Guía de la iglesia de Ochánduri, La Rioja
Ochánduri es un municipio riojano ubicado muy cerca del río Tirón en la Comarca de Haro, en la esquina noroccidental de la comunidad y por tanto muy cerca de las provincias de Burgos y Álava.
Su altitud sobre el nivel del mar es de 550 metros y en la actualidad tiene censados un total de 87 habitantes.
Documentalmente, esta localidad aparece consignada a partir de finales del siglo XI y ya, después, de forma intermitente durante el XII.
El aliciente fundamental para visitar la localidad de Ochánduri, es, obviamente, su iglesia parroquial románica cuya advocación es de Santa María de la Concepción, una vez que ha sido admirablemente restaurada recientemente (estaba muy aquejada por el llamado "mal de la piedra"), ya que comprobaremos que es una verdadera joya del románico riojano.

Arquitectura
La iglesia de Ochánduri es un edificio característico del románico rural español. Se trata de un templo orientado canónicamente que consta de una sola nave rectangular que se conecta con una cabecera clásica, es decir, constituida por un tramo rectangular (presbiterio) más estrecho y un ábside de planta semicircular, también más angosto que el presbiterio.

La puerta de ingreso se abrió en el muro meridional. Puesto que al norte hay una escarpada ladera, no existe entrada en ese costado. Tampoco en el imafronte. Sobre el hastial se alzó un campanario de tipo espadaña.

Su construcción habría que calcularla a finales del siglo XII o a comienzos del XIII como otras iglesias del río Tirón y de los Montes Obarenes.

En el siglo XVI, la iglesia de Ochánduri va a sufrir la principal transformación. Se va a renovar la nave, que en origen podría haber tenido techo de madera, y se cubrió con tres bóvedas tardogóticas de crucería con terceletes. Por suerte, en este momento, no se sustituyó la puerta románica del sur de dicha nave.

También en siglos posteriores, se añadieron
una sacristía y una estancia en el muro presbiterial sur
(tapando su ventanal románico) y en el primer tramo de
la nave.
Exterior
Lo más notable del exterior de la iglesia de Ochánduri son sus partes románicas. Con ello nos referimos a su cabecera -tanto en los aspectos arquitectónicos como escultóricos- y, en menor medida, a su portada.

Cabecera
La cabecera románica de la iglesia de Ochánduri es un ejemplar de muy noble factura. Además -por fortuna- muestra una gran riqueza escultórica en canecillos y capiteles, que a diferencia de las partes bajas del templo y de la puerta, han logrado sobrevivir en inmejorable estado de conservación.

Tiene la citada cabecera un presbiterio de muros rectos donde se abren en cada uno (norte y sur) un ventanal de tipo portada.

El ábside es semicilíndrico y cuenta con cuatro semicolumnas que articulan verticalmente el conjunto en cinco paños o calles. En la calle central existe otro ventanal de tipo portada.
El ventanal septentrional del presbiterio se puede observar desde el exterior, no como sucede con el meridional que está tapado y al que luego nos referiremos. El citado ventanal norte tiene una arquivolta con dos molduras: una red de estrellas y una secuencia de palmetas muy elaboradas. La chambrana muestra una malla de estrellas de que crean una retícula geométrica.

Los capiteles de las columnas de este ventanal septentrional ofrecen representaciones similares a las que veremos en las columnas del interior, como por ejemplo: pasajes del Génesis. Una de las cestas tiene esculpida la escena de la expulsión por un ángel de Adán y Eva tras el Pecado Original, que ya se encuentran en las vicisitudes de tener que trabajas para vivir: Eva aparece hilando mientras que y Adán se encuentra trabajando la tierra con una azada.
En el capitel opuesto, mucho más estropeado, aparecen dos jinetes montando sendos animales. Uno parece un león y el otro, un dragón.
Por su parte, el ventanal absidal tiene arquivolta de bocel y escocia y en el intradós dos series de semicírculos dispuestos simétricamente.

La chambrana lleva palmetas muy esquemáticas y geometrizadas. En cuanto a los capiteles, muestran una curiosa escena que podría tratarse de una danza o de algún espectáculo juglaresco y, enfrente, a un personaje sujetando aves por el cuello.

Dos de los cuatro grandes capiteles de las columnas entregas absidales son de gran valor artístico e iconográfico. En uno de ellos vemos una pareja de arpías afrontadas de larguísimas colas cuyo aspecto se diferencia de las arpías de filiación silense tan abundantes en el románico castellano y de otros territorios cercanos.

Otra de las cestas del ábside parece representar a dos hombres protegiéndose de un animal fantástico (basilisco) en actitud de ataque.

Los otros dos capiteles son vegetales.

Los canecillos de toda la cabecera son también muy interesantes pues ofrecen una variedad de motivos.

Un hombre muestra un libro con una inscripción incompleta y mutilada que dice "[ ] ACVPHE[ ]A [ ] ETA[ ] REV[ ] ERRO"; otro lleva una especie de gorro cuneiforme, una mujer casada con el habitual barbuquejo, una cabeza de caballo y otra de bóvido, un águila que atrapa a una pequeña presa, cabezas demoniacas con los cabellos alborotados abriendo la boca, etc.

