Guía del Museo Catedralicio de Burgos y el Claustro de la Catedral. Colección medieval
Introducción
La
visita a la Catedral de Burgos implica rastrear cientos de metros
cuadrados de belleza, historia y arte, acumulados durante más
de 900 años de edificación.
Por eso, puede suceder que el turista ocasional se pierda una parte importante de este conjunto catedralicio. Nos estamos refiriendo al doble claustro (con sus dos pisos), dedicado en la actualidad a espacio museístico, el llamado Museo Catedralicio.
En este apartado nos ocuparemos monográficamente de todo ello, muy especialmente, como no podía ser de otra manera, de su colección medieval, ya que de otras épocas más modernas el contenido es prácticamente inabordable.
Comenzaremos por la descripción de los dos pisos del claustro, que son un museo de arquitectura y escultura en sí mismos, para luego ocuparnos de las diferentes capillas que se abren a él y donde se exponen las innumerables obras de arte que componen el Museo Catedralicio propiamente dicho.
Para finalizar el artículo, trataremos de algunas piezas conservadas en el claustro inferior procedentes -algunas al menos- de la catedral románica, lo que aprovecharemos para hacer una breve reseña histórica de la misma.
Un claustro de dos pisos
El
claustro de la Catedral de Burgos se construyó entre
las últimas décadas del siglo XIII y las dos primeras
del XIV. Es de planta rectangular y tiene la peculiaridad de
constar de dos pisos para salvar la diferencia de nivel entre
el templo catedralicio y el espacio exterior en su costado sur.
Hay que tener en cuenta que la Catedral de Burgos se edificó
en una empinada cuesta con la ladera norte mucho más
alta que la sur que conduce, a pocos metros, al río Arlanzón.
El piso alto del claustro es, por tanto, el que se comunica directamente con la iglesia, mientras que el bajo es el que sirve de escalonamiento. Este claustro inferior tuvo funciones mucho menos nobles que el superior, ya que, entre otros usos, sirvió como almacén. Además, desde el punto de vista estilístico, era el menos hermoso puesto que las tracerías de sus arcos son obra bastante moderna, de 1899, realizadas por el arquitecto e historiador Vicente Lampérez.
La Puerta del Claustro
En
la actualidad, los visitantes pueden entrar al claustro por
su esquina noreste, pero la auténtica y original puerta
medieval de acceso a dicho recinto estaba ubicada junto a la
Capilla de San Enrique y comunicaba el brazo sur del crucero
del templo con la esquina noroeste del claustro.
Esta magnífica puerta se estaba construyendo en 1270 y es una de las más perfectas obras góticas de la catedral burgalesa. El tímpano representa el Bautismo de Cristo y el Árbol de Jesé. En las jambas aparecen las grandes estatuas del rey David, el profeta Isaías y una escena de la Anunciación, que por su dulzura se ha relacionado con el Maestro de la sonrisa de la Catedral francesa de Reims.
El Claustro Superior
Las cuatro pandas del claustro alto están abovedadas por crucería sencilla, cuyos nervios apoyan en ménsulas con relieves de ángeles. Los arcos de comunicación al patio central son soberbias estructuras con maineles y tracerías (las vidrieras son modernas).
Los
muros están salpicados de grandes estatuas de bulto redondo
que representan reyes, personajes bíblicos y escudos.
El más conocido es el grupo formado por la pareja de
reyes Alfonso X y Doña Violante, cambiando sus votos
matrimoniales.
También hay que fijarse en los cuatro machones angulares con delicados grupos escultóricos con las siguientes representaciones:
La
mayoría de estas esculturas han sido restauradas y se les
ha dotado de la policromía que habían perdido durante
siglos.
La zona bajo de estos muros claustrales está repleta de sepulcros góticos y renacentistas pertenecientes a distintos canónigos y otras piezas escultóricas de diversa índole.
Uno de ellos llama la atención por ser de estilo románico. Tradicionalmente era conocido como el Sepulcro de Mudarra, el hermanastro vengador de los Siete Infantes de Lara, aunque tal extremo resulte bastante inverosímil.
Procedente del Monasterio de San Pedro de Arlanza, esta bella estructura funeraria se articula de forma similar a una portada con canecillos en al alero y un doble arco con pinjante trasdosado por otro más amplio de intradós angrelado sobre columnas.
Las Capillas del Claustro Superior
Por la orografía que circunda la catedral sólo se pudieron abrir estancias en la panda oriental del claustro: Capillas de San Juan Bautista, Santa Catalina, Corpus Christi y la actual sala capitular.
Capilla de San Juan Bautista
La
de San Juan Bautista es una capilla funeraria del obispo Juan
Cabeza de Vaca (1406-1412) pero completamente reformada en el
siglo XVI y convertida en sacristía durante el siglo
XVII. En la actualidad, este gran espacio es el dedicado a sala
principal del Museo Catedralicio.
