fábrica de moneda en el siglo XIX.

Artículo escrito por David de la Garma Ramírez | Última actualización: Mayo de 2026.


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