Castillo de Medina del Campo, Valladolid
Introducción
A
unos 50 kilómetros al sur de Valladolid y en pleno corazón
de Castilla, tierra de castillos por excelencia, se yergue majestuosa
la fortaleza de Medina del Campo, uno de los castillos más
fotogénicos de España y que, además, puede enorgullecerse
de haber sido testigo directo de buena parte de los acontecimientos
que definieron el escenario político y social de la Castilla
bajomedieval.
Conocido popularmente como "Castillo de La Mota" por erigirse sobre una breve elevación de terreno o "mota" desde la que se dominan amplísimas panorámicas de las llanuras circundantes, se trata, junto a la no lejana fortaleza de Coca, ya en suelo provincial segoviano, de los dos principales castillos españoles levantados en ladrillo como material principal.
El Castillo de La Mota, tal y como lo vemos hoy en día, no es sino el resultado de una sucesión de distintas intervenciones que fueron sucediéndose desde el siglo XII hasta bien entrada la Edad Moderna, adscribiéndose el grueso del conjunto al siglo XV.
Pese
a llegar a principios del siglo XX en estado de semirruina, en 1904
fue declarado Monumento Nacional, iniciándose desde entonces
una serie de intervenciones de restauración que nos permiten
disfrutar, en la actualidad, de una construcción totalmente
acondicionada, visitable y capaz de acoger los distintos eventos que,
su titular, la Junta de Castilla y León, organiza en sus instalaciones.
Breve aproximación histórica
El actual castillo se levanta en el solar sobre el cual, a buen seguro, se estableció un primer asentamiento poblacional medinense tras la Reconquista cristiana de los valles al sur del Duero. Dicho asentamiento, una vez el peligro musulmán desapareció, fue extendiéndose y desplazándose hacia terrenos más llanos, momento en el cual, el primer Castillo de La Mota pasaría a desempeñar funciones de fortaleza independiente.
Ya
en la Baja Edad Media y aprovechando los restos de una antigua muralla
de origen árabe que protegía la villa primitiva, a finales
del siglo XIII o principios del XIV fueron erigidos los cuatro torreones
que articulan los lienzos sur y oeste del conjunto.
Entrado
el siglo XV y consolidada ya Medina del Campo como una de las ciudades
más relevantes de la Corona de Castilla, la fortaleza de La
Mota fue testigo directo de los enfrentamientos entre los Infantes
de Aragón y Juan II de Castilla, quien, una vez logró
que el castillo quedase bajo su poder, ordenaría el cierre
del recinto por sus costados oriental y septentrional según
diseños de Fernando Carreño y Alonso Niño.
Sería ya durante el reinado de su hijo y sucesor Enrique IV de Castilla cuando sería levantada la majestuosa torre del homenaje del ángulo nororiental, la cual, con sus aproximadamente 40 metros de altura, podía vanagloriarse de ser la torre de castillo más alta de cuantas existían en el Reino de Castilla.
Ya
en tiempos de los Reyes Católicos, y superadas las enésimas
tensiones por la titularidad del castillo, fue levantado el prácticamente
inexpugnable cinturón defensivo externo que, tras el foso,
circunda todo el perímetro de la fortaleza.
Durante la Edad Moderna, el castillo funcionó primero como residencia de Juana la Loca y, a continuación, como prisión de estado, en la cual, llegaron a estar cautivos importantes personajes del momento como, entre otros, Hernando de Pizarro, el Conde Aranda, el valido de Felipe III Rodrigo Calderón, el Duque Fernando de Calabria o César Borgia, éste último, protagonista, según las crónicas, de una casi novelesca huída.
La fortaleza llegó a principios del siglo XX abandonada y en estado semirruinoso, circunstancia que, tras su distinción como Monumento Nacional en 1904, trató de mitigarse mediante una sucesión de intervenciones cuyo magnífico resultado puede contemplarse en la actualidad.
El castillo
La entrada al castillo se realiza a través de un vertiginoso puente levadizo que, atravesando el foso, comunica con el primer cinturón fortificado del conjunto, el cual, abre mediante un arco de medio punto flanqueado por dos potentes torreones cilíndricos almenados.
Esta
primera barbacana o barrera artillera, levantada en tiempos de los
Reyes Católicos, presenta una planta trapezoidal algo irregular
por tener que adaptarse al núcleo principal de la fortificación.
Fue erigida a base de ladrillo rojizo típico de la comarca,
elevándose sus lienzos en talud desde lo más profundo
del foso y contando en su interior, gracias al espesor de sus muros,
con un complejísimo entramado de galerías cuyas únicas
aberturas al exterior se reducen a las saeteras defensivas practicadas
en varios niveles.
