Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Mombuey, Zamora
Introducción histórica
La
localidad de Mombuey se asienta en el extremo norte de la provincia
de Zamora, dentro de la comarca de La Carballeda y a caballo entre
los fértiles valles de Benavente y las mucho más frías
y montañosas tierras de Sanabria.
En
la actualidad Mombuey constituye un lugar de paso obligado para
quienes, desde la Meseta castellana, se dirigen a tierras gallegas;
una vocación caminera que viene de lejos ya que, desde época
medieval, fue también parada recurrente en las rutas de la
trashumancia hacia los fértiles pastos sanabreses.
Además, atraviesa Mombuey el conocido como Camino Sanabrés de Santiago; un ramal secundario que desde la Vía de la Plata a la altura de Moreruela, permitía atajar hasta la ciudad del Apóstol sin necesidad de llegar hasta Astorga pasando por Puebla de Sanabria y la ciudad de Ourense.
En
cualquier caso, las referencias documentales medievales sobre Mombuey
son muy escasas, apareciendo en fecha muy temprana y en relación
a los límites de la Diócesis Bracarensis (actual Braga)
el misterioso topónimo Monte ad Boviam. Ya en 1161 y bajo
la denominación de Monte Boe, aparece mencionado en una donación
al monasterio sanabrés de San Martín de Castañeda.
El
acervo popular tiende a explicar el origen del actual Mombuey en
virtud de la llegada de habitantes procedentes de un asentamiento
cercano de nombre San Martín (del que se conservan algunos
vestigios) que, por algún motivo como pudo ser un incendio,
una inundación o simplemente difícil acceso al agua,
quedó deshabitado.
La línea que en la actualidad cuenta con mayor aceptación pese a no contar con un soporte documental demasiado sólido es la que relaciona el origen de Mombuey y de su iglesia parroquial con una encomienda templaria allí existente; un argumento sostenido por un documento de 1371 en el que el Rey Enrique II cede a Gómez Pérez de Valderrábano las villas de Mombuey, Alcañizes, Tábara y Ayoó "que habían sido de los templarios".
Sea
como fuere, a partir de ese momento Mombuey dejaría de ser
tierra de realengo para convertirse en señorío bajo
el poder primero de la influyente Familia Losada y después
de los Marqueses de Biance, con los cuales, obtendría el
título de villa y el privilegio de celebrar un mercado semanal
concedido por el Consejo de Castilla en tiempos de Carlos III
La iglesia
Bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción y erigida al sur del casco urbano, la iglesia de Mombuey fue declarada Monumento Histórico Artístico en el año 1931.
Presenta
en la actualidad una planta de cruz latina fruto de la profunda
reforma de la que fue objeto entre 1700 y 1723 y que enmascararía
buena parte de su primitiva obra románica. Con posterioridad,
ya en los años finales de la decimonovena centuria, fue levantado
el pórtico norte.
Así
pues, de la primitiva obra medieval tan solo ha llegado a nuestros
días los muros laterales de la nave, en cuyo lado septentrional
se conserva una humilde portada de doble arquivolta dovelada y apuntada;
y la magnífica torre campanario que corona su hastial occidental,
pieza casi única -por algunas de sus características-
en los contextos románicos peninsulares y que ha hecho a
la iglesia de Mombuey digna de figurar en la mayoría de libros
y tratados sobre arte románico.
Se yergue, como señalábamos, en el muro occidental de la iglesia, elevándose sobre un potente basamento ciego de mampostería reforzada con sillares en los ángulos.
Sobre
él, la torre-campanario propiamente dicha presenta una planta
rectangular de unos cuatro por dos metros y medio confeccionada
toda ella a base de un tipo de piedra feldespática de tonalidades
entre verdosas y grises procedente de una cantera cercana perfectamente
documentada. Esta planimetría tan acusadamente rectangular
acentúa aún más si cabe la sensación
de verticalidad.
Consta de un total de tres cuerpos en altura, presentando los dos primeros de ellos en sus laterales norte y sur sendos ventanales abiertos en arco apuntado sobre columnillas rematadas en sencillos capiteles vegetales. Precisamente el vano lateral norte del primer cuerpo, abordable a través de una escalera de mampostería, sirve de acceso a toda la estructura.

