Monasterio de la Santa Espina (Valladolid)
Introducción histórica
En
las estribaciones de los Montes Torozos, resguardado en la cuenca del
río Bajoz dentro de la provincia de Valladolid (en el término
municipal de Castromonte), se alza uno de los hitos fundacionales de la
Orden del Císter en la Península Ibérica: el Monasterio
de la Santa Espina.
La fundación cisterciense de la Santa Espina se llevó a cabo a mitad de siglo XII, en tiempos del emperador Alfonso VII.
Concretamente, el acta fundacional data del año 1147. La iniciativa fue promovida por la infanta doña Sancha de Castilla, hermana del propio emperador Alfonso VII de León, quien mantenía una estrecha correspondencia con San Bernardo de Claraval. Fue este último quien envió a un grupo de monjes desde la abadía francesa de Claraval, encabezados por el abad Nivardo (hermano de San Bernardo), para establecer la nueva comunidad.

El monasterio adquirió su denominación y su enorme prestigio gracias a una excepcional reliquia: una espina de la corona de Cristo. Según la tradición documentada, esta reliquia fue entregada a doña Sancha por el rey Luis VII de Francia, y su custodia en el valle del Bajoz convirtió al cenobio en un destacado centro de peregrinación y en un receptor continuo de donaciones reales y nobiliarias a lo largo de la Edad Media.
Durante los siglos XVI al XVII vivió momentos de auge, lo que le permitió la construcción -entre otras estancias- de sus dos grandes claustros actuales.
Sin embargo, fue durante el siglo XIX cuando las calamidades se cebarán la Santa Espina. Durante la invasión francesa sufrió el expolio de las tropas napoleónicas y unas décadas más tarde, la Desamortización de Mendizábal de 1835 obligó a los monjes a abandonar el monasterio.
Treinta años después, en 1865, se convirtió en Escuela Agraria de los Hermanos de La Salle, y en 2022 pasó a ser parte de la Fundación Educatio Servanda (Institución católica de enseñanza).
Arquitectura
Para ingresar en el conjunto monástico, se accede por la puerta monumental del monasterio, obra del cántabro Juan del Ribero Rada, en el siglo XVI. Este arquitecto fue influido por Palladio y mantuvo algunos contactos con el célebre Juan de Herrera Esta puerta se concibió al modo de un arco de triunfo romano, flanqueado con dos grandes torres cilíndricas y una gran hornacina, hoy vacía, que seguramente ocuparía una estatua de la Virgen o de San Bernardo. Encima hay un escudo.

De frente tenemos el gran edificio de la Hospedería con su portada, también del siglo XVI.
Desde el punto de vista de la arquitectura medieval, la iglesia abacial y la sala capitular son los espacios más interesantes.

La Iglesia Abacial
El proceso constructivo de un monasterio de esta envergadura se prolongaba invariablemente durante décadas, lo que explica la convivencia de distintos estilos arquitectónicos de la iglesia y resto de dependencias. Aunque la comunidad se instaló a mediados del siglo XII, la materialización de la fábrica definitiva de piedra del templo tomó más tiempo. Además, como suele ser habitual, el edificio sufrió transformaciones y adiciones durante la Baja Edad Media, y los siglos XVI al XVIII.
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Las partes más antiguas del Monasterio de la Santa Espina son de tradición románica construidas probablemente a comienzos del siglo XIII. De esta época se conserva el cuerpo de tres naves de seis tramos y parte del transepto, porque a partir de este punto hacia la cabecera fue remodelada en estilo gótico - renacentista.

Cabecera actual
La cabecera original, que probablemente seguía el estricto plan cisterciense (un ábside central rectangular o semicircular flanqueado por capillas menores alineadas en el transepto), desapareció en el siglo XVI. La poderosa familia de los marqueses de Alcañices ejerció su patronazgo para erigir una nueva capilla mayor que sirviera como panteón dinástico. Esta remodelación tardogótica y renacentista alteró el eje visual de la cabecera.

Se rehízo el ábside con planta semicircular y bóveda de horno que aparenta tener gallones mediante casetones.
El espacio precedente de planta aproximadamente cuadrada, se eleva mediante trompas para convertirse en la zona superior en una especie de cimborrio cubierto por bóveda de crucería estrellada y con grandes ventanales de iluminación.
Crucero
El espacio cuadrado del crucero es donde encontramos el auténtico cimborrio principal. Mediante cuatro grandes trompas, el espacio cuadrangular se convierte en un octógono cuya cubrición superior es una bóveda de crucería cuyos nervios dibujan una estrella de ocho puntas inscrita en otra de mayor tamaño.

Capilla de los Vega
Por su parte, el espacio que seguramente ocupó el ábside más meridional del brazo sur del transepto de la iglesia del siglo XIII fue ampliado y reconstruido en el siglo XV para convertirse en la capilla funeraria de los Vega, Condes de Grajal de Campos. Esta obra tardogótica se comenzó en hacia 1435, estableciendo una planta rectangular cubierta por una bóveda estrellada con trompas nervadas. En los muros se conservan los arcosolios de las tumbas hoy desaparecidas y abundante heráldica.

