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Crónica e imágenes del Viaje Guiado: Joyas del Arte Paleocristiano y Bizantino en el Adriático. Del 17 al 23 de febrero de 2025

Entre el 17 y el 23 de febrero tuvo lugar la esperadísima primera edición del Viaje Guiado ARTEGUIAS "Joyas del Arte Paleocristiano y Bizantino en el Adriático", un completo recorrido por el nordeste italiano siguiendo los pasos de los últimos emperadores romanos de Occidente y de Oriente, cuyos maestros de obras supieron fusionar maravillosamente la tradición grecorromana, la nueva iconografía cristiana imperante y los estilos paleocristiano y bizantino.

Una de la más esperadas visitas: el corazón de Venecia

Así, el lunes bien temprano nos reunimos en el Aeropuerto Madrid-Barajas rumbo Bolonia, donde nos esperaba nuestro autobús privado para iniciar la ruta. Nuestra primera parada fue la localidad de Classe, a escasos 15 minutos de Rávena. Tras una primera degustación de la célebre comida italiana, nos dirigimos a la serena basílica de San Apolinar, que tuvimos el privilegio de tener para nosotros solos. Gracias a esto, pudimos dedicar más de dos horas a comentar sus mosaicos cargados de profundo simbolismo, muy probablemente alusivos a la Transfiguración. No podemos olvidarnos tampoco de la magnífica colección de sarcófagos de los siglos V-VIII d.C. que alberga, plagados de iconos cristianos como estaurogramas, corderos o crismones, que estudiamos cuidadosamente.

En San Apolinar in Classe

Tras esta primera toma de contacto, y cansados por el madrugón, nos retiramos a nuestro lujoso hotel en Rávena para cenar y descansar.

El martes lo dedicamos por completo a la coqueta ciudad de Rávena, última capital del Imperio Romano de Occidente y sede del Imperio Romano Oriental durante los siglos VI-VIII d.C.

Empezamos la mañana en el Mausoleo de Gala Placidia, probablemente el edificio paleocristiano más importante del mundo, construido como capilla funeraria para esta importante dama a comienzos del siglo V. Su recogido interior está cubierto por coloridos y brillantes mosaicos de alto valor escatológico, creando una atmosfera mística y espiritual.

En Gala Placidia

Justo a su lado se encuentra la incomparable iglesia de San Vital, un clarísimo ejemplo de la grandiosidad y el refinamiento del Imperio Bizantino. Todos quedamos cautivados por su particular arquitectura, sus recubrimientos de mármoles, sus altísimas balaustradas, y por supuesto, por sus detalladísimos mosaicos absidiales de temática cristológica, sin olvidarnos de las archiconocidas representaciones de Justiniano y Teodora. Podríamos habernos pasado el día entero contemplando cada una de sus teselas.

Uno de los momentos cumbre del viaje: San Vitale de Rávena, Italia

Tras un breve descanso para degustar un cappuccino, pudimos visitar la Domus dei Tappeti di Pietra, uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de las últimas décadas. Ubicado bajo la iglesia de Santa Eufemia, se trata de un gran complejo residencial, en uso desde el siglo I al VI d.C., cuyos mosaicos pavimentados, de gran valor decorativo, nos acercan a la vida de las clases privilegiadas de la sociedad bizantina.

Tras una fantástica comida en un céntrico restaurante, iniciamos la jornada de la tarde en el Museo Arciviscovile. Ubicado en el antiguo Palacio Episcopal, alberga en su interior la Capilla de San Andrés, el oratorio privado del obispo de Rávena. Su construcción comienza en el siglo V, mediante planta de cruz griega y recubrimiento de mármoles y mosaicos, entre los que destaca el del Cristo guerrero portando la Cruz y pisando a las fieras. También tuvimos la oportunidad de ver la icónica Cátedra de Marfil de Maximiano, una obra maestra de la eboraria constantinopolitana.

Explicaciones en la Capilla de San Andrés

Después nos acercamos a la Catedral de Rávena, que, si bien en la actualidad es esencialmente barroca, alberga en su interior tres impresionantes sarcófagos romanos con bellísimos bajorrelieves de marcada identidad cristiana. También custodia un bonito ambón, ubicado originalmente en la primitiva Basílica Ursiana, decorado con un bestiario cristológico.

Explicaciones de uno de los sarcófagos de la catedral de Rávena

Como el tiempo jugaba de nuestro lado, fuimos paseando por las animadas calles de Rávena hasta la Basílica de San Francisco, datada en el siglo IX. Nos encontramos en la llamada zona dantesca de la ciudad, un lugar de referencia histórica y cultural.

Esta iglesia, que cuenta con una particular cripta inundada, acogió el funeral del literato en 1321, y justo a sus pies se encuentra el túmulo que guardó sus huesos, así como un cenotafio neoclásico construido en su honor.

Con esto, dimos por terminadas las visitas del día y dispusimos de un buen rato de tiempo libre que empleamos en callejear por el centro histórico, comprar souvenirs o disfrutar de un Aperol Spritz en las populosas terrazas de la Piazza del Popolo.

