Guía del Monasterio de Sant Miquel de Fluvià, Girona
Introducción
Sant
Miquel de Fluvià es una localidad y municipio que se ubica
en la comarca gerundense del Alt Empordà.
Se encuentra a sólo 28 metros sobre el nivel del mar y cuenta en la actualidad con algo más de 800 habitantes.
La iglesia románica de Sant Miquel de Fluvià actualmente ejerce la función de templo parroquial de la población pero anteriormente perteneció, como veremos a continuación, a un monasterio benedictino, lo que justifica su monumental tamaño.

En efecto, el cenobio benedictino de Sant Miquel de Fluvià fue impulsado, como otras muchas obras eclesiásticas de la Catalunya Vella, por el célebre abad Oliba allá por el siglo XI, siendo dependiente desde el primer momento de la importante abadía de de Sant Miquel de Cuxà, actualmente en el sur de Francia.

Se sabe que en al año 1045 fue consagrado el terreno donde habría de fundarse el cenobio y que la iglesia fue consagrada en 1066. Por tanto estamos ante una edificación que desde el punto de vista cronológico y artístico pertenecerá al llamado Románico Lombardo como luego veremos.
A comienzos de la duodécima centuria se construyó la monumental torre campanario también lombarda.
San Miquel de Fluvià va a sufrir en primera persona, como toda el territorio circundante, la crisis bélica bajomedieval de Cataluña con varios conflictos que provocarán la necesidad de fortificar el templo con recrecimiento de muros, realización de almenados y la excavación de un foso defensivo perimetral.

Estos acontecimientos violentos abarcarán desde el siglo XIV hasta el XV. Por aquellos años el monarca aragonés Pedro el Ceremonioso se enfrentaba al condado de Empúries, y en el contexto de la Guerra de los Cien años, el conde de Armañac, en plena tregua, reclamaba una compensación económica para mantener a sus tropas. Ante la negativa, los mercenarios comandados por Bernardo de Armañac atacaron y ocuparon el Rosellón y el Ampurdán durante medio año. Se sabe que en 1390 la iglesia del monasterio de Sant Miguel se encontraba en parte derruida por el ataque de estos mercenarios.

Los conflictos no cesaron durante el siglo XV cuando se produjeron las revueltas remensas o la Guerra Civil entre la Diputación del General y la monarquía de Juan II de Aragón. Este último conflicto provocó que a finales del siglo XV las tropas francesas atacaran Sant Miguel de Fluvià.
En 1477 el monasterio fue unido a Sant Pere de Galligants de Girona, junto a Sant Miquel de Cruïlles. Una centuria más tarde, en el siglo XVI, se consumaron algunas intervenciones como la construcción de la portada principal gótica con elementos renacentistas (seguramente sustituyendo a la primitiva románica), que por una inscripción sabemos que fue erigida en 1532.
Es probable que coincidiendo con esta última reforma se construyese el coro gótico y se reparase la bóveda de la nave central convirtiéndola en medio cañón apuntado. Pero la principal agresión sufrida por Sant Miquel de Fluvià, como en tantos lugares de España, fue la exclaustración de los monjes acaecida en el siglo XIX.

En 1931, la iglesia del antiguo Monasterio de Sant Miquel de Fluvià fue declarada monumento histórico artístico de carácter nacional. En los años ochenta del siglo XX gozó de diversas restauraciones. En la actualidad, se conservan en buen estado exclusivamente la iglesia abacial con su soberbio campanario, una pequeña parte del claustro -aunque se conoce perfectamente su trazado original- y restos arqueológicos de algunas dependencias claustrales.
Arquitectura
La iglesia tiene tres naves con transepto destacado en planta y una cabecera de tres ábsides semicirculares. Todo ello está realizado con sillarejos bastante regulares, casi podríamos decir de sillares pequeños, de piedra arenisca de color ocre, salvo el campanario que está realizado con sillería.

Exterior
El ábside central, más profundo y alto que los laterales como es habitual en la arquitectura románica, presenta arquillos en la cornisa seguidos de lesenas lo que lo adscribe claramente al románico lombardo o lombardista tan presente en Cataluña.

Sin embargo, los aires nuevos del románico internacional se conjugan con lo lombardo en los tres ventanales centrales de los cinco que hay en el hemiciclo del ábside principal que son de tipo portada, con arquivolta baquetonada sobre pareja de columnillas con capiteles que muestran aves bebiendo de un cáliz. De ser estos ventanales de la fecha de consagración -y no de una reforma posterior- estaríamos ante una de las primeras manifestaciones de escultura monumental en el románico español.

En esta misma línea, tenemos que los arquillos de su cornisa terminan en ménsulas esculpidas con cabezas humanas (algunas sacando la lengua) y también de animales.

Los absidiolos laterales son más puros lombardos porque sólo tienen arcos y lesenas, además de una sencilla aspillera para iluminar el interior.

Llaman la atención los numerosos y grandes mechinales que tiene toda la superficie de la cabecera de Sant Miquel de Fluvià.
Por encima del ábside principal de esta cabecera románica se construyó un muro almenado de mampostería durante la fortificación del cenobio del siglo XV, que es la responsable del aspecto un tanto extraño del conjunto.

El muro septentrional del templo es liso con la única salvedad de las almenas añadidas al final de la Edad Media. Pero en la esquina nordeste, junto al brazo septentrional del transepto, se levanta una magnífica torre campanario de gran anchura y considerable altura. En principio estaba exenta, a un metro aproximadamente de los muros del templo, aunque ahora ese hueco ya no existe.

