Catedral de Saint-Bertrand-de-Comminges, Francia
Introducción
Apenas
a 30 kilómetros de la frontera española desde el Valle
de Arán, la pequeña población de Saint Bertrand
de Comminges (unos 250 habitantes), incluida en la red de los
pueblos más bonitos de Francia "Les Plus Beaux Villages
de France" es uno de los enclaves más visitados de Alto
Garona (Haute-Garonne) tanto por su historia como, sobre todo, por
cómo ha sabido conservar su patrimonio artístico y monumental.
Solar histórico del pueblo cónveno, hacia el siglo I antes de Cristo y debido a su estratégica situación junto a una de las vías más abordables para atravesar los Pirineos, caería la zona en manos del poder de Roma, fundándose una importante ciudad de nombre Lugdunum-Convenarum, conservándose a pie de la ladera un importantísimo yacimiento romano en el que entre otros restos ha aparecido la cimentación de una gran basílica paleocristiana. Y es que esta importante población fue sede episcopal (diócesis de Comminges) desde la legalización de la religión cristiana del siglo IV. Posteriormente sería atacada en los años 409 y 585 durante las distintas oleadas bárbaras.
La primera etapa de esplendor, después de varios siglos oscuros desde el siglo VI d.C., de la diócesis de Comminges tuvo como protagonista a Bertrand de L'Isle, nombrado obispo a finales del siglo XI y a quien se le debe la restauración y revitalización de la sede episcopal a través de, entre otras empresas, la construcción de su gran catedral románica.
Dos siglos después ocuparía la mitra de Comminges otro Bertrand, en este caso Bertrand de Goth (posteriormente Arzobispo de Burdeos y Papa bajo el nombre de Clemente V), quien acometió una importante reforma en la catedral, actualizándola a la estética y técnicas góticas, y convirtiéndola en un más que relevante centro de peregrinación jacobea como ramal de la Vía Tolosana a mayor gloria de su predecesor Bertrand de L'isle (Saint Bertrand), por él canonizado y venerándose allí sus reliquias.
La Catedral de Santa María
La Catedral de Nuestra Señora (Notre-Dame) de Saint Bertrand de Comminges es un importante edificio medieval que fue declarado monumento nacional francés en 1840, mientras que su claustro obtuvo la misma consideración en 1889. Además cuenta con el título de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por encontrarse en una de las vías tradicionales de los Caminos de Santiago de Compostela en Francia.
Fue en origen una construcción románica iniciada en tiempos del citado obispo Bertrand de L'Isle a principios del siglo XII (alrededor de 1100) y profundamente reformada dos siglos después (principios del XIV) por el obispo Bertrand de Goth.
De su primitiva construcción románica se conserva la fachada occidental, con su magnífica portada y la torre campanario a modo de donjon que se construyó sobre los pies de la iglesia (torre-pórtico); el nártex, los arranques de los muros perimetrales de la nave para cuya construcción se aprovechó material de acarreo de los restos de la ciudad romana de Lugdunum-Convenarum; y tres de las cuatro pandas de su famoso claustro.
La radical transformación gótica, iniciada en 1304, renovó por completo la cabecera, dotándola de cinco capillas radiales y otras cuatro (dos por costado) en los tramos rectos presbiteriales. Asimismo, se suprimieron las cubriciones originales románicas y se replantearon nuevas bóvedas de crucería cuatripartita.
El nuevo edificio bajomedieval así reconstruido pertenece al gótico meridional francés, que es de menores dimensiones y más austero que el gran gótico septentrional nacido en la Isla de Francia y su entorno. Tiene varias características:
Durante el propio siglo XIV y en el XV, debido a la popularidad que alcanzó la seo como lugar de veneración de las reliquias de Saint Bertrand, fueron abriéndose nuevas capillas de patrocinio privado, lo que generó al edificio serios problemas de estabilidad que hubieron de resolverse con los potentes contrafuertes (algunos con arbotantes) que vemos hoy en día y que confieren al conjunto casi un aspecto de fortaleza.
Obras muebles
Monumento funerario de Hugo de Castillon
En el interior son varias las piezas muebles de especial relevancia. Uno de ellos es el monumento funerario de mármol blanco de Hugo de Castillon (siglo XIV), obispo que finalizó la ampliación gótica de la catedral a mediados del siglo XIV. Es una de las obras maestras de la escultura funeraria medieval en Francia. Aparece la figura yacente del obispo con mitra y báculo. Los costados incorporan, entre otras, las habituales representaciones del cortejo fúnebre del difunto.
Mausoleo de Saint Bertrand
Otra obra importante del interior es el mausoleo de Saint Bertrand, creado en el siglo XV y diseñado como un gran santuario de piedra con cuatro pilastras en los ángulos que terminan en pináculos, debajo de los cuales se han colocado estatuillas de ángeles. Cuenta con varios registros de pinturas donde se narran acontecimientos de la labor evangelizadora del santo, así como la representación de su canonización.
