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Guía de la iglesia románica de San Andrés de Pecharromán (Segovia)

Pecharromán es una pequeña aldea situada en el norte de la provincia de Segovia, a casi 80 km de la capital.

Perteneciente al municipio de Valtiendas, partido judicial de Sepúlveda, en la comarca Segovia Norte - Tierra de Pinares.

Se encuentra entre dos localidades históricas como son Sacramenia, al norte, y Fuentidueña, al sur. Su altitud sobre el nivel del mar es de 863 habitantes y tiene sólo 9 habitantes censados.

Guía de la iglesia de San Andrés de Pecharromán, Segovia

Esta localidad aparece pronto en los registros históricos, ya que a mediados del siglo XII, Alfonso VII el Emperador donaba la serna de Prato Romani (Pecharromán) al entonces convento cisterciense de Santa María y San Juan de Sacramenia. Posteriormente, se la cita como Pratis de Heicha Roman a comienzos del siglo XIII y como Pradecha Roman medio siglo más tarde.

Pecharromán formó parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña desde sus inicios.

La iglesia románica de San Andrés de Pecharromán

La iglesia de San Andrés se sitúa al sur del núcleo urbano. Es, desde el punto de vista arquitectónico, un modesto edificio donde se combinan sillería y mampostería. Dado el carácter tardío del románico rural segoviano habría que fecharla en las primeras décadas del siglo XIII. Posteriormente, sufrió alteraciones de época barroca.

Ventanal del ábside de la iglesia de Pecharromán

A pesar de sus humildes hechuras, la iglesia de Pecharromán destaca por su muy notable escultura, tanto por la calidad de su talla como, sobre todo, por los motivos que utiliza, que después de ocho siglos nos sorprenden por su imaginación e ingenuidad.

La iglesia de Pecharromán (Segovia) destaca por sus canecillos

Arquitectura

El templo se dispone según la orientación canónica y sigue el sencillo modelo de planta de nave única rectangular unida a una cabecera compuesta por tramo recto y ábside semicircular.

A pesar del paso de los estilos y del importante remozado interior durante el Barroco, la proporción del edificio se ha mantenido fiel a la original, conservándose la cabecera intacta. La única adición es la sacristía de planta rectangular, a la que se accede desde el interior del muro sur del presbiterio, si bien parece haberse sustraído un acceso de medio punto en el muro sur, evidenciado por una grieta.

En consecuencia, los principales y más valioso elementos románicos son la cabecera y a la portada.

Capitel de un ventanal con una arpía

Exterior

La cabecera

Al exterior, el mayor despliegue ornamental de la iglesia de Pecharromán se concentra en el ábside semicilíndrico, articulado por cuatro pilastras dobladas (o delgados contrafuertes prismáticos) que dividen el muro en cinco paños. Posteriormente se le añadieron dos gruesos contrafuertes para evitar su desplome. Uno de ellos, oculta el ventanal central.

äbside románico

Dos impostas, una por encima de los ventanales y otra a la altura de los alfeizares recorren horizontalmente el tambor absidal.

Ventanal absidal

Quedan dos ventanas visibles con capiteles de buena labra: en una de ellas encontramos aves picoteándose las patas con las cabezas entrelazadas y ornato vegetal y en la segunda dos graciosas y coquetas arpías, que parecen ser original y copia de un mismo modelo, sólo que más rudimentaria una y fina la otra.

Arpía

Capitel de aves picando sus patas con las cabezas entrelazadas

La torre se adosa a los pies, en la esquina meridional, y se compone en su mayor parte de mampostería revestida con cal, a excepción de los recercados de vanos y machones en sillar.
La nave ha sido enfoscada casi en su totalidad en el costado sur para darle uso como frontón moderno, algo común en las iglesias castellanas.

Los canecillos

Con todo, es la corona de canecillos de la cabecera y las naves lo más destacable y guarda relación con la escultura románica más importante de la zona, la perteneciente al templo de San Miguel de Fuentidueña.

