Monasterio de Santa María de Palazuelos (Valladolid)
El
Monasterio de Palazuelos es uno de los grandes
desconocidos del románico cisterciense español.
No es de extrañar que así sea pues, en general, el románico de Valladolid es el más olvidado de todas las provincias de Castilla y León.
Si bien es cierto que Valladolid no atesora, ni en número ni en calidad, tantos restos románicos como otras provincias limítrofes del estilo de Palencia, Burgos o Segovia, sin embargo, ofrece buenas sorpresas a quienes se decidan a adentrarse en él.

Pues bien, el Monasterio cisterciense de Santa María de Palazuelos es un buen ejemplo de estas agradables sorpresas.
En efecto, el monasterio de Santa María de Palazuelos fue un importante monasterio cisterciense del primer tercio del siglo XIII, situado en el valle del río Pisuerga, cerca de la orilla derecha, en lo que fue la villa de Palazuelos, hoy despoblada, entre los términos municipales de Corcos del Valle y Cabezón de Pisuerga, al noreste de la provincia de Valladolid, muy cerca del límite con la provincia de Palencia.
Orígenes y Fundación
El origen del monasterio se remonta a un antiguo cenobio benedictino llamado San Andrés de Valbení, documentado desde 1063. Este monasterio benedictino entró en decadencia en la segunda mitad del siglo XII. En 1165, el rey Alfonso VIII intervino para restaurar la casa, confiando la gestión al caballero Diego Martínez.

Sin embargo, la verdadera transformación llegó con Alfonso Téllez de Meneses, noble que en 1213 recibió del rey Alfonso VIII la villa de Palazuelos como agradecimiento a sus servicios en la victoria de la batalla de Las Navas de Tolosa. Alfonso Téllez de Meneses donó estos terrenos al cenobio cisterciense de San Martín de Valvení, con la condición de que la comunidad monástica se trasladara a Palazuelos y levantase un nuevo monasterio.
La nueva abadía cisterciense comenzó a construirse en torno a 1216, logrando una obra arquitectónica que combinaba elementos románicos y góticos. En 1226 se consagró el altar mayor de la iglesia, y para 1254 la comunidad de monjes se trasladó definitivamente a este nuevo complejo. La lápida que certifica esta consagración aún se conserva, evidenciando la antigüedad del templo.

Arquitectónicamente, el monasterio de Palazuelos se destacó como un complejo muy monumental y llegó a ocupar una posición importante dentro de la orden cisterciense, llegando a ser considerada la "Cabeza del Císter en Castilla". Durante los siglos XIII y XIV asumió un papel espiritual y político relevante, siendo el lugar donde se celebraron capítulos generales de la Congregación Cisterciense de Castilla a partir del siglo XVI. Asimismo, se estableció un colegio para el estudio de la teología, con una actividad académica importante reflejada en documentos disciplinarios, textos y gastos.

El monasterio también fue panteón familiar de la familia Meneses, con sepulcros del siglo XIII y XIV que todavía pueden apreciarse en las ruinas del templo abacial. Por otro lado, fue escenario de hechos históricos relevantes, como los "Acuerdos de Palazuelos" de 1313, en los que los concejos de Castilla se reunieron para establecer pactos y acuerdos importantes para la época.
A lo largo de los siglos XV y XVI, el monasterio comenzó a enfrentar dificultades. La reducción de donaciones, conflictos políticos entre nobles y la monarquía, así como condiciones climáticas adversas afectaron su prosperidad. En 1444, gran parte de las propiedades y la explotación se transfirieron a manos de Pedro Acuña, señalando una pérdida importante del control monástico sobre sus tierras.
Durante el siglo XVI, ante luchas internas y crisis administrativas, Palazuelos se integró en la Congregación de Castilla, cambiando su función hacia la educación teológica y la sede de los capítulos generales.

La exclaustración definitiva llegó en 1835, durante la Desamortización de Mendizábal, que supuso la subasta y pérdida de las propiedades monásticas. A partir de entonces, el monasterio fue abandonado, transformándose en una granja en el siglo XIX.
La iglesia del monasterio subsistió como templo parroquial dependiente del arzobispado y fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931.

