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Crónica e imágenes del Viaje Guiado: Grandes Monasterios Desconocidos de Burgos, 22 y 23 de septiembre de 2018

Durante el fin de semana del sábado 22 y domingo 23 de septiembre tuvo lugar la II edición del Viaje Guiado ARTEGUIAS "Monasterios Desconocidos de Burgos", una segunda edición planteada con la intención de que ninguno de nuestros amigos que quedaron sin plaza en la primera allá por abril, se viesen privados de realizar esta fantástica ruta con nosotros.

El grupo posando en la Ermita de Monasterio de Rodilla

Así pues, con una puntualidad digna de agradecer, nuestro autobús partió de la Plaza de Castilla para, tras una parada técnica obligatoria a la altura de Aranda de Duero, llegar a nuestro primer atractivo monumental de la ruta: Gumiel de Izán.

La localidad de Gumiel de Izán es una de las muchas localidades burgalesas que, pese a quedar al lado de una gran artería como es la autovía A-1, resulta una gran desconocida para el gran público ya que son muy pocos los viajeros que se detienen a visitarla.

Llegada el viernes por la mañana del sábado a la Plaza Mayor de Gumiel de Izán con su espectacular iglesia de Gumiel de Izán

Maravillosamente cuidado, Gumiel conserva un interesante conjunto urbano del más puro carácter castellano que tiene su punto culminante en su iglesia parroquial de Santa María; templo gótico de dimensiones auténticamente catedralicias que conserva en su interior, bajo la denominación de "Museo Gomellano" un reseñable conjunto de obras de arte.

De entre todas las piezas custodiadas en la iglesia de Gumiel, destaca el lapidario románico procedente del prácticamente desaparecido Monasterio de San Pedro y en el que resulta más que patente la maestría del taller silense.

Capitel del lapidario de la iglesia de Gumiel de Izán

Prácticamente igual de desconocido o incluso más que Gumiel de Izán es el monasterio cisterciense de Villamayor de los Montes, cuyo claustro e iglesia visitamos con la inmejorable compañía de la Hermana Rocío, religiosa encargada de las visitas y que, con una encantadora sencillez, nos explicó además de las particularidades histórico-artísticas del conjunto, las claves de la vida monacal bajo la regla benedictina cisterciense.

En el claustro del monasterio cisterciense de Villamayor de los Montes

Por supuesto, no podíamos abandonar Villamayor de los Montes sin pasar por la tienda del monasterio, en el que se venden varios tipos de dulces manjares realizados por la propia comunidad monástica.

Ábside principal de la iglesia abacial de Villamayor de los Montes

Tras la comida en Briviesca, iniciamos la jornada de tarde visitando la llamada ermita de Nuestra Señora del Valle de la población de Monasterio de Rodilla; una ermita que, como el propio nombre de la localidad nos revela, es el único resto conservado de un antiguo monasterio románico.

Además de su inigualable fotogenia acentuada con las luces del atardecer, la ermita de Monasterio de Rodilla resulta un auténtico deleite para cualquier aficionado al románico que la visita tanto por su entorno, su equilibrio y la rica escultura monumental que adorna sus canecillos y capiteles.

Ermita de Nuestra Señora del Valle de Monasterio de Rodilla

Desde Monasterio de Rodilla descendimos al encuentro del Camino de Santiago hasta desembocar en el Monasterio de San Juan de Ortega, otro de los grandes cenobios burgaleses quizás en este caso algo más conocido por constituir uno de los enclaves más señeros de la ruta jacobea.

La iglesia del Monasterio de San Juan de Ortega estaba repleto de personas

Visitamos San Juan de Ortega a esta hora de la tarde de una manera totalmente deliberada, ya que nuestra estancia en la zona coincidía con el llamado "fenómeno de la luz equinoccial", un acontecimiento que tiene lugar dos veces al año coincidiendo con el equinoccio y por el cual, a través de una de las ventanas de la iglesia, penetra la luz irradiando directamente sobre el famoso capitel de la Anunciación.

Luz equonocial incidiendo en el capitel de la Anunciación

Finalizado el fenómeno de la luz del que fuimos testigos junto a un grupo de personas allí congregadas, continuamos nuestra visita estrictamente artística al conjunto monacal antes de emprender rumbo al hotel de Briviesca para cenar y descansar.

La jornada dominical la iniciamos en la población de Santa Gadea del Cid, que como Gumiel de Izán y pese a conservar uno de los conjuntos urbanos más interesantes de la provincia, resulta una gran desconocida para el turismo de masas.

En Santa Gadea, tras recorrer sus preciosas callejuelas y atravesar las puertas conservadas de su antigua muralla, nos acercamos en primer lugar a la hoy ermita de la Virgen de las Eras, antigua parroquia del barrio alto y que luce al exterior prácticamente intacta de reformas y aditamentos.

Mañana del domingo: llegando a la Ermita de la Virgen de las Eras

De regreso al casco urbano de Santa Gadea, no podíamos marcharnos de allí sin visitar su iglesia parroquial, edificio tardogótico erigido sobre una construcción anterior y en cuyo interior conserva varias obras e arte que hicieron las delicias de todos los presentes.

Iglesia parroquial de Santa Gadea del Cid

Tras una breve parada técnica en una cafetería de la histórica población de Pancorbo, nos aceramos al antiguo monasterio premostratense de Bugedo de Candepajares, en la actualidad propiedad de los Hermanos de La Salle.

Precisamente de la mano de uno de los hermanos, realizamos un sugestivo recorrido por los elementos medievales llegados a nuestros días, prestando especial interés a la cabecera de la iglesia abacial, de una volumetría y perfección arquitectónica que nos dejó boquiabiertos.

Tras un agradable paseo por los jardines del antiguo cenobio, regresamos al autobús para dirigirnos al centro geográfico de Burgos para comer en un hotel restaurante de Villagonzalo-Pedernales y seguir la ruta.

Para el domingo por la tarde, antes de iniciar nuestro regreso a Madrid, aún nos aguardaban dos agradables sorpresas. La primera de ellas fue el monasterio de San Salvador de Palacios de Benaver, también desconocido para la mayor parte incluso de burgaleses pese a albergar en su interior una de las piezas románicas más sobresalientes de la escultura románica en madera como es el llamado Cristo de los Ojos Grandes.

Ante el Cristo de los Ojos Grandes de Palacios de Benaver

Tras la explicación de la madre abadesa y aún sobrecogidos por la belleza y la eternidad que respira y se desprende de ese Cristo, visitamos la tienda del monasterio antes de dirigirnos a la última de las paradas temáticas del fin de semana: Hormaza.

De discutibles orígenes monacales, la iglesia de Hormaza, coronando su pequeño caserío, se enorgullece de conservar en su portada uno de los escasos calendarios agrícolas llegados a nuestros días en el románico español; un calendario que, como el resto de motivos figurativos de la portada, tuvimos la ocasión de analizar con detenimiento.

Admirando y analizando la escultura de la puerta románica de la iglesia de Hormaza

Finalizadas las visitas y tras la reglamentaria parada técnica en Lerma, llegamos a nuestro destino en Madrid dentro del horario previsto, despidiéndonos hasta futuros viajes. Muchas gracias a todos por lustra maravillosa compañía.


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