Guía de la ermita de San Pedro de Echano, Navarra
La iglesia (hoy ermita) de San Pedro de Echano constituye uno de los hitos principales y de mayor calidad del románico rural navarro.
San Pedro de Echano se encuentra en el término de la población de Olóriz, en la comarca histórica de La Valdorba, a unos 25 kilómetros por carretera de Pamplona.
Históricamente, se sabe de una población medieval llamada Echano que quedó despoblada entre los siglos XIV y XV, cuyos menguados restos (algunos bajos muros semiderruidos y una serie de piedras caídas en el suelo) se ubican a unos trescientos metros al norte de la iglesia que nos ocupa.

Dada la considerable distancia entre el antiguo caserío y la ermita que nos ocupa, parece lógico descartar a San Pedro de Echano como la iglesia parroquial de ese lugar posteriormente despoblado. Su funcionalidad y origen debió ser otro y se han barajado dos posibilidades no excluyentes:
Lo que si parece claro, por deducción, es que esta iglesia perteneció a una persona o institución de cierta relevancia pues no se trata de un templo cualquiera sino de uno de buena arquitectura y mejor escultura.
Lo más probable es que el fundador, un noble de cierta importancia, ejerciera como patrono y organizase una cofradía. Ambos se ocuparían de mantener el edificio y sus posesiones, y nombrarían un abad. La cofradía se reuniría y celebraría sus festividades en la propia iglesia.

Quien más ha estudiado este monumento navarro es Andrés Ortega, que también ha trabajado exitosamente para darla a conocer entre los amantes del arte medieval. Tras una laboriosa investigación, este autor asegura que San Pedro de Echano fue la capilla anexa a un palacio formado por diversas dependencias propiedad del señor del Valle de Orba (Valdorba). Dicho complejo palaciego se cita en un documento del siglo XVI y sus ruinas todavía se conservaban en el siglo XX como demuestra una fotografía aérea realizada en 1931. Por desgracia, en la restauración del edificio que se acometió en el siglo XX estos restos fueron removidos por lo que hoy nada sabemos con certeza de estas dependencias.
Arquitectura
Como veremos, el templo es una construcción realizada completamente con sillería, de una sola y larga nave de tres tramos engarzada a una cabecera con presbiterio y ábside de planta semicircular. Posiblemente, se proyectó con cimborrio sobre falso crucero (en el primer tramo de la nave) pero no existe en la actualidad. El edificio también cuenta con dos puertas y una espadaña.

Tradicionalmente se viene diciendo que su construcción obedece a dos momentos y talleres distintos por la diferencia en el estilo de esculpir entre ambos. El primero se ocuparía del comienzo de las obras: cabecera, muros perimetrales, incluyendo la gran portada norte, y los capiteles del interior. El segundo se ocuparía del abovedamiento y de los canecillos de la cabecera y del alero septentrional.

En un reciente estudio, Juan Antonio Olañeta propone que son tres los talleres que intervinieron en su construcción, como veremos al final de este artículo.
Exterior
La iglesia se encuentra completamente exenta en un pequeño valle rodeado de verdor, lo que la convierte en una auténtica belleza del románico rural navarro. No debemos dejarnos influir por la denominación de "ermita", porque, como veremos, se trata de un notable edificio de considerable tamaño (20 metros de longitud), el más grande la Valdorba junto a la iglesia de Orísoain.

Cabecera y nave
Su ábside semicilíndrico está articulado y reforzado mediante contrafuertes de no excesiva profundidad. En los paños existen tres ventanales de tipo portada, muy grandes y esbeltos, con altas columnas que recogen sendas arquivoltas de baquetón trasdosadas por guardapolvos decorados con bolas. Sus capiteles son vegetales, salvo alguno donde aparecen cabecitas humanas entre volutas.

