Guía monumental (arte e historia) de Ágreda, Soria
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| Ágreda | ||
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Introducción a la guía de arte y monumentos de Ágreda, Soria
A
los pies del mítico Moncayo y atravesada por el río
Queilés, la villa de Ágreda se ubica
en el extremo nororiental de la provincia de Soria, a aproximadamente
medio centenar de kilómetros de la capital y muy cerca de los
límites geográficos riojanos, navarros y aragoneses.
Por su situación, tanto en lo histórico como en lo cultural, Ágreda ha sido siempre una población de marcada personalidad fronteriza, habiendo sido definida por el universal poeta soriano de adopción Antonio Machado como "barbacana hacia Aragón en tierra castellana".
Ágreda es también conocida como la Villa de las Tres Culturas ya que, como detallaremos a continuación, acogió durante buena parte de la Edad Media a población cristiana, judía y morisca en más o menos armónica convivencia en función de los avatares históricos del momento.
En la actualidad, pese a no ser para nada ajena al dramático proceso de despoblación rural que sufren las tierras sorianas, la villa de Ágreda es una de las poblaciones con mayor vitalidad demográfica de la provincia.
Breve aproximación histórica
Distintos
asentamientos castreños en su término atestiguan la
existencia de población en Ágreda desde época
celtibérica, apareciendo también durante la dominación
romana y bajo el nombre de "Aregrada" como un lugar de paso
en la vía que unía las urbes de Caesaraugusta (Zaragoza)
y Astúrica Augusta (Astorga).
Sin embargo, el verdadero despertar histórico en cuanto a relevancia se refiere de Ágreda tendrá lugar durante la Alta Edad Media, erigiéndose durante décadas como un importante bastión fortificado musulmán.
Tras un primer y efímero intento reconquistador protagonizado por Sancho Abarca en el año 915, la villa agredeña habría de esperar a 1118 para caer definitivamente en manos cristianas en el contexto de las campañas bélicas sobre Tudela y Tarazona del rey aragonés Alfonso el Batallador.
Tras
la muerte del monarca aragonés hacia 1134, Ágreda pasaría
a poder castellano de la mano del rey Alfonso VII, quién la
designaría cabeza de Comunidad de Villa y Tierra y acometería
una importante empresa repobladora mediante la extensión de
ventajosos fueros y privilegios, llegando a la ella, como consecuencia,
nuevos moradores oriundos de la zona de Las Tierras Altas Sorianas,
de ahí que, como veremos a continuación, sean varios
los topónimos en la villa que evocan la procedencia de su población
medieval.
Por su condición fronteriza (primero entre cristianos y musulmanes y posteriormente entre Castilla y Aragón), Agreda fue objeto de numerosos conflictos de carácter territorial así como escenario de significativos pactos y tratados entre monarquías en litigio; aunque no es menos cierto que, en tiempos de paz, la villa agredeña se caracterizó por acoger en un clima de relativa armonía población cristiana, judía y morisca.
Durante
la Edad Moderna, Ágreda quedó bajo el dominio del linaje
de los Castejón, una poderosa familia que dotó a la
población de un segundo periodo de esplendor aún patente
en su casco urbano.
En el siglo XVII Ágreda vio nacer a la que, sin duda, es su hija más ilustre: nos referimos a la Beata Sor María Jesús, religiosa visionaria que, desde su convento de Madres Concepcionistas, del que llegaría a ostentar el cargo de abadesa, ejerció de consejera de Felipe IV, atribuyéndosele además, gracias al don de la bilocación, la evangelización de buena parte del Nuevo Mundo.
Hoy
en día, pese a acusar como otras poblaciones sorianas el dramático
fenómeno del éxodo rural, Ágreda es una de las
localidades más populosas de la provincia de Soria, contando
con algo más de 3000 habitantes censados.
Ágreda Musulmana
La muralla árabe y las puertas califales
Como consecuencia de su ya varias veces aludida condición fronteriza, Ágreda fue una villa potentemente fortificada durante la Edad Media, llegando a contarse hasta cuatro recintos amurallados sucesivos los que fueron erigiéndose con el fin de proteger a su población.
