Guía monumental de Santiponce, Sevilla
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| Santiponce | ||
| Sevilla | ||
| Aljarafe | ||
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Introducción a la guía de arte (monumentos y rutas) de Santiponce, Sevilla
Historia y descripción de Santiponce
Santiponce
es una localidad muy cercana a Sevilla (a tan solo 12 kilómetros)
que ha adquirido en los últimos años un gran protagonismo turístico
cultural gracias a la puesta en valor del yacimiento arqueológico de
la ciudad romana de Itálica.
El nombre de Santiponce deriva de san Geroncio, debido a que se construyó junto a una ermita de este santo.
La localidad se encontraba a las orillas del río Guadalquivir pero una fuerte riada a finales del siglo XVI la destruyó y los habitantes tuvieron que iniciar su reconstrucción junto al Monasterio de San Isidoro del Campo.
Monumentos de Santiponce
Este pueblo sevillano tiene en las ruinas de Itálica su principal aliciente monumental pues constituye uno de los yacimientos arqueológicos de época romana más importantes de la Península, todo ello a pesar de que durante la reconstrucción del pueblo en el siglo XVI se empleó gran material de acarreo procedente de la vieja ciudad romana lo que acrecentó su ruina.
Santiponce,
además, puede presumir de la magnificencia de otro monumento medieval
de gran categoría, que no es otro que el Monasterio de San Isidoro
del Campo. Algo eclipsado por Itálica, San Isidoro del Campo es un
extraordinario ejemplos de la arquitectura gótico-mudéjar de
la provincia de Sevilla.
Itálica
Itálica fue fundada por Publio Cornelio Escipión en el 206 a. C. como campamento de rehabilitación (castra valetudinaria) de soldados heridos en las guerras contra los cartagineses.
Con
el tiempo, Itálica abandonó el carácter hospitalario
primigenio para convertirse en una fastuosa urbe pues su buen clima y la cercanía
a Sevilla atrajo a gran número de patricios que la fueron convirtiendo
en una ciudad residencial y de recreo.
Por esta razón se construyen fastuosos palacios, templos y edificios para los espectáculos (teatro, circo y anfiteatro), haciendo de Itálica una de las ciudades más importantes del imperio, por lo que no es de extrañar que fuera cuna de dos emperadores: Trajano y Adriano, y quizás también de Teodosio.
Tras la desaparición del imperio y las invasiones germánicas primero y árabes después, la ciudad quedó muy saqueada y arruinada. En la reconstrucción de Santiponce allá en 1600 en el lugar actual se empleó parte de las ruinas como cantera de piedra, hasta que la ciudad quedó arrasada y cubierta de vegetación, llegándose al olvido.
Los primeros estudios arqueológicos de la vieja ciudad proceden del siglo XVIII y XIX en que se hallaron las famosas esculturas de Trajano y Diana Cazadora.
Calles y casas
El paseo por Itálica permite recorrer varias de sus amplias calles a las que se abrían casas y palacios que nos han dejado magníficos mosaicos o las termas.
Anfiteatro de Itálica
El
anfiteatro es el plato fuerce de este yacimiento. Con sus 156 metros de longitud
es el tercero más grande del imperio tras Roma y Capua.
Además de sus dimensiones, la magnificencia de este anfiteatro de Itálica proviene de su buena conservación de parte de las gradas, los vomitorios, caves de fieras, el estanque central de drenaje, etc.
Teatro
El teatro de Itálica no fue descubierto hasta 1975 y ha sido restaurado con esmero siendo su aspecto magnífico.
Además de estos principales monumentos de Itálica hay que citar la gran colección de mosaicos conservados y el Museo.
Monasterio de San Isidoro del Campo
Fue
fundado por el famosísimo Guzmán el Bueno (Alonso Pérez
de Guzmán) a finales del siglo XIII (1298) sobre una antigua iglesia
visigoda que, según la tradición, fue el lugar donde descansaba
el cuerpo de San Isidoro de Sevilla.
Tiene este edificio dos naves, aunque realmente se pueden considerar dos iglesias unidas, pues una de ellas es el templo gótico mudéjar del siglo XIV y el otro es posterior y se comunicaron por un gran arco.
La cabecera poligonal está almenada, como es habitual en la arquitectura gótico mudéjar alfonsí y de la que tenemos numerosas referencias en la capital sevillana.
Tiene
además esta cabecera arcos murales que cobijan los ventanales agudos
de gran belleza.
La portada es de ladrillo, con arquivoltas apuntadas y aboceladas.
Del complejo monástico y desde el punto de vista arquitectónico destacan la sala capitular y el refectorio.