Canecillos con personas en actitudes histriónicas

Los cancillos de la iglesia de Pecharroman están esculpidos por un taller con varios artesanos de desigual cualificación, pero todos ellos coinciden especialmente en la expresividad de sus motivos, con predilección por las cabezas monstruosas y los personajes burlescos o en actividades juglarescas, en un delirante despliegue de imaginación que nos hace sentir, como en pocas construcciones, las obsesiones de la mentalidad del hombre medieval.

Los temas más representativos de estos modillones son:

Cabezas de animales: cánido (perro o lobo), un bóvido y un cerdo.

Canecillos con cabezas de perros o lobos y una vaca

Cabeza humana con dos cuernos de ciervo. Se puede interpretar como una forma bastante frecuente de representar a Moisés o, bien podría ser una persona disfrazada de ciervo en una fiesta de carnaval.

Hombe con cuernos de ciervo y cabeza grotesca

Un hombre con máscara (o simplemente un demonio) portando a una persona a cuestas y debajo una serpiente a sus pies.

Demonio con una persona

Hombre contorsionista.

Contorsionista

Hombre y mujer dejando ver sus sexos.

Mujer enseñando su sexo

Dos cabeza humanas con capucha.

Canecillo de un hombre con capucha

Busto de una mujer casada con el cabello tapado por tocado y barbuquejo.

Dos personajes retratados en los canecillos de la iglesia de Pecharromán

Cabeza grotesca con enorme nariz y boca que más que miedo genera simpatía.

Busto humano con ligero rictus de sonrisa.

Cnecillo con busto humano

Cabeza humana gritando rodeada por dos serpientes que le muerden las sienes.

Sepientes mordiendo a una persona

Cabezas de orejas puntiagudas, ojos hundidos y gran boca que podrían corresponder a dragones.

Cabezas dragonianas

La puerta

El ingreso al templo se lleva a cabo por la notable puerta septentrional. Tiene cuatro arquivoltas de aristas vivas y bocel.

Puerta en el costado norte de la iglesia de San Andrés de Pecharromán, Segovia

La interna es lisa apeado sobre jambas, la segunda presenta una característica corona de cabecillas demoniacas y humanas en diferentes gestos, la tercera es moldurada con bocel y escocia y la cuarta es lisa.

Arquivoltas con cabezas humanas y de dragón

Todo el conjunto gravita sobre jambas y tres pares de columnas, con ábaco liso y capiteles que en su mayoría ofrecen sencillos pero elegantes motivos vegetales.

Parte de la portada con sus columnas

El central del lado izquierdo muestra, además, una cebecita animal entre los órdenes de plantas de la cesta. Más interesante es el primer capitel del lado derecho que representa un dragón con alas desplegadas, muy al estilo del grifo de Grado de Pico, Fuentidueña y Cozuelos de Fuentidueña.

Capitel con el relieve de un dragón

El conjunto de la puerta está enmarcado por dos contrafuertes.

Interior

En el interior, la nave se cubre con techo de madera y así debió ser siempre por la falta de responsiones y por lo estrecho de los muros, que no debieron ser proyectados para recibir una bóveda de medio cañón.

Por su parte, la cabecera se cubre, como era de esperar, con bóveda de horno y cañón apuntado. El arco triunfal de medio punto apuntado fue desfigurado en la reconstrucción del siglo XVIII sustituyendo columnas por molduras.

La cabecera cuenta con tramo presbiterial rectangular y un ábside semicircular, cubriéndose con medio cañón apuntado y bóveda de horno, respectivamente.

Permanecen las arquerías ciegas del presbiterio cuyas columnas están rematadas por capiteles vegetales. También son visibles las dos ventanas laterales de tipo portada, la central está oculta tras el consabido retablo. Los capiteles de dichas ventanas llevan sencillas representaciones de hojas y volutas, además de dos dragones mordiendo una máscara.
Finalmente, en el sotocoro se conserva una pila bautismal de copa semiesférica y lisa, tallada en caliza.

Sin duda, la iglesia románica de San Andrés de Pecharromán depende estilísticamente de algunos de los artífices de la vecina iglesia de San Miguel de Fuentidueña. No obstante, queda clara la itinerancia de los maestros rurales románicos pues ciertos elementos como la corona de cabecillas y el grifo del capitel de la portada muestran relaciones innegables con la galería de Grado de Pico y la puerta soriana de Villasayas.


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