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Crónica e imágenes del Viaje Guiado: Magia Románica en los Valles de Losa y Valdivielso: 31 de julio, 1 y 2 de agosto de 2020

El pasado fin de semana despedimos el mes de julio y dimos la bienvenida a agosto con un viaje guiado ARTEGUIAS de lo más esperado, y es que, bajo el título "Magia Románica en los Valles de Losa y Valdivielso" recorrimos algunos de los parajes más icónicos del románico burgalés.

Como estaba previsto, el viaje partió con una puntualidad digna de agradecer desde la Plaza de Castilla, realizando una parada técnica a la altura de Lerma antes de llegar a nuestro primer destino temático de la ruta: el espectacular paraje de Tobera, compuesto por la ermita de Nuestra Señora de la Hoz, un puente medieval y un encantador humilladero.

Una vez allí, y con las cabras que habitan ese espectacular desfiladero como testigos de excepción, visitamos la portada ya gótica de la ermita, comentamos el puente medieval y dimos un pequeño paseo por los senderos y cascadas que hacen de ese paraje uno de los más mágicos del norte de Burgos.

Desde Tobera, a pocos kilómetros, desembarcamos en la icónica población de Frías, que ostenta el título de ciudad y que puede presumir de ser una de las estampas y postales más recurrentes en cualquier listado de "Pueblos más bonitos de España".

En Frías, tras comer en un céntrico mesón, recorrimos sus pintorescas callejas camino de su enriscado castillo, el cual, además de las preciosas vistas que se aprecian desde sus enhiestos torreones, cuenta con tres ventanales románicos dotados de capiteles de lo más interesantes iconográficamente hablando.

Tras el castillo visitamos la parroquia de San Vicente, de origen románico pero reformada a lo largo de los siglos, tal y como nos explicó su guía-sacristán.

Finalizada la visita al casco urbano pero sin salir de la completísima y monumental Frías, aún nos quedaba un último aliciente por conocer: su espectacular puente medieval sobre el río Ebro, uno de los más largos del país y coronado por una torre en la que se cobraba el pontazgo.

Desde Frías, abandonamos puntualmente el curso del río Ebro para, en el valle del Jerea, asomarnos a los miradores de la preciosa cascada de Pedrosa de Tobalina, que además, dado lo caluroso de la jornada, se encontraba especialmente animada.

Tras tomar en refrigerio en un bar adyacente a la cascada, regresamos al autobús para, a través del valle de Tobalina y con el río Ebro a nuestra vera, dirigirnos a nuestro hotel de Miranda de Ebro para cenar y descansar.

Tras un viernes en el que el paisaje fue el protagonista principal, la jornada del sábado, además de los valores paisajísticos, entramos ya de lleno en contacto con el espectacular románico burgalés, iniciando nuestra ruta nada menos que por San Pantaleón de Losa, icónica ermita levantada sobre una espectacular peña a la que todos nuestros amigos accedieron pese a lo empinado de sus rampas.

En San Pantaleón de Losa, además de deleitarnos con sus alicientes paisajísticos y fotográficos, comentamos con detenimiento la iconografía de sus capiteles interiores, de puertas y ventanas, de enorme simbolismo como es característico del llamado taller "Mena-Villadiego" y que nos acompañaría en algún monumento más del fin de semana.

Tras descender de la Peña Colorada en la que se asienta San Pantaleón, llegamos a Quincoces de Yuso para disfrutar de un merecido refrigerio antes de, continuando por el Valle de Losa, visitar la iglesia de Colina, donde su curiosísima portada románica y algún elemento reaprovechado de su interior causaron sensación entre nuestros acompañantes.

Tras la comida en un restaurante de Medina de Pomar, continuamos nuestra ruta siempre con una temperatura más que envidiable por las ruinas de la iglesia de Bárcena de Pienza, convertidas hoy en cementerio local.

Se trata del antiguo templo parroquial de la aldea que, por su lejanía a las casas y por sus problemas de estabilidad, fue reemplazada por una iglesia más moderna, quedando sus restos (consolidados) en un entorno campestre de lo más bucólico y en el que, si cabe, realzan aún más los capiteles y canecillos que conserva.

Muy cerca de Bárcena, otra de las visitas más especiales de la jornada fue la iglesia de Tabliega, un antiguo monasterio convertido en parroquia y cargado de elementos de interés: capiteles, canecillos que fueron muy comentados, y un interior de lo más armónico cuajado de pinturas murales que, si bien son tardías, sirvieron para hacernos una idea de la estética propia de las iglesias medievales.

Para acabar la tarde y tras una parada técnica en una cafetería de El Ribero, nos adentramos en el espectacular Parque Natural de los Obarenes para visitar la recóndita aldea de San Zadornil, cuya iglesia de San Saturnino, además de una galería porticada bastante atípica por estos lares, conserva una torre románica perfectamente accesible y de gran interés.

La mañana del domingo, también con una temperatura envidiable en comparación con otras zonas del país en los que la noticia era la ola de calor, la dedicamos íntegramente al Valle de Valdivielso, otro de esos valles imprescindibles para cualquier amante del románico.

La primera de las visitas tuvo como escenario otra de las joyas de la corona del fin de semana: el antiguo Monasterio de San Pedro de Tejada, una de esas construcciones en la que cada uno de sus elementos parece haberse puesto de acuerdo para componer una obra perfecta.

Fotogénica desde cualquier ángulo, recorrimos el exterior del templo comentando cada capitel y canecillo al detalle, finalizando en su maravillosa porrada occidental y en su más que armónico interior. En definitiva, una de esas construcciones que es imposible que dejen indiferente a nadie.

A continuación, tras una parada en un pequeño bar de Puente Arenas a la misma vera del Ebro, visitamos una hermana gemela (aunque no tan intacta) de San Pedro de Tejada como es la iglesia de El Almiñé, también cargada de interés y en la que las reformas tardogóticas enmascararon en parte su monumentalidad románica.

Comimos en un centro de turismo rural de la población de Quintana de Valdivielso para, ya de camino a Madrid, realizar una última visita al precioso conjunto monumental que conforman la iglesia de Valdenoceda y el Torreón de los Velasco, un colofón más que perfecto a una jornada y a un fin de semana cargado de emociones y sensaciones.

Muchas gracias a todos y todas por acompañarnos y esperamos volver a vernos muy pronto.


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