Ermita de Santa Cecilia de Aguilar de Campoo, Palencia
Introducción
La
villa de Aguilar de Campoo se sitúa en el extremo norte de
la provincia de Palencia, a orillas del río Pisuerga y en
un estratégico emplazamiento junto a una de las principales
vías de comunicación naturales entre la Meseta Castellana
y el Litoral Cantábrico.
De marcada personalidad industrial desde mediados del siglo XX gracias sobre todo a su producción galletera, desde las últimas décadas de la pasada centuria acoge también en su antiguo monasterio premostratense el Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real, habiéndose convertido en el auténtico epicentro cultural de lo que ha sido bautizado como el "País Románico", marca turística que engloba los territorios de los nortes provinciales de Burgos y Palencia junto al sur de Cantabria y que presume de albergar la mayor concentración de iglesias románicas de Europa.
Contexto histórico
Tierras
de repoblación temprana como atestiguan tanto los numerosos
asentamientos eremíticos dispersos por la zona, como sobre
todo el famoso fuero de la cercana población de Brañosera
(año 824), fueron los monarcas Alfonso VII y principalmente
Alfonso VIII quienes dieron el verdadero impulso al Aguilar medieval,
convirtiendo a la villa en cabeza de una extensa merindad y dotándole
de sus equipamientos defensivos y religiosos de los que aún
hoy se conservan importantes restos como son el castillo, el Monasterio
de Santa María la Real, la Colegiata de San Miguel, las ruinas
de la iglesia de San Andrés (hoy cementerio) y, por supuesto,
la antigua iglesia -hoy ermita- de Santa Cecilia.
Los orígenes de Santa Cecilia, asentada en la ladera sureste del castillo son del todo confusos, si bien es cierto que desde mediados del siglo XI en el Testamento de Doña Ofresa aparece fidedignamente citado el barrio de Santa Cecilia de Aguilar.
Por
sus características estilísticas y formales, la mayoría
de especialistas coinciden en encuadrar la construcción de
Santa Cecilia entre la segunda mitad del siglo XII y principios
del XIII, muy probablemente como parroquia de ese citado barrio
homónimo; núcleo germinal de la villa al abrigo del
castillo que, posteriormente, en tiempos de paz, iría expandiéndose
por las mucho más fecundas vegas circundantes al monasterio
de Santa María la Real.
Declarada Monumento Histórico Artístico en 1963, en esa misma década fue sometida a unas obras de restauración centradas principalmente en la consolidación del terreno sobre el que se asienta, el cual, por su notable inestabilidad, ponían al templo en evidente riesgo de derrumbe.
Santa Cecilia de Aguilar
La ermita de Santa Cecilia de Aguilar, en su actual apariencia, es según la mayoría de estudiosos el resultado de tres campañas constructivas: una primera de la segunda mitad del siglo XII en el que el templo se compondría de una sola nave, ábside semicircular y torre adosada al muro sur.
Poco
después, durante la primera mitad del siglo XIII se ampliaría
el espacio eclesial a tres naves, se abriría su nueva portada
meridional y se recrecería la preexistente nave central.
Por último, ya durante la Edad Moderna, se reedificaría el ábside central (seguramente debido a un derrumbe del semicircular preexistente motivado por la citada inestabilidad del terreno), para lo cual, se aprovecharían incluso parte de sus sillares primitivos.
Exterior
Nos
hallamos ante una construcción de tres naves canónicamente
orientadas que rematan en una cabecera de testero recto de la que
tan solo sobresale en planta la central, la cual, como ha quedado
dicho, vendría a sustituir a una primitiva semicircular.
La cabecera correspondiente a la nave norte, no manifestada al exterior en planta, se anima mediante un bonito ventanal de dos arquivoltas de medio punto que descansan sobre columnas acodilladas culminadas en capiteles vegetales relacionados con los existentes en el no lejano monasterio de San Andrés de Arroyo.
En una de las cestas de dicho ventanal, sin embargo, se aprecia una composición figurada en la que un guerrero alancea un animal fantástico, escena esta que se ha revelado de gran interés al aparecer labrado sobre el escudo del guerrero el emblema de la importante familia nobiliaria de los Lara, pudiendo especularse sobre su posible patrocinio o mecenazgo en la construcción del templo.