A ambos lados mayores, orientados al este y al oeste, los dos primeros cuerpos disponen parejas de arcos también apuntados y moldurados que apean sobre columnas de idéntica naturaleza a los anteriores, desplegándose a la altura de los cimacios de las ventanas del segundo cuerpo una sencilla moldura horizontal que se proyecta por los cuatro lados de la torre.
El
cuerpo superior, destinado a albergar las campanas, abre a sus dos
lados mayores mediante parejas de troneras doveladas ligerísimamente
apuntadas, mientras que al lado menor septentrional fue habilitado
un balcón matacanado desde el que se accede al interior del
chapitel.
Remata
la estructura el citado chapitel pétreo de planos convexos
que acoge dentro de sí una minúscula estancia de probable
funcionalidad defensiva cubierta mediante una bóveda nervada
cuyos nervios, tras cruzarse en la clave componiendo un gracioso
florón, van a descansar a unas sencillas columnas angulares
culminados en capiteles de esquemática traza vegetal.
En
la actualidad los diferentes niveles interiores de la torre se comunican
entre sí mediante una escalera de madera, aunque existen
restos al interior que, casi con total seguridad, confirmarían
la existencia de una primitiva escalera realizada en la misma piedra
que el resto de la estructura.
Más allá de su apariencia y configuración de más que probable naturaleza defensiva, conserva la torre de la iglesia de Mombuey una interesantísima colección de canecillos animando las cornisas este y oeste que marcan la separación entre el tercer cuerpo y el chapitel. Dichos canecillos, al disponerse a una altura tan notable, presentan serias dificultades para su contemplación al detalle de no ser con la ayuda de unos prismáticos o un teleobjetivo fotográfico.
Se
presentan los canes tanto como sustento de una pequeña banda
de arquillos ligeramente volada, como dentro de las propias arcadas;
distinguiéndose además de los habituales repertorios
vegetales, una variada figuración animal (destacable es el
que muestra a un león apresando a una cría de jabalí),
seres fantásticos (dragones, arpías), bustos humanos
en diferentes actitudes, figuras sedentes, etcétera.
Sobre la línea de canecillos, se aprecia una última banda horizontal -esta vez sí recorriendo las cuatro caras de la torre- decorada a base de bolas o perlones, un recurso ornamental que se repite en varias iglesias rurales más del norte zamorano.
Por
último, aislado en la cara este de la torre a la altura del
tercer cuerpo de troneras, llama la atención la presencia
de una figura sobresaliente con forma de bóvido tallada con
extraordinario naturalismo; una pieza muy querida por los habitantes
de la localidad y que, basándose en tradiciones legendarias
locales, justifican su presencia por el decisivo papel que jugó
el buey en el traslado de piedras desde la cantera para la construcción
de la torre.
En el interior, completamente modificado durante las citadas reformas de los siglos XVIII y finales del XIX, apenas se aprecia resto alguno de su primitiva construcción románica. Tan solo una pila bautismal de imprecisa cronología y, mucho más interesantes, una Virgen con el Niño y dos mochetas pétreas decoradas con ángeles recolocadas en una capilla abierta al sur de la nave y que aparecieron ocultas tras un retablo en 1987.
Sobre
el origen de estas tres piezas se ha especulado con la posibilidad
de que procediesen de una portada monumental desaparecida del estilo
de las existentes en Benavente, aunque en ningún caso podría
confirmarse.
La figura de la Virgen aparece sentada con el Niño en su rodilla izquierda sostenido por una mano llamativamente desproporcionada. La otra mano de la Virgen, al igual que la cabeza del Niño, ha desaparecido, aunque es de suponer que sostendría en ella un fruto o una esfera. Pese a su deterioro, conserva parte de su policromía original, y se trata de una de las escasísimas representaciones pétreas de María conservadas en la provincia.
Los
ángeles de las mochetas aparecen con actitud de bendecir
y con una filacteria epigráfica indescifrable uno de ellos,
y con las alas desplegadas y sosteniendo un libro abierto el segundo.
Tanto
en estas figuras aisladas conservadas al interior como en los repertorios
figurados representados en los canecillos que coronan la cornisa
de la torre, es patente la influencia gallega ourensana y compostelana.
(Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)