Los muros laterales de la nave también tienen parecidos contrafuertes a los de la cabecera, coincidiendo con los arcos fajones de la bóveda de medio cañón del interior. En la parte del muro sur, correspondiente al primer tramo de la nave, existe una ventana de iluminación más sencilla que las absidales.
Un rasgo que llama poderosamente la atención de San Pedro de Echano es la existencia de numerosísimos mechinales que sirvieron para encajar los postes horizontales de los andamios. Éstos solían rellenarse con materiales o con el propio tronco de madera cortado, pero aquí han quedado huecos.

Sobre el imafronte hallamos una sencilla pero bonita espadaña. Tiene tres troneras, dos contiguas y la tercera encima. Es probable que sea de fecha posterior a la construcción del templo. Había llegado a nuestra época bastante deteriorada por lo que en los arreglos del pasado siglo se restauró. Debajo, para iluminar el interior del templo, especialmente en los atardeceres, se abrió una aspillera rodeada por un arco dovelado.

Puertas
De manera poco habitual, el ingreso del muro meridional es de una sencillez extrema: sólo un arco de medio punto que cobija un tímpano liso. Tanta simplicidad, sobre todo en comparación con la gran portada septentrional, refuerza la hipótesis de que adosados a la iglesia -en este caso al muro sur- hubiese estancias monacales, comunales o palaciegas.
La puerta norte, sin embargo, se abre a un estrecho pasillo flanqueado por la ladera del valle. Incluso, sabemos que en la restauración se tuvo que desenterrar la parte inferior por estar tapada por sedimentos. Sin embargo, cumplía la función de comunicación con el entorno exterior porque, como hemos conjeturado, la meridional sería empleada para usos domésticos y de enlace entre el templo y otras estancias privadas.

Sorprende que su localización no sea el centro aproximado del muro sino que se encuentre en el tramo más occidental de la nave.
Tiene esta puerta un gran tamaño y bella estructura. Dado su gran desarrollo y abocinamiento hubo de construirse un profundo arimez. La mitad inferior está protagonizada por las jambas y seis columnas acodilladas cuyos capiteles ofrecen temática vegetal, aves apicadas y personajes interactuando entre sí con sus brazos, incluyendo uno que se arrodilla. Se han lanzado diversas hipótesis sobre la iconografía de las citadas cestas pero no es un tema que haya quedado convenientemente aclarado. Además algunos están parcialmente rotos lo que dificulta aún más su correcta interpretación.

Tiene seis arquivoltas de medio punto, guardapolvos, tímpano liso y tres pares de columnas acodilladas en las jambas. Además de diversos motivos geométricos y vegetales, interesan dos de las citadas arquivoltas. La interior tiene una larga serie repetitiva de parejas de aves. La cuarta, contando desde el centro, es la más importante por estar esculpida con una serie de personajes dispuestos radialmente que requiere una cierta profundización en el comentario.
En efecto, pocas puertas del románico rural español
(y por extensión el resto de la iglesia) han gozado de tantos
estudios y merecido tan distintas interpretaciones iconográficas
y simbólicas como ésta que nos ocupa de la iglesia de
San Pedro de Echano. Algunos de los autores que han escrito sobre ella
son: Tomás Biurrun y Sotil, Francisco de Olcoz y Ojer, José
María Yarnoz Orcoyen, Andrés Ortega Alonso, C. Fernández-Ladreda,
J. Martínez de Aguirre, C. J. Martínez Álava, Luis
María de Lojendio, Antonio García Omedes, Juan Antonio
Olañeta, etc.