En
el muro sur se abre su portada principal, realizada durante la ampliación
del siglo XIII siguiendo cánones estéticos andresinos.
Presentada sobre un cuerpo en resalte bajo tejaroz, consta de cuatro
arquivoltas apuntadas y baquetonadas que apean sobre un ábaco
corrido sobre los capiteles, todos ellos de idéntica decoración
a base de carnosas hojas de remates avolutados. Las columnas, acodilladas
y de fuste cilíndrico, se elevan sobre basas dispuestas sobre
un prominente pódium.
Uno de los elementos que confieren personalidad propia a la ermita de Santa Cecilia de Aguilar de Campoo es su campanario, levantado en el ángulo suroriental del edificio justo sobre lo que sería el ábside de la nave sur. Conservado en toda su integridad original, se trata de uno de los mejores exponentes de torres-campanario románicos de la Península Ibérica, presentando además la peculiaridad de contar con columnas entregas en sus aristas angulares.
Consta de un primer cuerpo de gran solidez tan solo horadado por la abertura de alguna aspillera, un segundo cuerpo con un ventanal románico por lienzo, mientras que el superior queda definido, también en cada frente, por vanos ajimezados.
Los huecos de campanas de los cuerpos intermedio y superior de la torre presentan arcos de medio punto sobre columnas acodilladas con capiteles decorados con motivos vegetales, apareciendo en alguna cesta las omnipresentes figuras de arpías y dragones, tan recurrentes en el románico palentino.
Interior
Al
interior, las tres naves (de tres tramos cada una) se separan entre
sí mediante arcos doblados apuntados que descansan sobre
potentes pilares de sección rectangular a los que, por sus
lados mayores, adosan las columnas de los formeros.
El cuerpo de naves cubre mediante una rehecha techumbre a dos aguas que sustituiría su primitiva cubierta también de madera. El tramo recto presbiterial sí conserva su abovedamientos original de cañón apuntado, mientras que el ábside central se resuelve mediante una solución de crucería nervada de carácter tardío.
El arco triunfal de ingreso al presbiterio, doblado y de perfil apuntado, descansa sobre sendos capiteles: el del lado de la epístola vegetal, de finísima traza y recorrido en su ábaco por varias arpías pasantes; y el del lado del evangelio que, sin lugar a dudas, se trata de uno de los capiteles más interesantes del románico palentino.
Representa este capitel el episodio de la Matanza de los Inocentes, apareciendo en una escena corrida a lo largo de sus tres caras visibles cinco soldados ataviados con cota de malla ejecutando otros tantos infantes ante la presencia impotente de sus madres, las cuales, manifiestan su gesto de desconsuelo llevando las manos a sus rostros.
En uno de los ángulos de la cesta es perfectamente reconocible la efigie de Herodes; coronado, vestido con túnica y que mientras con un dedo de su mano izquierda realiza un autoritario ademán que lo identifica como instigador de la escena, con la mano derecha clava su espada en el costado de uno de los inocentes.
Mientras
que estos finísimos capiteles del arco triunfal pertenecen
a un aventajado taller identificado por algunos especialistas con
la misma mano que trabaja en el claustro del Monasterio de Santa
María la Real, el resto de capiteles del templo, si bien
interesantes, no llegan a alcanzar la maestría de los descritos.
En ellos, además de los típicos repertorios geométricos y vegetales a base de acantos, pencas, zarcillos entrelazados y perlados, son visibles varias composiciones figuradas como luchas entre soldados o entre soldados y leones, el tema de la venta de José y, mucho más conocido, el episodio del Sacrificio de Isaac.
En definitiva y a modo de conclusión, la hoy ermita de Santa Cecilia de Aguilar puede ser considerada una de las obras clave del románico del norte provincial palentino, siendo además una de las más conocidas y visitadas al encontrarse perfectamente accesible dentro del casco urbano de la propia villa aguilarense.
(Autor del texto del
artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)