Probablemente, el canecillo más importante de todo el alero cabecero es aquél que representa a un hombre con enormes cuernos que -como mera hipótesis- podría tratarse de Moisés, según una antigua iconografía cristiana.

Puerta
La portada es el único elemento románico original que hallamos en la nave que fue reformada en el siglo XVI.

Está abierta en el costado meridional. Se encontraba en mal estado por el mal de la piedra que afecta a muchas de las iglesias del territorio. Hay que recordar que se trata de piedra procedente de rocas areniscas sedimentarias muy blandas que en contacto con la humedad se meteorizan con bastante facilidad y se convierten -literalmente- en arena como las de las playas. Afortunadamente, en la primera década del siglo XXI se acometió una restauración que, de momento, permite conservar lo que existía.
Dicha portada románica, de moderado tamaño, cuenta con cinco arquivoltas muy ligeramente apuntadas. Se combinan sencillas molduras de bocel y Escocia con otras muy ornamentadas a base de palmetas y plantas de ocho hojas con botón central, horadadas con trépano, de modo que desde una cierta distancia parecen meras estrellas de ocho puntas.
Es destacable la elegante decoración de los fustes de las columnas -aunque algunos que son lisos se repusieron en la restauración- que relaciona este ejemplar de Ochánduri con numerosas iglesias alavesas del entorno del Monasterio de Santa María de Estíbaliz.
En efecto, en dos de estos fustes las superficies son una red de cinco cordones que conformar un encestado. Otro fuste lleva una retícula formada por flores tetrafoliadas.

Los capiteles de las columnas son historiados pero aquí si se advierte el resultado del deterioro de las superficies pétreas por el mal de la piedra. Algunas de las cestas han perdido casi en la totalidad los relieves de las superficies esculpidas. Afortunadamente, dos de ellos se conservan lo suficientemente bien para identificar su iconografía:

Interior
Al entrar observamos que el espacio del templo
resulta mayor del que parecía desde fuera.
La nave, como ya indicamos al inicio, es un espacio rectangular
cubierto por tres bóvedas pétreas de crucería
con arcos terceletes. Tanto los arcos diagonales como los terceletes
nacen de pequeñas mensulitas añadidas ex profeso
para tal fin en el siglo XVI.

Nos interesa más la cabecera románica que se ha conservado en buen estado. El arco triunfal es apuntado y doblado y se apoya en dos semicolumnas cuyos capiteles llevan esculpidos un combate entre dos caballeros, uno cristiano y otros musulmán (por la forma de sus escudos) flanqueados por un Cristo crucificado y un hombre cabalgando una arpía. Se suele considerar que la disputa entre este tipo de personajes hace referencia a la lucha entre Roldán y el Gigante Ferragut, que simboliza la guerra que se disputaba en aquellos tiempos en España entre el Cristianismo el Islam.

El capitel opuesto muestra el pasaje veterotestamentario del Pecado Original, junto a un nuevo personaje montando sobre otra arpía.

Se aprecia en estos capiteles una manera de esculpir un tanto peculiar para lo que solemos ver en el románico. Los personajes son de canon pequeño y las superficies que quedan lisas en las cestas, anormalmente grandes.
En cuanto al interior de la cabecera, observamos que el hemiciclo absidal tiene en su centro el ventanal que ya describimos cuando nos ocupamos del exterior. Pero lo más notable es que tiene el famoso capitel con una escena de coito entre una pareja, cuyos sexos aparecen de tamaño desmesurado. No es habitual encontrar este tipo de escenas en el interior de las iglesias pero hay casos como en las iglesias de Tejadilla (Segovia) o Villanueva de la Nía (Cantabria), etc.

Otra de las alegrías que nos ofrece el interior de la iglesia de Santa María de la Concepción de Ochánduri es el ventanal del muro presbiterial sur que no podía ser observado desde el exterior por haberse construido la citada dependencia de la sacristía. Pero gracia a que ha estado durante muchos siglos a cubierto de vientos lluvias, heladas, granizos y nieve guarda un estado de conservación verdaderamente óptimo.

En uno de sus capiteles apreciamos una nueva escena del Pecado Original. Aunque la temática es la misma que la vista en el capitel del arco triunfal, la composición y algunos detalles plásticos nos hacen pensar en que la ejecución corrió a cargo de otro artesano. El otro capitel muestra grandes hojas que más que acantos parecen helechos, rematados por unos cogollos vegetales que parecen conchas.
Citaremos también aquí la existencia de un Cristo crucificado gótico de tres clavos y buen factura.

Otro de los elementos valiosos del interior de la iglesia de Ochánduri es que conserva una de las mejores pilas bautismales del románico de la comarca, a pesar de no contar con escultura historiada. Se trata de una pila caliciforme cuya copa llevan grandes gallones y encima se remata con un friso de tallos ondulantes que rodean en sus concavidades hojas vegetales.