Rodeando el primitivo burgo medieval se conservan, en bastante precario estado, varios lienzos murales aún reconocibles; sin embargo, son dos de sus originales cuatro puertas principales las que, mucho mejor conservadas, se han convertido hoy en día en una de las estampas más reconocibles de Ágreda.
La
más famosa de ellas es la simplemente llamada "Puerta
Califal", también conocida como "Puerta del Barrio"
o "de Tarazona" por orientarse hacia la localidad zaragozana
del mismo nombre.
Originaria del siglo X según los especialistas, en la actualidad,
tras restauraciones acometidas durante los años 80 del siglo
XX, se presenta como una estructura cúbica casi exenta dotada
de una portada interior y otra exterior separadas entre sí
por un corto tramo a modo de zaguán cubierto con bóveda
de medio cañón sobre impostas.
Al interior, el arco de ingreso presenta formulación de medio punto ligeramente rebajada, mientras que al exterior, las dovelas del vano dibujan un despiece en herradura típicamente califal.
Conserva Ágreda una segunda puerta califal mucho menos conocida, denominada indistintamente "de la Muela", "del Agua" (por hallarse junto a un pozo) o "de la Ermita", ya que junto a ella fue erigida la pequeña ermita del Amparo. Se presenta en la actualidad flanqueada por dos potentes cubos, abriéndose en un único y sencillo vano también de dovelaje en herradura.
Fortaleza de La Muela
También
conocida como "Torreón de la Mota", la actual fortaleza
de La Muela se sitúa sobre los cimientos de lo que sería
la primitiva alcazaba califal agredeña que, con la caída
de la villa en manos cristianas, sería reaprovechada y reconstruida
en varias ocasiones como símbolo del poder de los reyes cristianos
dentro de una población eminentemente multicultural.
La actual construcción, recientemente restaurada con un más que cuestionable resultado, vendrían a ser restos de época bajomedieval levantados en torno a los siglos XIV o XV.
Agreda Judía
La judería y la sinagoga
Además de musulmanes y cristianos, la villa de Ágreda acogió durante varios siglos hasta su expulsión o conversión forzosa una pequeña comunidad judía.
Testimonio de ello es la aún conservada judería de la localidad, asentada al este del casco urbano junto al barrio musulmán o "morería" y a los pies La Muela. En ella, son aún perfectamente perceptibles sus estrechas e intrincadas callejas, así como alguno de los postigos que cercaban la barriada en momentos concretos.
Conserva
Ágreda también un modesto edificio de origen románico
conocido como "La Sinagoga", una construcción de
inspiración claramente cristiana como se observa en su desnudo
ábside semicircular pero que, muy posiblemente, durante algún
tiempo fuese cedida a la comunidad judía para albergar su espacio
de culto. De hecho, en el Archivo Municipal se conservan varios documentos
de carácter hebraico, entre ellos, un fragmento en cuero de
un Rollo de la Ley Hebrea (Torá).
Sin embargo y muy recientemente, esta tradicional interpretación de la iglesia en relación a la judería ha sido contestada por las investigaciones de Francisco Javier Palacios Moya y recogidas en la obra "El Barrio Nuevo de Ágreda : Una morería en los confines de Castilla (siglos VIII-XVII)" de Miguel Ángel Moreno Ramírez de Arellano. Según ese nuevo estudio de Palacios Moya, la llamada Sinagoga, hasta la fecha, fue la Iglesia de Santo Domingo y la situación de la Judería queda situada donde hoy se llama la Puerta de la Villa.
Agreda Cristiana
Una vez arrebatada al poder musulmán, Ágreda, al abrigo de sus murallas y de su fortaleza, se constituyó como cabeza de una pequeña Comunidad de Villa y Tierra de la que dependían varias de las aldeas de su entorno.
