Monasterio de San Miguel de Eiré, Lugo
Introducción
En
el corazón de la Ribeira Sacra Lucense, dentro del Concejo
de Pantón y a escasos 3 kilómetros del insigne monasterio
de Santa María de Ferreira, la antigua iglesia monástica
de San Miguel de Eiré -obra de la segunda mitad del siglo XII-
se levanta en una minúscula aldea de nombre O Mosteiro, topónimo
que ya de por sí resulta revelador en cuanto a su origen.
Único resto conservado de un antiguo cenobio femenino, esta preciosa iglesia monástica de San Miguel de Eiré, declarada Monumento Nacional en 1964 y convenientemente restaurada, funciona hoy en día como templo parroquial, representando una de las construcciones religiosas más peculiares y de mayor personalidad del románico de Lugo y de toda Galicia.
Apuntes históricos
Pese
a no existir documento alguno que lo constate, es de suponer que existió
en el lugar una primera construcción prerrománica posiblemente
del siglo X, teoría reforzada por la aparición de varios
restos en el entorno, el más conocido: un ventanal bíforo
recolocado en uno de los muros interiores del templo.
Se atribuye la fundación del actual San Miguel de Eiré a una mujer de nombre Excladia Ordoñez, posiblemente en torno a los albores del siglo XII ya que, con fecha de 1108, consta documentalmente al frente de la comunidad una abadesa llamada Aldonza.
Durante todo el siglo XII se suceden las donaciones y concesiones de privilegios al monasterio, algunas de ellas de carácter real como la que consta del monarca Alfonso VII en 1129, o ya a finales de la propia centuria a cargo de la influyente familia nobiliaria Traba.
A lo largo de toda la Baja Edad Media el monasterio sufriría un progresivo proceso de declive que tuvo su punto culminante en 1499, fecha en que, tras una reforma de la orden, es anexionado primero a San Paio de Antealtares, luego a San Estevo de Ribas de Sil y, de manera definitiva en 1519, al Hospital Real de Santiago.
La iglesia de San Miguel
Exterior
La
iglesia de San Miguel, único resto conservado del aludido monasterio,
es una singular construcción de material granítico. Además
de su belleza intrínseca, se halla muy bien conservada y con
sus escalonados volúmenes arquitectónicos ajenos a otras
construcciones y agobios urbanísticos.
Su apariencia exterior, más allá de la muy poco habitual posición -en Galicia- de la torre campanario, no difiere en exceso de los cánones del románico rural del entorno: planta basilical de una sola nave que desemboca en una cabecera formada por los habituales dos tramos, uno recto correspondiente al presbiterio y el otro (el ábside propiamente dicho) semicircular.
Torre
En
la parte delantera de la nave se alza la citada y original torre de
pequeñas dimensiones totalmente anómala en tierras gallegas
por su posición sobre el falso crucero.
La citada torre como en su propia morfología dispuesta al modo a burgalés recuerda irremediablemente a construcciones castellanas del ámbito de Las Merindades y La Bureba (San Pedro de Tejada, El Almiñé, Monasterio de Rodilla, etcétera). Es un pequeño cuerpo prismático abierta con pareja de troneras orientadas al este y oeste y vanos simples en sus laterales norte y sur. Para algunos autores el aspecto de este campanario evidencia su función defensiva.
Cabecera
El
ábside, de menor altura que la nave, queda dividido en paños
al exterior mediante columnas adosadas de elevadísimos plintos
que casi parecen desempeñar la función de contrafuertes.
Estas columnas se rematan a la altura de la cornisa con unos originalísimos
capiteles de apariencia vegetal cuyas hojas se retuercen de tal manera
que sus extremos llegan a doblarse incluso hasta alcanzar el collarino,
dando la sensación, sin salir de su esquematismo, de ser cestas
caladas. Este tipo de capiteles, también apreciables tanto
al interior como en el vecino cenobio de Ferreira de Pantón,
es la principal seña de identidad del Maestro de Eiré.
Tanto
en los muros presbiteriales como en el centro de cada uno de los paños
absidales se abren vanos de iluminación, siendo el único
ornamental el dispuesto en el eje cabecero, el cual consta de una
chambrana ajedrezada que abraza un arco e medio punto sobre columnas
rematadas en capiteles de leones afrontados.