En la citada arquivolta se observan diversos hombres que se encuentran simulando estar sentados y apoyados sobre el propio bocel de la arquivolta como si fuera una mesa. Muestran una cierta individualización mediante la forma de sus cabellos y barbas. Dos de ellos presentan la curiosidad de ser cojos y tener patas de palo. Muchos de ellos figuran con los brazos levantados, en ocasiones tirando de sus propios cabellos. Por último queda decir que no faltan entre estos personajes algunos músicos que tocan una flauta de pan, un cuerno y quizás tejoletas.
En la clave y las dovelas de próximas aparece un personaje con barba partida y terminada en pronunciados rizos en espiral. A su lado, un rostro que no tiene cuerpo (posiblemente una máscara) y más a la izquierda dos cabezas que continúan debajo del bocel con sólo dos piernas.
Se han buscado referentes a esta forma de ubicar personajes en una portada del románico español. Realmente existen varios pero los más próximos geográficamente son algunos personajes así dispuestos en la Porta Speciosa de la iglesia del monasterio de Leyre (Navarra) y e uno de los arcos de la iglesia de Santa María de Uncastillo (Zaragoza).
Para Andrés Ortega lo que se esculpió en ella es una fiesta popular y de origen pagano promovida y presidida por el noble, señor de la Valdorba, durante el invierno (las Kalendae Januariae). El señor aparecería junto a la clave con cabello largos y barba partida y terminada en pronunciados rizos. A la izquierda del observador (su derecha), el ya citado personaje con dos cabezas y dos piernas sería la divinidad pagana Jano, aludiendo al cambio de año. Entre ambos, la máscara simbolizaría la fiesta de los carnavales invernales donde los aldeanos se disfrazaban y portaban diferentes caretas.
Según esta hipótesis, los personajes que aparecen en los capiteles estarían relacionados con el servicio ofrecido por los vasallos al señor propietario de la tierra, del palacio y de la capilla.

Otro autor ha querido ver en el grupo de los personajes de esta misteriosa arquivolta (recordemos los cojos con pata de palo), un banquete en el que se invita a los más desfavorecidos de la sociedad, en alusión a las palabras del Evangelio sobre el banquete de los pobres. Sin embargo, en toda la representación, no hay rastro de alimentos ni de ningún elemento de la vajilla que permita identificar la escena como un banquete (copas, platos, jarras, etc.).

Un diferente estudioso ha considerado que en esta arquivolta
lo que se muestra es a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis por
sincretización cristianizadora de una celebración celta.
Concretamente, se refiere a las reuniones de bardos en el mundo celta
irlandés. Los bardos eran y son (pues las reuniones se siguen
celebrando hoy día) músicos y poetas -una especie de trovadores-
que se juntan para recitar y cantar sus poemas en competición
por conseguir el galardón al mejor de todos ellos. En Irlanda
este encuentro se llama "La Reunión Anual de Bardos".
La presencia del personaje de dos cabezas y dos piernas serviría para enfatizar que la cultura céltica era de carácter bicéfalo: el poder se concentraba no sólo en una figura sino en dos: por un lado el rey y por otro el druida, asociados al binomio entre la estrella sirio y dios Lug. Para reforzar la hipótesis de los bardos sincretizados como ancianos del Apocalipsis, presupone que en el tímpano liso o perdido existiría un Cristo en Majestad (Parusía del Apocalipsis). Por su parte en los capiteles de la puerta estarían esculpidos pasajes evangélicos relacionados directamente con Jesús.
Los canecillos
Desde el punto de vista de pericia estética, el taller que se ocupó de los canecillos supera al de la puerta. Se trata, como veremos al final de este artículo, del taller del Maestro Leodegarius que trabajó, entre otros lugares, en Sangüesa.
Canecillos vegetales y geométricos
Son numerosos los canecillos formados por hojas vegetales arqueadas de distinta composición, algunas llegando a plegarse formando espirales. Hay uno con cuatro grandes flores de distinto número de pétalos. Otros contienen series de semiesferas. Sin embargo, los más interesante son dos que muestran lazos en complejos bucles sin fin.

Canecillos figurados
Aparecen numerosos animales como serpientes, leones, posiblemente un oso, etc.
Entre los personajes humanos aparecen dos hombres y una mujer exhibiendo sus sexos; músicos con variados instrumentos incluyendo dolios, personas sentadas con las manos apoyadas sobre las rodillas, un personaje con una llave, un contorsionista, etc.