Como fue habitual en este tipo de cabezas de concejo en las "extremaduras" castellanas de la Edad Media, en Ágreda se levantaron varios templos parroquiales con el fin de prestar servicio a las distintas collaciones o feligresías que conformaban la Villa, habitadas en su mayoría por contingentes repobladores llegados de las Tierras Altas al amparo de fueros y privilegios reales.
Con el paso de los siglos, varias de esas iglesias -seis en total- construidas sin lugar a dudas en estilo románico, fueron desapareciendo o siendo objeto de importantes reformas con el fin de ser adaptadas bien a las necesidades funcionales de cada momento o, incluso, a los propios gustos estéticos de un periodo artístico concreto.
Aún así, la actual Ágreda permite vislumbrar varios restos de ese primer esplendor del que gozó durante la Edad Media, siendo varios los templos parroquiales que, en mayor o menor medida, han conservado testimonios de su pasado románico.
Iglesia de San Miguel
La
parroquia de San Miguel, renovada casi íntegramente entre los
siglos XV y XVI en un estilo gótico de transición al
Renacimiento, conserva de la primitiva fábrica románica
su soberbia torre-campanario, pieza de innegable influjo aragonés
y una de las más interesantes de su tipo en territorio castellano.
Encastrada hoy en su muro norte de la fábrica entre nave y cabecera, la torre se eleva en cinco cuerpos de noble sillería separados entre sí por breves impostas horizontales, rematándose el piso superior mediante almenas o merlones que confieren al conjunto un aspecto de fortaleza.
De los cinco registros en altura en que se divide la torre, el segundo de ellos presenta ventanales pareados hoy cegados, el tercero elegantes arcos doblados de medio punto abrazando vanos bíforos dotados de capiteles figurados, mientras que el quinto y último dispone amplios huecos de campanas también concebidos como arcos doblados de medio punto.
A
los pies del templo, hoy protegida por un pórtico tardío,
se abre su portada principal; interesante obra gótica isabelina
en la que el vano de ingreso queda trasdosado por una sucesión
de arquivoltas apuntadas bajo las cuales, a modo de tímpano,
se expone en una hornacina la imagen del santo titular del templo.
Nuestra Señora de la Peña
La de Nuestra Señora de la Peña pasa por ser la más antiguas de las parroquias agredeñas conservadas, remontándose su fundación, según un documento firmado por el obispo de Tarazona, al año 1193. Este templo, además, acogería en 1221 los desposorios entre el rey aragonés Jaime I el Conquistador y la princesa Leonor de Castilla.
Además de la más antigua, Nuestra Señora de la Peña es también la iglesia de Ágreda que mejor ha conservado su primitiva estructura románica, habiendo llegado a nuestros días casi intacto su singular cuerpo de dos naves, planimetría que tan solo encuentra un parangón semejante en la no lejana iglesia soriana de Cerbón.
Al interior, lo más llamativo más allá de su propia estructura de nave dúplice son los capiteles que rematan sus soportes torales, en los cuales, fueron labradas escenografías figuradas de una factura tosquísima.
En
uno de ellos se aprecia una ingenua representación de la psicostasis
en convivencia con una segunda figura angélica que parece portar
en sus brazos una cabecita que simbolizaría el alma del justo.
En otra de las cestas, el tema representado es el Pecado Original,
apareciendo en una sucesión narrativa Adán y Eva junto
a un esquemático árbol cargado de frutos.
Al exterior, el principal interés medieval del edificio se concentra en su portada principal, de cuatro arquivoltas embellecidas en sus roscas con motivos incisos vegetales que descansan sobre desnudos pilares prismáticos.
Contaría en origen, al igual que su ya aludida parroquia hermana de Cerbón, con dos ábsides semicirculares que, en una reforma tardogótica, serían sustituidos por la capilla mayor goticista que podemos contemplar hoy en día.
En la actualidad, la parroquia de Nuestra Señora de la Peña acoge el Museo Comarcal de Arte Sacro, exponiéndose interesantes piezas procedentes tanto de la propia villa de Ágreda como de poblaciones circundantes, siendo digna de destacar una soberbia pila bautismal románica cuya copa se decora con dos registros de arcos; el superior de medio punto y el inferior entrecruzados.