Amén de los dos torreones que flanquean y protegen el único ingreso al patio de armas, cuenta esta primera barrera artillera con cinco torreones angulares cilíndricos y almenados, disponiéndose, en el centro de cada uno de los lienzos, pequeños garitones también circulares a modo de husillos almenados.
Rebasado
el umbral del primer cinturón, encontramos el núcleo
propiamente dicho del castillo, configurado mediante el lienzo reaprovechado
de una primera fortaleza preexistente con cuatro torres prismáticas
añadidas en los costados sur y oeste, y el cerramiento llevado
a cabo en tiempos de Juan II y Enrique IV de los sectores oriental
y norte, en cuya intersección, fue erigida la majestuosa torre
del homenaje de la que nos ocuparemos a continuación.
La simple disposición del material constructivo permite, desde el exterior, distinguir ambas fases constructivas ya que, la parte más antigua y reaprovechada de la fortaleza anterior, presenta un aparejo a base de mortero, cal y canto con hiladas de ladrillo en verdugadas; mientras que en los tramos adscribibles a la segunda mitad del siglo XV, se aprecia la una disposición del material típicamente mudéjar.
Hay que recalcar que buena parte de los remates almenados de la caja muraria del castillo, pese a respetar su más que probable configuración original, datarían ya de las distintas reformas acometidas durante el siglo XX.
Superada
la primera barbacana y el puente levadizo, se accede al patio de armas
del castillo, también profundamente restaurado en la pasada
centuria. Presenta una planta cuadrangular definida por galerías
o crujías de dos pisos abiertas al espacio central mediante
arcos apuntados y balconadas adinteladas en tres de sus lados, quedando
destinado el cuarto de los frentes del patio a la espectacular fachada
de acceso a la zona noble.
La portada, vaciado de la que ordenó confeccionar Beatriz Galindo "la Latina" en su homónimo hospital madrileño, fue mandada recolocar en La Mota de Medina del Campo por el Marqués de Lozoya. En ella, pese a su factura típicamente gótica, se advierten perfectamente varias licencias mudejaristas, como el ligero sobrepasamiento del dovelaje del vano de acceso, así como el alfiz que enmarca en conjunto; recursos cuya presencia en tan señera fortificación castellana encontrarían su justificación en la participación documentada de alarifes musulmanes.
El vano de acceso, apuntado y de dovelaje ligeramente sobrepasado, presenta decoración a base de bolas y fórmulas vegetales, quedando flanqueada por sendos escudos nobiliarios de las casas de los Ramírez y los Galindo, otras tantas esculturas de santos, y un precioso conjunto escultórico del abrazo de San Joaquín y Santa Ana bajo un elegante dosel de tracería.
Al
interior, superado el vestíbulo, presidido por una réplica
cartográfica de Juan de la Cosa, llama la atención la
llamada "escalera de honor", de estilo gótico y también
inspirada en la existente en el anteriormente citado hospital madrileño.
En la planta noble, amén del salón principal, destaca
una pequeña estancia abovedada y enriquecida con yeserías
conocida como "peinador de la reina", donde cuenta la tradición
que Juana la Loca pasaba largos ratos a la espera de su esposo.
Al exterior, la zona noble del castillo medinense queda definida por los ya citados cuatro torreones prismáticos reaprovechados de la antigua fortaleza, también caracterizados por la proliferación de saeteras y por su recompuesto almenaje.
Desde la crujía oeste del patio de armas se accede a la capilla conocida como de Santa María del Castillo, obra historicista de inspiración románica que conserva en su interior una interesante colección de obras de pintura y escultura sacra de notable valor.
En el ángulo opuesto a la capilla y ejerciendo altiva protección sobre la puerta de ingreso al recinto, se eleva su fastuosa torre del homenaje, auténtico icono de la fortaleza de La Mota y la más alta de cuantas torres existen y existieron en fortalezas castellanas.
De
planta cuadrada, cobija en sus nada menos que cuarenta metros de altura
cinco niveles de estancias abovedadas, de las cuales, las tres primeras
fueron reconstruidas mientras que las dos superiores se conservan,
pese a su restauración, con su aspecto original.
La estancia del cuarto nivel, de planta cuadrangular, queda rematada por una bonita bóveda octogonal sostenida por trompas, una disposición que se repite en la quinta con la diferencia de que, en este caso, el paso de una superficie cuadrangular a una octogonal se resuelve mediante pechinas.
Queda coronada la torre del homenaje mediante almenas voladas sobre mensuras a modo de modillones, quedando definido el perfil por los husillos cilíndricos también almenados que flanquean los cuatro ángulos de la torre.
En resumen y a modo de conclusión, puede decirse que el castillo de La Mota de Medina del Campo es una de las fortalezas más conocidas de la Península Ibérica. En ella, pese a su erección en un material teóricamente endeble como es el ladrillo, se conjugan perfectamente características propias de la arquitectura tanto militar y señorial.
(Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)