Además de la equilibrada arquitectura de toda la iglesia hay que destacar la interesante colección de canecillos entre los que se adivinan motivos geométricos, animales (reales y fantásticos) y antropomorfos; destacando algunos por su carácter impúdico: personaje orinando, escenas de sexo explícito, etcétera.
Puerta norte
Otro
de los elementos destacados de San Miguel de Eiré es su portada
norte. Aunque es muy sencilla de estructura, todos los elementos contribuyen
a darle una gran elegancia.
Tiene tímpano, dos arquivoltas y guardapolvos billeteado. La arquivolta superior plana está decorada con rosetas de distinta traza individualizadas en cada una de sus dovelas menos en la clave donde aparece un Agnus Dei o Cordero Místico. La exterior con baquetón torso entorchada a base de estrías animada por besantes.
Llaman
sobre todo la atención las mochetas que sujetan el tímpano.
En una aparece una hoja curvada rematada en una esfera pero en la
opuesta se esculpió una pareja de animales alados de espaldas con
cabeza humana que la giran forzadamente hacia el espectador.
Sobre estas dos figuras puede leerse perfectamente la inscripción "LU MA", que con toda probabilidad se trata de los símbolos zoomofos de los evangelistas Lucas y Marcos (presentados en su forma animal del Tetramorfos).
Por último, el tímpano, compuesto a base de dos bloques monolíticos probablemente reaprovechados, presenta una sencilla decoración de rosetas secantes entrelazadas de escaso relieve.
Los capiteles de esta portada septentrional son sencillos: uno de temática vegetal con rosetas y el otro con cabezas humanas invertidas.
En
el muro de los pies de la iglesia y a considerable altura hasta el
punto de poder ser confundida con un ventanal, se aprecia una segunda
puerta que en origen comunicaría la iglesia por la zona del
coro con el resto de dependencias monacales desaparecidas, de manera
que las religiosas tenían acceso directo a la iglesia desde
sus celdas.
Interior
En
el interior, lo que más llama la atención en San Miguel
de Eiré es la citada estructura que individualiza el espacio
de la falsa nave transversal que antecede al presbiterio sirviendo
de sustento a la torre. Comunica con el cuerpo de la iglesia mediante
un arco diafragma de medio punto sobre capiteles figurados bajo los
cuales, se prolongan columnas entregas hasta mitad del muro y que
rematan en una cabecita y una roseta a modo de ménsulas.
Sin embargo, analizando con detalle su estructura desde el interior, se aprecia una morfología de lo más original por estos pagos: el espacio de la nave, cubierto con techumbre de madera, presenta planta cuadrangular. A continuación, lo que desde el exterior podría fácilmente identificarse con el primer tramo de la nave anterior al espacio presbiterial, en realidad es una pequeña nave transversal a modo de transepto no manifestado en planta y cubierta con bóveda. Este singular espacio fue concebido sin duda para reforzar el sustento y los apoyos de la torre campanario que se yergue sobre él.
En
esta iglesia de San Miguel de Eiré los capiteles de la nave presentan
cabezas humanas volteadas como continuación de hojas, piñas,
leones enlazando sus patas y las ya mencionadas cestas caladas características
de este taller.
El arco triunfal es muy monumental, con cuatro arquivoltas de medio punto sostenidas por dos parejas de columnas de distinta anchura, cuyos capiteles vegetales a base de volutas caladas vuelven a recordarnos, como ya vimos al exterior, a una de las señas de identidad del Maestro de Eiré, resultando llamativo como, frente al material granítico predominante en la construcción, para las cestas fueron elegidos bloques calizos mucho más maleables.
En
el cuarto de esfera del cascarón que aboveda el ábside hay
pinturas murales góticas con un Cristo en Majestad fechado a finales
del siglo XV o comienzos del XVI.
Además existen varias piezas de interés como el aludido ventanal prerrománico, la pila bautismal decorada con sogueados, cruces patadas y flores de lis, además de varios canes concebidos para soportar la cubierta de madera.