Monasterio de Santa María de Lluçà, Barcelona
Lluçà es un municipio de la comarca de Lluçanès, Osona, al norte de la provincia de Barcelona. Se encuentra a unos 750 metros sobre el nivel del mar y tiene censados 280 habitantes.
En Lluçà tenemos el muy interesante monasterio de Santa Maria de Lluçà, monumento románico de valor por los numerosos elementos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos que atesora. Ha sido declarado Bien de Interés Cultural con Categoría de Monumento Histórico en el año 2000.

Durante la Alta Edad Media se construyó en este lugar un castillo que se hallaba en posición fronteriza con Al-Andalus. Los señores de este castillo edificaron en el siglo X la iglesia de planta circular de San Vicente, todavía visible, y la iglesia de Santa María de Lluçà, aislada en el valle en el suroeste del castillo.

La iglesia adquirió importancia en la comarca y en el siglo XII se decidió establecer en ella una comunidad de canónigos regulares de San Agustín, como la no muy lejana canónica de Sant Jaume de Frontanyà.

Posiblemente este monasterio se fundó hacia el 1154 y fue el primer prior Pere de Sagàs (1168-1185), siguiendo la regla de San Agustín. Para consolidarse, en 1192 se puso el priorato de Lluçà bajo la protección del monasterio también agustiniano de l'Estany.

El mayor auge del Monasterio de Santa María de Lluçà se va a producir durante los siglos XII y XIII, decayendo a partir del XIV y XV. Precisamente en este siglo se van a producir dos terremotos en Cataluña que afectaron al campanario, a la bóveda de la nave y a la fachada de la iglesia.
En 1592 fue secularizado, como todas las canónicas regulares de Cataluña, por el Papa Clemente VIII, pasando a depender de los canónigos de la catedral de Barcelona.
En el siglo XVII se convierte en santuario mariano
y se llevan a cabo nuevas obras, como la construcción de un
nuevo campanario, la remodelación de la fachada, una nueva
sacristía, etc. Más tarde, en el siglo XVIII se decora
la iglesia siguiendo el estilo barroco y se eleva un segundo piso
en el claustro que fue suprimido en las obras de restauración
de 1967.
A partir de la Desamortización pasó a prestar servicio
como parroquia rural, sin dependencia de Barcelona.

Durante la Guerra Civil Española quedaron dañados los bienes mueble del interior pero la arquitectura del edificio no sufrió daños importantes. Cuando después de la contienda se inician las restauraciones se produce el descubrimiento de las pinturas murales góticas de las que luego nos ocuparemos.
En la actualidad, Santa Maria de Lluçà ejerce la función de iglesia parroquial.

Arquitectura
Exterior
Iglesia
La iglesia es un edificio románico del siglo XII que ha sufrido las ya citadas ruinas y reconstrucciones. Tiene forma de cruz latina de una nave y transepto cuyos brazos finalizaban en estructuras absidadas de planta semicircular. Tras la reforma del siglo XVIII en que el brazo norte del transepto se remató en muro recto, sólo queda la del sur.
El ábside principal -el oriental- de la iglesia es de una gran austeridad, completamente liso, construido con sillares, muchos de los cuales se aprecia que son repuestos. Sólo se abre un ventanal sin columnas en el centro.

El campanario que también se desplomó en uno de los citados terremotos fue rehecho en estilo barroco. Se encuentra adosado al muro septentrional de la nave. Es de planta cuadrada y de tres pisos, el último con cuatro troneras para las campanas.
La fachada de la iglesia está completamente reconstruida en época moderna, pero hay que fijarse en los herrajes medievales de la puerta. Su dibujo es a base de vástagos que se bifurcan a ambos lados mediante espirales.

Interior
La bóveda de medio cañón apuntado que cubre actualmente la nave data de la reconstrucción posterior al hundimiento de la original durante los terremotos del siglo XV que afectaron a Cataluña.

En el Museo Episcopal de Vic se conserva el frontal del altar de madera policromada procedente de la iglesia de Santa Maria de Lluçà. Es de la segunda mitad del siglo XIII. La iconografía de este antipendio está dedicada a la Virgen. También está expuesta en el Museo de Vic una cruz de madera policromada de la misma época. Lo que vemos ahora en la iglesia son réplicas.

En el extremo de los pies existían pinturas murales góticas del siglo XIV que fueron desplazadas al museo anexo.
Claustro
Uno de los aspectos de máximo interés es que Santa Maria de Lluçà conserva el recoleto claustro de los canónigos de estilo románico y que se suele datar, como la iglesia, en el siglo XII.

Tiene una planta extraordinariamente irregular -romboidal- y las pandas se comunican con el pequeño patio mediante arquerías con un total de dieciocho arcos de medio punto que caen sobre columnas exentas que se apoyan en un bajo podio.

Los capiteles son vegetales y zoomorfos y su estilo está emparentado con la primitiva ala románica del claustro de Ripoll, hecha en tiempo del abad Ramon de Berga, en 1172-1206, por lo que se piensa que fue construido, apenas terminada la iglesia, por algún escultor de la escuela de Ripoll.

Como decíamos, los grandes protagonistas del claustro del Monasterio de Santa María de Lluçà son, si duda, los animales del bestiario real y fantástico habituales en la escultura románica.

Encontramos en sus capiteles águilas de alas explayadas, cuadrúpedos cabeza abajo, combates entre aves y leones, grifos afrontados, etc. También observamos en uno de los capiteles, personajes humanos en cuclillas sujetando con sus manos unos tallos vegetales en disposición simétrica.

También conviene fijarse en los cimacios de dichos capiteles que se hallan elegantemente tallados con relieves vegetales y geométricos.

Pinturas murales góticas y el museo
En 1954, bajo una capa de cal y pintura, fueron descubiertas unas pinturas murales góticas del siglo XIV, que decoraban el bajocoro y la parte anterior del coro de la iglesia. En la actualidad podemos disfrutar de ellas en un pequeño museo, puesto que fueron arrancadas y trasladadas.

En diversos espacios de estas pinturas se aprecian escudos de la familia Serra. Hay que tener en cuenta que un tal Ponç sa Serra fue prior del monasterio entre el 1348 y 1372, lo que hace pensar que la realización de la obra tuviera alguna relación con él. Además esta época corresponde al periodo de pleno esplendor del monasterio.

Se trata de nueve fragmentos. Uno de los más
importantes está constituido por un Cristo en Majestad que
lleva la esfera del universo en su mano derecha y está rodeado
del Tetramorfos.
Otro fragmento se ocupa de diferentes pasajes del Nuevo Testamento,
desde el Ciclo de la Natividad hasta Pentecostés.
Muy interesante es el fragmento que relata momentos de la vida de San Agustín, como el episodio en que el santo de joven es acompañado por su madre Santa Mónica que ruega a Dios por la conversión de su hijo.