El coro de los canónigos y el órgano
Igualmente espectacular es el coro de los canónigos con sus 66 sitiales tallados en madera a principios del siglo XVI (1535), así como el órgano, considerado uno de los más valiosos de Francia.
El Tesoro de la catedral
El visitante no ha de perderse el Tesoro de la catedral, que se ha instalado en la que fuera sala capitular, sobre las bóvedas de la galería norte del claustro. Se accede por la capilla superior de Santa Margarita. Se pueden admirar dos magníficas capillas del siglo XV y diversos objetos de arte desde época medieval hasta el siglo XIX. Sobresalen especialmente un báculo del siglo XIII, una mitra del XII que pudo pertenecer al mismísimo San Bertrand, guantes y sandalias bajomedievales, etc.
De gran belleza es el fragmento de tela bordada en el siglo XIV con cinco apóstoles: San Felipe, San Pedro, San Juan, San Mateo y Santiago.
Se exponen también algunas lipsanotecas y relicarios de tamaño mayor elaborados con distintas técnicas y materiales. Se datan entre los siglos XIII y XVII.
Pero posiblemente, la obra más importante es la capa pluvial que donó el papa Clemente V a la catedral. Es una obra de tela bordada por un taller londinense donde se representan animales del bestiario real y fantástico, profetas del Antiguo Testamento y diez pasajes de la Pasión de Cristo.
La portada románica
La portada, abierta en su fachada occidental
y orientada a una gran plaza, dispone un profundo arco de medio
punto que abraza y envuelve un vano adintelado reforzado por una
columna a modo de parteluz sosteniendo la que sin duda es la pieza
más relevante: el tímpano.
Preside la composición una preciosa Adoración de
los Magos (Epifanía) en el que la Virgen, entronizada y
de perfil, sostiene al Niño, coronado recibiendo los presentes
de los Magos. Acompañan a cada figura sus cartelas descriptivas
"Maria Mater" para la Virgen y "Filium Dei"
en el Niño.
Completan la composición cuatro ángeles turiferarios en diferentes posturas adaptándose al marco y la efigie de un obispo, que a buen seguro se trataría de Saint Bertrand, impulsor de la construcción.
Por último, en el dintel e individualizados cada uno de ellos dentro de un arco de medio punto de una arquería de doce, los Apóstoles.
En cuanto a los capiteles, la mayoría son zoomorfos, con representación de fieros leones. En uno del lado izquierdo del espectador se esculpió el castigo a un avaro y en otro a Sansón desquijarando al león.
Otras obras importantes son el mausoleo de Saint Bertrand (siglo XV), el espectacular coro de los canónigos con sus 66 sitiales tallados en madera a principios del siglo XVI (1535), así como el órgano, considerado uno de los más valiosos de Francia.
El claustro
El otro gran elemento que hace de la catedral de Saint Bertrand de Comminges un monumento de ineludible visita para los amantes del románico es su claustro, habilitado al costado sur del edificio y marcadamente condicionado en su planimetría por las particularidades de la orografía, ya que ha de adaptarse al poco espacio que le brinda el espolón rocoso sobre el que se asienta.
Es un claustro especialmente llamativo por su concepción abierta y las preciosas vistas que desde él se contemplan.
De sus cuatro pandas, la norte, única abovedada, fue remodelada entre los siglos XV y XVI, albergando una sala capitular hoy convertida en el tesoro de la catedral, así como un conjunto de tumbas de canónigos y benefactores.
Las pandas oriental y meridional se deben a una reforma acometida entre 1200 y 1251 según reza una inscripción. Presentan arcos de medio punto sobre columnas pareadas. Se aprecian los aires cistercienses que predominan en la época, pues son anicónicos, limitándose a disponer de capiteles vegetales y con varios cesteados.
En la panda oriental vemos una arquería de lo que fue la sala capitular medieval..
La más antigua e interesante es la panda occidental, del siglo XII, que contaba también con su propio acceso independiente desde el exterior. Se estructura a base de arcos de medio punto sobre columnas pareadas y capiteles de cesta doble, algunos de ellos con temas figurativos de gran calidad aunque bastante desgastados.
En uno de ellos aparecen dragones devorando hombres mientras otros clavan sus espadas en las bestias satánicas.
Muy interesante es la cesta dedicada a uno de los momentos más importante del Génesis: el Pecado Original y las ofrendas de Caín y Abel y el posterior fratricidio.
Otros capiteles se centran en el bestiario: búho, gallos y caballos.
Pero el auténtico símbolo de este claustro e incluso de la catedral en su conjunto es el llamado "Pilar de los evangelistas", en el que, sobre una enorme columna de mármol fueron tallados, uno en cada cara, los cuatro evangelistas a modo de estatuas-columna, siendo perfectamente identificables gracias a que dos de ellos sostienen su correspondiente símbolo del Tetramorfos.
(Autor del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé y David de la Garma)