Guía de la ermita de San Martín de Piérnigas, Burgos
La ermita de San Martín se encuentra a poco más de un kilómetro del pueblo de Piérnigas, completamente solitaria sin viviendas cerca, lo que hace pensar que perteneciera a un barrio de esta localidad o a alguna aldea.
En ambos casos, el caserío al que otorgaba función
litúrgica ha desaparecido quedando despoblado.
Hasta la ermita se llega por una estrecha carretera, pero la visita merece
la pena pues como ha sido restaurada recientemente, está muy bien
conservada y luce impecable.

Es un edificio de una nave y cabecera con presbiterio y ábside semicircular y portada en la fachada oeste. Toda la fábrica es de excelente sillería.

Exterior
Lo más destacable del exterior de la ermita de Piérnigas es, sin duda, su aniconismo radical y premeditado junto a una exaltación de las formas angulosas y no redondeadas (como queda en evidencia por los numerosos y potentes contrafuertes que jalonan el edificio). En efecto, los canecillos son de nacela muy poco acentuada; los ventanales y la puerta no tienen columnas ni capiteles, ni siquiera cenefas o impostas decorativas.

Solamente, algunas de sus estructuras quedan rematadas en esquinas aboceladas (suavizadas con cuarto de cilindro) como las arquivoltas de la puerta.

Todo es puramente arquitectónico. Parece una iglesia muy influida por el Císter y las órdenes militares de gran presencia en el románico tardío español. No obstante no hay otros templos así en La Bureba, pues en todos encontramos una mayor o menos presencia escultórica, en algunos casos de gran calidad.

La cabecera tiene presbiterio rectangular y ábside semicircular. Sólo tiene una aspillera de iluminación en el centro del ábside, envuelta en un arco de medio punto. También hay arcos ciegos semejantes a los lados. No hay, por tanto, ventanales de tipo portada.

Encima del arco triunfal se construyó una espadaña que no parece restaurada pues los bordes laterales del muro se encuentran descarnados. Tiene dos pisos de troneras, ambos con dos huecos de campanas cada uno.

Por su parte, el imafronte es la otra parte más vistosa del templo, con la puerta de arquivoltas apuntadas y muy abocinadas que logran un cierto efecto túnel. De nuevo, no hay columnas sino sólo jambas.

Encima hay un óculo de arcos circulares concéntricos y en el centro un vano con forma de cruz griega y círculo central.

Interior
El interior se encuentra completamente abovedado con el tipo de bóvedas que casi siempre ofrece el románico; medio cañón con fajones para la nave, también medio cañón para el presbiterio y cuarto de esfera para el ábside.
Es destacable la conformación del arco triunfal mediante cuatro arquivoltas apuntadas de distinta anchura que caen sobre jambas sin columnas. Puede justificarse tan fuerte estructura por tener que soportar la citada espadaña.
El espacio interior, también masivo y potente gracias a su falta de ornato, sorprende igualmente por su altura.