Tiene planta cuadrada y está construida con sillería y salvo el cuerpo inferior, el resto -salvo en el costado meridional- se abre con superpuestos dobles vanos en cada cara con las habituales franjas de esquinillas como división de los cuerpos, además de arquillos y lesenas y parteluces a modo de columnas con capiteles de zapata.

Todo en este espectacular campanario ofrece una madura pero depurada estética lombarda propia del siglo XII. El cuerpo superior sin vanos corresponde al recrecimiento realizado en el siglo XVI y conserva restos de matacanes.
Igualmente, la fachada occidental de la iglesia también ha sufrido transformaciones. De época románica sólo se conservan los dos estrechos ventanales de los lados. Como consecuencia del ataque de los Armagnacs en 1390, la parte superior se desplomó. A finales de la Edad Media se reconstruyó dándole un remate horizontal y se añadió un matacán del que quedan algunos restos. Ya en el siglo XVI se hizo la puerta gótica.
El resultado de estos avatares es que dicho imafronte es de gran sobriedad. Desde el punto de vista arquitectónico y artístico, sólo tenemos la puerta de ingreso, las dos sencillas aspilleras que sirven para mejorar la iluminación de las naves laterales y un pequeño óculo en el centro para que entre luz en la nave central.

La portada, como ya indicamos, es una sencilla puerta gótica de finas arquivoltas apuntadas de boceles y escocias y chambrana conopial, que rodean un tímpano liso y un dintel con la inscripción que la fecha en 1532. La citada inscripción dice:
SATIABOR CUM APPAREVIT GLORIA TUA / M.D.XXXII
Que significa:
ESTARÉ SATISFECHO CUANDO APAREZCA TU GLORIA. AÑO 1532
Los apoyos son finísima columnas cuyos capiteles llevan cabezas y alas de ángeles a modo de putti renacentistas. La ménsula derecha de la que sale la chambrana lleva el escudo del Abad Antoni Aparici que se orna con una estrella de cinco puntas y tres coronas, en alusión al pasaje de la Adoración de los Reyes Magos.

A la derecha de esta puerta hay encastrada una lápida de 1315 en memoria del difunto Pere Benet, alcalde del pueblo.
En el muro meridional hay una pequeña puerta que tiene la particularidad de contar con un dintel y un tímpano formado por sillares menudos formando una red de rombos.

Interior
La sobriedad, incluso cierta rudeza del exterior, se convierte en elegancia cuando entramos en el interior, especialmente al contemplar su ábside principal.

Como indicamos, la iglesia del monasterio de Sant Miquel de Fluvià tiene tres naves de desigual altura, transepto y cabecera triabsidal. Los arcos formeros que separan las naves son de medio punto y se apoyan en recios pilares con delgadas columnas entregas. La nave principal se cubría con medio cañón, de la que sólo queda el primer tramo próximo a la nave.

El resto de tramos hacia los pies es apuntado porque debieron ser reconstruidas tras un desplome. Las naves laterales, sin embargo, tienen bóvedas de cuarto de cañón. Por su parte, todo el transepto, incluyendo el espacio cuadrado del crucero se cubre con bóvedas de medio cañón.
Lo más hermoso del interior es, sin duda, el ábside central con sus bóvedas típicamente románicas y el interior del hemiciclo con arcos murales que trasdosan los ventanales y que caen sobre elegantes columnas adosadas al muro oriental, formula sencilla pero siempre efectiva desde el punto de vista estético. Sin embargo, los muros de los ábsides laterales son lisos.

En cuanto al abovedamiento de esta cabecera, presenta los habituales en el románico: medio cañón para los espacios presbiteriales y de horno o cuarto de esfera para los ábsides.

Los capiteles del arco triunfal, transepto y naves son de canon pequeño y están tallados a bajorrelieve, mostrando un aspecto de gran antigüedad. Iconográficamente, la mayoría combina temas vegetales y geométricos, pero también aparecen algunas cabezas de animales y figuras humanas.

La parte inferior de las cestas se aprovechan casi siempre para representar vegetación, mientras que los personajes, cabezas humanas y de animales se sitúan en el extremo superior acompañados de volutas. Los ábacos son de diversos tipos. Los hay lisos, pero también tenemos otros decorados con motivos vegetales. Hay varios de ellos con ajedrezado.

En el interior también se conserva una pila bautismal románica
de formas muy básicas.
Restos del claustro
Durante quince años se estuvieron haciendo cuidadosas obras de restauración en el espacio meridional anejo a la iglesia con el fin de recuperar lo que fuera posible del claustro monástico románico. Dicho trabajo se llevó a cabo entre los años 2007 y 2020 y han sido inauguradas en 2022.

La financiación de este reciente proyecto ha corrido a cargo de la Diputación de Girona y a la iniciativa del Ayuntamiento de Sant Miquel de Fluvià.

Se ha recuperado gran parte del podio sobre el que se levantaban las estructuras superiores, un pilar esquinero, un arco de medio punto y tres columnas. Una de ellas tiene un capitel que muestra una nereida de doble cola en cada cara, que parece inspirarse en el célebre capitel del claustro gerundense de Sant Pere de Galligants.

Este claustro del siglo XII sufrió una importante agresión en el siglo XIV con la construcción de un foso defensivo alrededor de la iglesia.