Guía del Castillo de Cuéllar, Segovia
Introducción
Situado
en el punto más elevado de Cuéllar, núcleo
germinal de la hoy populosa villa segoviana crecida ladera abajo,
el conocido como Castillo de los Duques de Alburquerque es una de
las fortificaciones más interesantes de la Corona de Castilla,
tanto por su propio valor artístico en sí mismo, como
por la relevancia de los avatares históricos de los que fue
testigo.
Historia
Sus
orígenes, a tenor de ciertas evidencias arqueológicas,
podrían remontarse como fortificación principal de
la cabeza de Comunidad de Villa y Tierra cuellarana hacia finales
del siglo XI o principios del XII. En los siglos sucesivos, bajo
el patrocinio o al menos el consentimiento regio y siempre con una
finalidad defensiva, consta documentalmente que sería objeto
de varias reformas y ampliaciones.
En 1433 el Castillo de Cuéllar fue cedido por el monarca Juan II al Condestable Álvaro de Luna, quien durante las dos etapas de las que fue su señor (1433-1439 y 1444-1453), iniciaría una serie de obras consistentes en, aprovechando dos lienzos subsistentes de la primitiva muralla, y de la mano del reputado arquitecto Juan Guas, cerrar la fortaleza por sus lados norte y este, además de erigir en la intersección de ambos una Torre del Homenaje.
Tras la muerte del Condestable, el Castillo de Cuéllar pasó de nuevo a tenencia regia, siendo poco después cedido en régimen de señorío por Juan II a su hija y futura reina castellana Isabel la Católica.
Sin embargo, su hermanastro y aún entonces monarca Enrique IV, incumpliendo el testamento de su progenitor y predecesor en el trono, desposeyó a Isabel en 1464 de la fortaleza, siéndole cedida a su valido Don Beltrán de la Cueva como compensación a su renuncia al Maestrazgo de la Orden de Santiago debido a la incomodidad que su nombramiento causó entre los nobles castellanos.
Así,
de la mano de Don Beltrán de la Cueva, la fortaleza quedaría
definitivamente en manos del Ducado de Alburquerque, siendo sometida
de nuevo a diversas intervenciones consistentes en un primer momento
en reforzar el cinturón defensivo por temor a represalias
de las huestes isabelinas y, posteriormente, ya recuperado el favor
real por parte de Don Beltrán, centradas por parte de las
siguientes generaciones del ducado en transformar la construcción
militar en una sofisticada residencia palaciega, para lo cual, se
recurrió a arquitectos de la talla de Hanequin de Bruselas,
Juan de Álava o los Gil de Hontañón.
Ya en plena Edad Moderna, el Ducado de Alburqurque trasladó su residencia principal a Madrid, quedando su fortaleza cuellarana relegada a la función de estancias temporales y de recreo, comenzando así un progresivo proceso de deterioro y degradación.
En el siglo XIX, el castillo sirvió de acuartelamiento durante la Guerra de la Independencia, y ya en el XX, pese a ser declarado Monumento Histórico en 1931, fue utilizado como prisión de presos políticos primero, como sanatorio de tuberculosos después, hasta que, tras unos años de abandono y saqueo, en 1972 fue restaurado y convertido en centro de formación profesional e instituto de educación secundaria. En la actualidad, acoge también el Archivo de la Fundación de la Casa de Alburquerque así como la oficina de turismo de la villa.
Guía del castillo
El
castillo de Cuéllar queda protegido en su perímetro
exterior por un primer recinto compuesto por un foso y una potente
barbacana dotada de torreones, equipamientos cuya construcción
se atribuye a Beltrán de la Cueva como medida de protección
ante posibles ataques de la futura reina Isabel, recién desposeída
de la tenencia de la fortaleza.
El núcleo principal presenta una planta ligeramente rectangular reforzada por torreones angulares, siendo tres de ellos de planta circular, mientras que solo el del vértice suroccidental fue concebido con una planimetría cuadrada.
Al exterior, su fachada más interesante es la orientada al sur, dotada de una elegante galería renacentista en su cuerpo alto fruto de la transformación del edificio de función defensiva-militar a finalidad estrictamente palaciega y residencial.
En el extremo oriental de dicho hastial sur, justo a los pies del único de los torreones cuadrangulares del conjunto, se habilita la entrada principal del castillo, la cual, fue proyectada aprovechando el primitivo ingreso al recinto amurallado, donde aún son apreciables restos anteriores.
Concebida
al más puro estilo mudéjar, presenta un gran arco
de medio punto bajo el que se enmarca el vano de ingreso propiamente
dicho, contando el castillo, además, con una segunda entrada
habilitada en el vértice nordeste accesible tras salvar un
puente levadizo que comunica con un patillo que precede a la zona
palaciega.
A excepción de la sencillísima torre cilíndrica del ángulo noreste, las otras tres torres principales del castillo son la Torre-Puerta del vértice sureste, la única cuadrangular; la conocida como Torreón de Santo Domingo en el suroeste, y la Torre del Homenaje, elevada en la intersección de los muros norte y este.
La Torre de Santo Domingo contaba en origen con tres cuerpos de los que solo los dos inferiores han llegado a nuestros días. Se trataba de una torre de eminente carácter artillero dotada de una sala principal abovedada, capilla y zona de mazmorras.
La Torre-Puerta cuadrangular, además de la propia entrada, alberga en su interior nada menos que seis cámaras que fueron profundamente reformadas una vez que el castillo perdió su funcionalidad militar a favor de un uso residencial.
Es
en esta torre donde la mayoría de expertos suelen situar
el desaparecido Tocador de las Duquesas, estancia reiteradamente
documentada por su suntuosidad y que probablemente se situaría
en el lugar que hoy ocupa el pequeño corredor sobre el arco
de entrada.
Por último, en el ángulo noreste se eleva la Torre del Homenaje, la más alta del castillo y que, en origen, tendría incluso mayor altura. Esta torre, edificada en tiempos de Álvaro de Luna, acoge en su interior una cámara principal abovedada con cuatro nervios, y una superior denominada "Aula Maior" también abovedada aunque, en esta ocasión, con seis nervios.
Ya en el interior, totalmente adaptado en época renacentista a su nueva funcionalidad residencial, las diferentes estancias del castillo quedan articuladas en torno al Patio de Armas, un gran espacio cuadrangular en cuya crujía sur fue levantada una elegantísima galería de dos pisos de sabor clasicista.
Es en este ala sur del conjunto en el que se situaba la zona noble, con su salón de recreo, salón de recepciones y comedor. En el ángulo suroriental, además, se halla la llamada Escalera Real, de carácter monumental y único acceso posible a los pisos altos.
Al oeste del patio se habilitaban los equipamientos domésticos y de servicios; mientras que en la oriental, en su piso bajo se instaló la Armería Grande, considerada durante siglos la más completa de España, y en el cuerpo alto la conocida como "Sala de las Moras".
Así pues, el castillo de Cuéllar, más allá de su dilatadísima historia y gracias a su buen estado de conservación, sirve de ejemplo paradigmático de cómo una primitiva fortaleza de carácter exclusivamente defensivo, es totalmente replanteada para ser adaptada a un uso residencial y señorial.
(Autor del texto del
artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)