San Juan Bautista
Erigida
junto a una antigua necrópolis altomedieval, la iglesia de
San Juan Bautista es una recia construcción renacentista con
reformas barrocas que, en su muro sur, ha conservado su primitiva
portada románica.
Enmarcada entre dos contrafuertes, despliega, al igual que su homónima de Nuestra Señora de la Peña, cuatro arquivoltas cuyas roscas fueron decoradas con motivos vegetales incisos que, en este caso, apean sobre columnas acodilladas rematadas en capiteles figurados.
Dichos capiteles, también de tosquísima labra atribuida por varios especialistas a talleres aragoneses, presentan motivos vegetales en convivencia con escenas figuradas de compleja interpretación y que, más por tradición que por cualquier prueba fehaciente, hay quien identifica como los Infantes de Lara.
Nuestra Señora de Magaña
La
iglesia de Nuestra Señora de Magaña fue otra de las
seis parroquias originales de la Ágreda altomedieval, cuya
propia advocación deja bien a las claras la procedencia de
los feligreses repobladores a los que prestaría servicio, y
es que Magaña es una pequeña población situada
a unos 30 kilómetros de Ágreda, en la comarca de las
Tierras Altas.
El edificio actual, cerrado al culto por su deficiente estado, apenas ha conservado vestigio alguno de su origen medieval más allá de su propia advocación. En esta iglesia, concretamente en una pila bautismal románica conservada hoy en la Basílica de los Milagros, fue bautizada la ilustre beata agredeña Sor María Jesús.
San Martín de Yanguas
Como la de Nuestra Señora de Magaña, la hoy ruinosa iglesia de San Martín de Yanguas viene a evocar mediante su advocación la presencia en la Ágreda medieval de repobladores llegados de las Tierras Altas.
En la actualidad, la iglesia de San Martín, que durante siglos albergó la imagen de Nuestra Señora de los Milagros, ha quedado reducida a un casi informe amasijo de ruinas góticas, siendo apreciables desde el exterior las elegantes nervaduras de su capilla mayor.
Otros monumentos de interés
Además
de las parroquias reseñadas, subsisten en Ágreda los
menguadísimos restos de una antigua iglesia que, sin dedicación
oficial conocida, es popularmente conocida entre los vecinos con el
enigmático nombre de Capilla de los Templarios.
Mucho más moderna aunque de especial devoción para las gentes tanto de Ágreda como de la comarca es la Basílica de Nuestra Señora de los Milagros, monumental construcción clasicista que alberga en su interior, entre otras piezas de interés, la imagen titular de la Virgen, obra de transición entre el románico y el gótico; y la pila bautismal románica procedente de Nuestra Señora de Magaña, de características muy similares a la de la parroquia de la Virgen de la Peña.
También
digno de reseñar, casi más por su valor histórico
que por su valor artístico, el Convento de Madres Concepcionistas,
en el cual, vivió uno de los símbolos de Ágreda
como es la Beata Sor María Jesús, a la cual, le ha sido
dedicado un pequeño museo en la propia villa.
Para terminar, no pueden ser obviados otros monumentos de carácter civil o militar que completan la postal monumental agredeña, como son los diferentes cinturones defensivos -cuatro en total- con que contó la villa en sus tiempos de mayor esplendor. Testimonio de ellos son los conservados torreones llamados del Tirador y de La Costoya, o varias de sus puertas, como la de Santo Domingo, la de los Pilares o el Arco de Felipe II.
A lo largo y ancho del casco urbano, han sobrevivido también numerosas casas solariegas blasonadas, símbolo de esa segunda edad dorada de la que gozaría Ágreda durante el Renacimiento. De todos ellos, el más conocido por sus dimensiones y su valor artístico es el Palacio de los Castejones, morada de los señores de la población durante la Edad Moderna; aunque bien merecen una visita otros inmuebles como el Palacio de Fuenmayor o el propio Ayuntamiento.
(Autor del texto del
artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)