Uno muy interesante muestra una cabeza bestial con cuernos y curvados colmillos devorando dos hombres, que se ha identificado como el dios pagano Baal o lo que es equivalente: una representación demoniaca.

Relacionado con el anterior, pero de posible signo opuesto, es uno de los modillones que muestra la cabeza de un león de cuya boca aflora medio cuerpo de un hombre. Probablemente se trata de la habitual simbolización de la muerte iniciática. Pero lo que complica la interpretación es que de uno de los oídos del hombre sale una serpiente cuya boca termina en el oído del felino y de su opuesto nace otra serpiente que alcanza con su cabeza al humano.

Otro de los canecillos importantes es el que muestra a un hombre barbado, con la frente ancha, alopecia o quizás tonsura. Se encuentra sentado con sus grandes manos sobre las rodillas y lleva ropa orlada con un perlado. Los distintos autores se han ocupado de este personaje y lo han identificado con el comitente de la construcción (el señor del Valle de Orba), el abad, etc. Tampoco habría que descartar la posibilidad de que se tratase del maestro del taller. A partir del siglo XII se va haciendo más habitual que dicho maestro se autorretratase en la obra del que él era coprotagonista.

Interior
El interior del templo se nos aparece como sobrio y elegante, a pesar de que se aprecia que no fue terminado como había sido concebido. El ábside tiene bóveda de cuarto de esfera con apuntamiento y la nave se cubre con bóveda de medio cañón también apuntado con arcos fajones.
Los apoyos de los arcos del tramo siguiente al presbiterio son de gran espesor y tienen semicolumnas. En este tramo, precisamente, aparece adosados los arranques de arcos laterales (como si fueran formeros) que, como en el Santo Cristo de Cataláin, parecen indicar que se planificó la construcción de un cimborrio de iluminación. No sabemos si aconteció la ruina o que el proyecto no llegó a materializarse, pero el caso es que también ese tramo se terminaría cerrándose abovedándolo con medio cañón apuntado.

Son seis las semicolumnas que aparecen en el interior. Sus capiteles ofrecen diversos temas de difícil interpretación iconográfica y simbólica.
Dos son vegetales, imitando las hojas de acanto y las volutas de los capiteles clásicos. Un tercero es similar a los anteriormente descritos pero en sus tres caras vistas hay cabecitas humanas entre volutas. En otro se esculpieron parejas de leones acompañados de cabezas humanas también entre volutas.
Hemos dejado para el final los dos capiteles que consideramos los más interesantes. En uno de ellos aparece un personaje sentado con las manos sobre sus rodillas y es flanqueado por otro dos personajes, uno de ellos arrodillado.
El otro capitel muestra un hombre sentado con un libro y a sus costados sendos leones. Uno de ellos pone su garra sobre este libro y parece avanzar su lengua sobre él. El león opuesto apoya su garra sobre la pierna izquierda del personaje.
Talleres
La mayoría de los autores defienden que hay dos formas distintas de esculpir los relieves figurados en San Pedro de Echano. Los capiteles interiores, los personajes radiales y las aves de la portada norte así como sus capiteles se habrían ejecutado por un taller vinculado al monasterio de Leyre y mucho más lejanamente al Taller del Maestro de las Platerías o de la Puerta Francígena (antes se denominaba Maestro Esteban).
Los canecillos del ábside y del alero del muro norte, sin embargo, muestran evidentes similitudes con los entrelazos, los personajes humanos y los animales que pueblan la gran portada de Santa María la Real de Sangüesa y atribuidos al Taller del Maestro Leodegarius como indica una inscripción.

Sin embargo, para Juan Antonio Olañeta, tras un pormenorizado estudio estilístico de numerosos templos a los dos lados de los Pirineos, no serían dos sino tres talleres. A saber:
(NOTA: Las imágenes de la planta de la iglesia y del interior se usan bajo Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0. Autor/Usuario: Andrés Ortega)