El miércoles continuamos explorando la ciudad de Rávena. Nuestra primera visita fue el Baptisterio Ortodoxo, construido a mediados del siglo V d.C., como lugar de bautismo para todos aquellos cristianos trinitarios, en oposición a los arrianos. Se trata del ejemplar mejor conservado, con una significativa arquitectura octogonal y una profusa decoración con frescos, estucos y mármoles, así como un evocador mosaico del Bautismo de Cristo en el Jordán.

Cúpula con mosaicos del Baptisterio de Rávena

A media mañana hicimos un alto en el Mercato Coperto, un tradicional mercado de abastos que ha sido restaurado como espacio gastronómico gourmet. Desde allí, continuamos hacia el Museo Nacional, una riquísima institución que recoge obras artísticas desde el periodo romano hasta la Edad Media. Aunque habríamos deseado quedarnos aquí todo el día deambulando por las innumerables salas, nos centramos en las piezas de epigrafía romana, como la estela de Augusto; la escultura y los marfiles bizantinos, o los frescos de la antigua iglesia de Santa Chiara, entre otros.

Llegada la hora de la comida, regresamos al mismo restaurante del día anterior, abierto en exclusiva para nosotros, y cargamos pilas de cara a la tarde.

Como no podía ser de otra forma, visitamos la Basílica de San Apolinar Nuevo, cuya construcción se la debemos a Teodorico, quien lo erigió como capilla palatina de culto arriano en el siglo VI d.C. Frente a su famosísimo mosaico de los Reyes Magos, que se encuentra en excelente estado de conservación, nos tomamos la primera foto de familia del viaje.

En San Apolinar Nuevo de Rávena

A la salida de la misma hay una fantástica tienda de recuerdos a la que dedicamos un buen rato, aprovechando la parada de la tarde.

De paso, nos encontramos con los restos del palacio de Teodorico, según relata una popular leyenda. Nos detuvimos frente a ellos para comentar su veracidad, ya que hoy sabemos que se trata de los vestigios de un antiguo cuerpo de guardia.

Aprovechando la cercanía, pasamos a ver la Basílica de Santa María in Porto. Aunque se trata de un edificio barroco, es clave para entender la historia de Rávena pues es el santuario de su patrona, la Madonna Greca.

De nuevo, disfrutamos de un rato de libre disposición antes de volver al hotel para cenar y descansar.

La mañana del jueves hicimos nuestras últimas visitas en Rávena, ya que no podíamos abandonar la ciudad sin visitar el Mausoleo de Teodorico, una de las construcciones funerarias más famosas de la Antigüedad Tardía. Se trata de un sobrio edificio monolítico de planta decagonal, del que sobresale una imponente cúpula de más de 300 toneladas de peso. Aunque está totalmente vacío en su interior, aún conserva el sarcófago de mármol que acogió los restos del soberano.

Posando delante del Mausoleo de Teodorico

A continuación, visitamos el Baptisterio Arriano, un sencillos edificio octogonal que acogía los bautizos de los ostrogodos. Estos profesaban una fe herética que negaba la naturaleza divina de Cristo. Observamos que en los mosaicos de la cúpula también se representa su Bautismo en el Jordán y una espectacular procesión de apóstoles de inigualable belleza y fuerza expresiva.

Apóstoles del Baptisterio Arriano de Rávena

Antes de irnos, tuvimos tiempo de acercarnos brevemente a la Basílica de San Juan Evangelista, que custodia numerosos fragmentos de mosaicos de principios del siglo XIII.
Con esto, abandonamos esta antiquísima ciudad y pusimos rumbo a Ferrara, para visitar la impresionante Abadía de Pomposa. Se trata de un floreciente monasterio benedictino que llegó a albergar a más de cien monjes, y que fue clave en el desarrollo de la música y la cultura plenomedieval en el nordeste italiano.

Es llamativo su espigado y elegante campanario de casi 50 metros de altura, pero sin duda es su iglesia abacial lo más sobresaliente del conjunto monástico, pues su interior está completamente cubierto por frescos de temática bíblica y hagiográfica. Cuenta también con un bellísimo piso con mosaicos e incrustaciones de mármol.

Foto de familia vespertina en la Abadía de Pomposa

Pasamos la tarde recorriendo el resto de las dependencias monacales: la sala capitular, también pintada al fresco por un discípulo de Giotto; el refectorio, que presenta un ciclo con la vida de San Guido; y el dormitorio, que actualmente acoge el Museo Pomposiano, con obras pictóricas y escultóricas provenientes del complejo y sus alrededores. En este soberbio lugar nos tomamos una nueva foto de grupo.

Tras pasar por los servicios, nos dirigimos a nuestro segundo hotel del viaje, ubicado en la ciudad de Treviso, donde cenaríamos y descansaríamos los siguientes tres días.

Esperábamos el viernes con ansias, pues era el día destinado a la incomparable San Marcos de Venecia. Salimos bien temprano del hotel para embarcarnos en el "Donatelllo", nuestro vaporetto privado que nos llevó por los canales de esta bellísima ciudad. El madrugón bien mereció la pena, pues pudimos recorrer San Marcos sin las habituales mareas de turistas.