La colección de obras de arte es mareante. Abundan las piezas de orfebrería de diversas épocas y de incalculable valor económico y artístico, (a destacar una cruz relicario pectoral del siglo XI, varias cruces procesionales, cálices, etc.).
También abundan los retablos, los tapices, las casullas, diversas pinturas y esculturas de imaginería.
Capilla de Santa Catalina
La Capilla de Santa Catalina se construyó a iniciativa del obispo Gonzalo de Hinojosa entre 1316 y 1354 para emplearla como sala capitular.
Se comunica con el claustro mediante una bella portada gótica fechable en la primera mitad del siglo XIV, donde se narra el Descendimiento de Cristo. Hay que fijarse en el bellísimo rostro de San Juan Evangelista.
Capilla del Corpus Christi
Es
coetánea a la anterior y patrocinada por García
Fernández de Castellanos, hijo de Juan Estébanez,
canciller del rey Alfonso XI. Tiene también una puerta
de extraordinaria importancia con el dintel incorporando las
estatuas del promotor y su esposa Doña Inés de
Escobar de rodillas y en actitud de orar (en el centro hay un
escudo).
En el tímpano se nos muestra una habitual iconografía gótica del Juicio Final, con Cristo en Majestad pero mostrando las llagas de la pasión (Cristo Varón de Dolores) flanqueado por la Virgen María y San Juan Evangelista que ruegan por los hombres que van a ser juzgados. Cuatro ángeles completan el conjunto.
En esta capilla se guarda un arcón de madera conocido como el "Cofre de El Cid" pues la tradición decía que era el mismo con el que el caballero castellano engañó a los judíos burgaleses para la obtención de recursos financieros. En realidad, se trata de un mueble donde se guardaba documentación del Cabildo.
Una de las grandes obras de arte conservadas en esta capilla es el famoso, realista y patético Cristo atado a la columna de Diego de Siloé.
Actual Sala Capitular
Se exponen diversos tapices flamencos y tablas pintadas, entre otras muchas obras de arte.
El Claustro Inferior y el recuerdo de la catedral románica
Al
claustro inferior de llega por una escalera que parte de la
Capilla de San Juan Bautista.
En la actualidad, alberga, junto a algunas capillas adyacentes, el Centro de Interpretación de la Catedral de Burgos donde se trata de explicar el proceso constructivo de la seo burgalesa.
Se exponen numerosas piezas supuestamente procedentes de la catedral románica así como una maqueta de la catedral actual y varias representaciones de la fachada gótica occidental antes de las reformas modernas que desmontaron sus portadas monumentales medievales.
Con todo, lo más interesante de este claustro es, precisamente, poder recordar aquella primera catedral que se construyó en el último cuatro del siglo XI a iniciativa de Alfonso VI para la nueva sede episcopal burgalesa fundada en 1075, cuando Burgos todavía era una población de medio rango en el contexto de los reinos cristianos hispanos.
Este conjunto catedralicio formado por el templo, el complejo claustral y las estancias residenciales del obispo debieron terminarse sólo unos años después dentro del estilo que llamamos Románico Pleno, como otros monumentos señeros tales que la Catedral de Jaca o San Martín de Frómista. Si bien no tenemos que irnos tan lejos, pues a finales del siglo XI o comienzos del XII se estaba construyendo cercanos edificios plenorrománicos parcial o completamente conocidos como San Quirce, Santo Domingo de Silos o San Pedro de Arlanza.
El
historiador Félix Palomero nos habla de una iglesia de
tres naves con cabecera tripartita, escalonada de tres ábsides,
con posible cimborrio sobre el crucero.
Volviendo a lo expuesto en el claustro inferior, lo más llamativo son piezas escultóricas románicas -sobre todo capiteles y canecillos- procedentes de esta catedral románica. No obstante algunos autores adviertan de que algunas de estas esculturas proceden de lugares distintos, principalmente del arruinado complejo monástico de San Pedro de Arlanza.
Dentro de este repertorio, se expone como procedente de la seo románica una clave de bóveda donde aparece Cristo e Majestad dentro de una mandorla. Sin embargo, nos parece que aunque el hieratismo del relieve de Jesús pueda parecer románico, la decoración que rodea la mandorla fecha la pieza como más tardía y seguramente procede ya de la construcción del siglo XIII.
Por último, nos detendremos en el sepulcro del infante Don Sancho, hijo de Fernando III, muerto en 1180.
Se
trata de una urna de piedra con el frontal decorado con un relieve
alusivo al momento del fallecimiento del menor, que se encuentra
tumbado en una cama, mientras dos ángeles sujetan su
alma en ascenso. Flanquean esta imagen dos pequeñas figuras
humanas lamentándose por el deceso y ocho personajes
eclesiásticos -algunos obispos en actitud bendicente-
con báculo bajo sendos arcos.
La lauda reitera la misma iconografía: dos ángeles tumbados en actitud voladora sujetan una mandorla donde se encuentra el alma del infante (la cabeza se halla rota en la actualidad).