Lamentablemente, en 1998, una de las bóvedas de la iglesia y un pilar de sustentación se desplomaron, arrastrando consigo la primitiva espadaña.
Tras este desastre, la Junta de Castilla y León se hizo cargo de las primeras actuaciones urgentes entre 1998 y 1999 dentro del Plan de Emergencias para evitar un colapso mayor. También se llevaron a cabo otras reparaciones urgentes en cubiertas y dependencias para frenar el deterioro.

No obstante, el estado general del monasterio siguió siendo muy precario durante años. Entre 2012 y 2013, gracias a los esfuerzos de la Asociación Amigos de Palazuelos, el pueblo de Cabezón y su alcalde, se logró una rehabilitación y adecentamiento más profunda para que la iglesia pudiera ser visitada.

Hoy en día sólo quedan -pero en bastante buen estado- las ruinas consolidadas del edificio de la iglesia, con sus cabecera, sus tres naves de distintas fechas de construcción y varios interesantes sarcófagos. Son apreciables y suficientes vestigios para que el visitante amante de lo medieval aprecie lo que fue una joya del románico cisterciense en Castilla.
Arquitectura de la iglesia
La iglesia del Monasterio de Palazuelos es un templo de planta de tres naves de cinco tramos, transepto no acusado en planta pero sí en altura y una monumental cabecera de tres ábsides escalonados. Sin embargo, la forma de su planta se complica al tener adosadas la sacristía y capillas a ambos ábsides laterales, más otra antigua -y horrorosa- sacristía abierta en el centro del ábside principal.

Exterior
El citado ábside principal es grande y sobrio, con planta poligonal, contrafuertes escalonados en los vértices del hemipolígono, con cinco ventanales de numerosas arquivoltas de medio punto de boceles y nacelas que se apoyan en dos pares de columnillas cada uno. Tiene bastante más altura y profundidad que los laterales.

Los ábsides laterales son aún más austeros, de planta semicircular, mostrándose casi lisos por no dispones de columnas entregas ni contrafuertes, menos por los preciosos ventanales que se abren en el centro -de similar factura a los del ábside central- y su imposta corrida de sencilla moldura achaflanada.

Observamos en este juego de ventanas, que los capiteles son mayoritariamente vegetales, como corresponde al aniconismo cisterciense. Sin embargo, en uno de ellos, aparecen dragones y un ave con busto humano -quizá una arpía- soplando un cuerno, de gran calidad plástica y que extraña en un edifico del Císter.

Más de tipo gótico son otros capiteles
con hojas de parra y cabecitas humanas entre ellas.
En las últimas campañas de restauración se han
descegado las puertas medievales que estaban cegadas, destacando entre
ellas la del costado septentrional o "puerta de muertos".

Interior
El interior del templo sufrió una importante reforma renacentista en los tramos de los pies, en el siglo XVI, tras su desplome, cubriendo esos tramos occidentales con bóvedas de arista renacentistas. De la fábrica original medieval quedan sólo los tres ábsides de la cabecera, el transepto y el primer tramo de la nave.

Aquí, los soportes de las bóvedas de crucería cuatripartita con nervios espinazo son pilares cruciformes con dos semicolumnas en las caras y una columnilla en cada esquina, modo de construir que tradicionalmente se denomina arquitectura hispano-languedociana.

Las bóvedas derrumbadas en el accidente de 1998 obligaron a su reemplazo por una estructura de madera, para permitir la estanqueidad del interior y disminuir el peso sobre los pilares supervivientes.
La parte más espectacular y vistosa del interior de la iglesia del monasterio de Palazuelos es el interior del ábside principal. Su interior poligonal lleva, en cada vértice, delgadas columnas que arrancando desde el suelo alcanza la bóveda donde recogen los nervios de la incipiente bóvedas de crucería. Entres las citadas columnas se abrieron los cinco ventanales observables en el exterior y con la misma disposición de arquivoltas y columnas.

Hay que decir que se han conservados restos de pinturas murales en el presbiterio, incluyendo un escudo del emperador Carlos I y restos de escudos de la Orden del Císter.
Otro aspecto interesante del interior de la iglesia abacial del Monasterio de Palazuelos es que fue un importante lugar de enterramiento para abades y familias nobles de la región, especialmente correspondiendo a los siglos XIII y XIV. De aquella función han sobrevivido varios sarcófagos, que originalmente estaban dispersos por el templo, y han sido reunidos y custodiados principalmente en la Capilla funeraria de Santa Inés (o capilla de los fundadores).