Nuestra llegada a San Marcos

Nada más entrar, nos detuvimos en los mosaicos del nártex, que pudimos contemplar con cierta cercanía y desahogo. Una vez en el interior, deambulamos sobrecogidos bajo las cúpulas doradas, hasta llegar a la soberbia Palla d'Oro, el retablo del altar mayor, tan cuajado de gemas que resulta imposible de fotografiar sin reflejos. Finalmente, subimos al Museo, donde pudimos contemplar la famosa cuadriga traída desde el hipódromo de Constantinopla. Desde allí, nos asomamos a la terraza sobre la plaza homónima y dimos rienda suelta a nuestras cámaras fotográficas, haciéndonos incontables selfies frente al Palacio Ducal.

Foto de familia en Venecia

Pronto regresamos al vaporetto, no sin antes participar brevemente de las festividades del carnaval. Nuestro destino era la pequeña isla de Torcello, a donde llegamos tras un delicioso paseo por la laguna veneciana.

Tras una típica comida isleña, nos dirigimos a la Basílica de Santa María Asunta, construida en el 639 por el exarca de Rávena y renovada repetidamente en los siglos posteriores hasta alcanzar el estatus de catedral. Nos interesa especialmente el espectacular mosaico del interior de la fachada occidental, verdaderamente nos dejó sin aliento su profundidad teológica y su delicadeza y detallismo. Especialmente llamativo para nosotros fue la Anástasis o Bajada de Cristo a los infiernos, donde le vemos rompiendo las puertas del Hades para rescatar a Adán, Eva y San Juan Bautista, entre otros.

El célebre mosaico de Santa Asunta de Torcello

Aprovechando la cercanía, entramos en la humilde iglesia de Santa Fosca, que alcanza su aspecto actual en el siglo XII cuando llegan a ella las reliquias de las mártires Fosca y Maura. De nuevo, apreciamos en ella la simbología del octógono, así como un bonito y sencillo nártex arqueado.

Terminadas las visitas, paseamos por la bonita isla, surcada de canales, y compramos algunos souvenirs de la cercana Murano, antes de regresar al vaporetto, y finalmente, al hotel de Treviso.

El sábado por la mañana madrugamos para dirigirnos a la histórica ciudad de Trieste. Afortunadamente, los vientos norteños que suelen asolar la ciudad fueron benévolos y pudimos comentar con tranquilidad su catedral de San Justo Mártir, de marcada herencia romana, así como los restos de una basílica y un propileo anexos. Después de admirar sus dos fantásticos mosaicos con la Theotokos y Cristo con los santos, disfrutamos de un reconfortante café en un coqueto kiosko frente al complejo religioso.

EN la catedral de Trieste

Volvimos a nuestro autobús hacia la ciudad friulana de Aquileia, donde pasaríamos el resto de la tarde. Antes de meternos en materia, disfrutamos de una excelente comida en un conocido restaurante de la localidad y desde allí, caminamos al soberbio complejo basilical designado Patrimonio Mundial de la UNESCO. El magnetismo de Aquileia es innegable. Tras una rápida visita a su baptisterio, entramos y nos vimos absorbidos por sus fabulosos mosaicos del siglo IV, que fotografiamos con detenimiento.

Admirando los mosiacos paleocristianos de la Basílica de Aquilea

Después pasamos a la cripta con frescos, donde nos divertimos con la historia del Santo Hermágoras, y finalmente estudiamos atentamente los interesantes mosaicos zoomorfos, posiblemente gnósticos, de la llamada cripta excavada.

La pco conocida cripta de la Basílica de Aquilea

Tras un rato para café y compras, volvimos a nuestro hotel de Treviso, para cenar y descansar de tan pleno día.

El domingo volvimos a madrugar para visitar la señorial ciudad de Padua, que alberga un preciosísimo conjunto pictórico del Trecento. Nosotros visitamos dos de sus más señeros edificios: la Capilla Scrovegni y el Baptisterio de San Juan.

En la famosa Capilla de los Scrovegni de Padua, Patrimonio Mundial de la Unesco

Divididos en dos grupos y siguiendo un estricto protocolo para preservar la delicada capilla giottesca, nos sumergimos bajo su brillante bóveda azul y no pudimos evitar emocionarnos.

A continuación, y tras un agradable paseo por el centro paduano, llegamos al baptisterio. Es este un lugar sobrecogedor, pues el visitante se siente irremediablemente juzgado por los cientos de rostros que lo contemplan desde las alturas. Sin duda, fue el broche de oro para cerrar un viaje tan cargado de arte como éste.

En el Baptisterio de la Catedral de Padua

Tras el tiempo libre, nos reunimos en un céntrico restaurante para disfrutar de una última comida familiar antes de dirigirnos al aeropuerto. Después de un vuelo sin sobresaltos, llegamos a Madrid antes de lo previsto.

¡Muchas gracias a todos por acompañarnos en esta primera aventura internacional, esperamos veros de nuevo muy pronto!


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