Capilla de las Reliquias
en el extremo meridional del transepto se abre una gran capilla de planta cuadrada. Se trata de la Capilla de las Reliquias, del siglo XVII, que es obra de Francisco de Praves, y se construyó para guardar las reliquias del cenobio, que se perdieron en un incendio. Hoy guarda la reliquia de la Santa Espina.

Cuerpo de naves
El cuerpo longitudinal del templo, a partir del transepto hacia los pies, conserva intacta la pureza de las directrices cistercienses de transición. Las tres naves son elegantes y esbeltas con arcos apuntados formeros sobre pilares de sección de triple esquina con una semicolumna en cada cara principal.

Como es frecuente en el Císter, las columnas que miran a la nave central no arrancan desde las basas, sino que arrancan a media altura desde ménsulas. Los capiteles son todos vegetales, al gusto cisterciense. Por su parte, las bóvedas de las tres naves son de crucería simple.

La diferente altura de las naves -bastante superior la central con respecto a las laterales- permitió abrir vanos de iluminación estrechos por encima de los arcos formeros.

Puerta de los monjes
Otro elemento interesante de estilo románico que se conservan en el monasterio de la Santa Espina es la bonita portada románica que comunica la nave lateral norte con la panda del capítulo del claustro.

Esta puerta presenta finas arquivoltas baquetonadas
de medio punto que apean sobre tres pares de columnillas con capiteles
vegetales, cuyos fustes han sido repuestos en una restauración
no muy antigua.
Exterior
Fachada occidental
La fachada principal de la iglesia monástica es de gran monumentalidad. Esta estructura constituye una de las intervenciones arquitectónicas más significativas de la Edad Moderna en todo el recinto, tras un devastador incendio en 1731.
Construida en el siglo XVIII, esta soberbia fachada monumental se atribuye a las trazas del arquitecto Ventura Rodríguez o a su escuela directa. Su concepción estética supone una ruptura arquitectónica con el purismo cisterciense interior, adentrándose en un incipiente neoclasicismo teñido aún de cierta severidad tardobarroca, muy en consonancia con la tradición clasicista y escurialense española.
La fachada se caracteriza por su rigurosa simetría y su monumentalidad escenográfica. El cuerpo central, de líneas sobrias y elegantes, está flanqueado por dos imponentes torres gemelas que rematan la composición.

Muro meridional
En el flanco meridional de la iglesia encontramos ventanales tardorrománicos de iluminación de la nave meridional.

También es perfectamente visible un gran ventanal gótico perteneciente a la ya citada Capilla de los Vega

Igualmente, desde algunos ángulos es posible otear el cimborrio octogonal sobre el crucero, que a diferencia de su aspecto interior, resulta por fuera de gran austeridad.
Los claustros
El Monasterio de la Santa Espina tiene dos grandes claustros: el de la hospedería y el claustro regular.
El Claustro de la Hospedería es el patio que recibe al visitante. Se encuentra al costado norte de la iglesia pero completamente desplazado hacia el oeste. Es de sobrio estilo herreriano, siendo erigido en el siglo XVI. Se articula en dos alturas. El primer piso tiene arcos de medio punto flanqueados por pilastras toscanas. El superior cuenta con balcones adintelados.

En cuanto a Claustro Reglar, aunque su construcción original se remonta al siglo XII o XIII, de aquel primitivo núcleo románico apenas quedan vestigios. Su sobrio aspecto actual es fruto de una profunda remodelación acometida en el siglo XVII que sustituyó por completo las antiguas galerías medievales. Tiene dos pisos con vanos de medio punto entre los que se encuentran medias columnas toscanas y jónicas.

La Sala Capitular
El claustro reglar funcionaba como el núcleo distribuidor de las dependencias monásticas (refectorio, scriptorium, calefactorio, etc.). Aunque el claustro se rehízo en el siglo XVII, la sala capitular y su acceso corresponden a época tardorrománica, siendo de las estancias más valiosas del Monasterio de la Santa Espina.
La fachada de esta sala, abierta a la galería oriental del claustro, cuenta con una puerta de arco agudo con multitud de arquivoltas apuntadas baquetonadas y columnas con capiteles lisos. Como en todas las salas capitulares benedictinas, a los lados de la puerta de ingreso hay dos ventanales bíforos también apuntados.

Al entrar dentro de la sala capitular comprobamos que se trata de un espacio rectangular que se aboveda con crucería apoyada en cuatro columnas exentas y en columnas adosadas a los muros. Esta solución arquitectónica, que fragmenta la estancia en nueve tramos abovedados sostenidos por cuatro esbeltos soportes centrales -a modo de palmeras de piedra-, crea un espacio centralizado de perfecta acústica y equilibrio tectónico, una tipología que se repite en grandes abadías del Císter europeo.
