Baños de Al-Andalus
|
Enlaces Relacionados
|
|
|
Introducción
Probablemente,
uno de los legados monumentales más importantes que hemos
recibido del siglo XI musulmán en España -llamado
Periodo de los Reinos de Taifas- es el conjunto de Baños
Árabes que se han conservado en varias ciudades de la antigua
Al-Andalus. Aunque aquí hay que decir que en absoluto son
exclusivos de esta época, puesto que también se conservan
baños construidos en siglos anteriores (época califal)
y posteriores (dinastías africanas: almorávides y
almohades e, incluso, de época nazarí). También,
como veremos posteriormente, se construyeron algunos baños
de autoría cristiana bajomedieval inspirados en los musulmanes.
Los baños en el mundo musulmán
Los
musulmanes heredaron de los romanos y de los cristianos bizantinos
(como en gran parte de su aculturación) su afición
por las termas. Los rudos habitantes de Arabia encontraron una refinada
civilización al conquistar las tierras del Imperio Bizantino
de Egipto y Siria, estableciendo la capital del Califato, precisamente,
en Damasco.
En Al-Andalus, especialmente en el siglo XI, se pusieron en funcionamiento numerosos baños llamados "hammám". Las ciudades populosas contaban con varias de dichas instalaciones. Algunos se han conservado en aceptable estado, entre los que citamos aquí unos pocos ejemplos:
Al
igual que en Roma, la actividad del baño no era meramente
higiénica sino que tenía otros fines. Concretamente,
en el mundo islámico utilizar estos lugares constituía
una de las principales actividades de relación social y ocio
que se tenía en la sociedad de aquellos tiempos. Además,
los baños públicos de las mezquitas recaudaban dinero
por su utilización.
Los baños podían disfrutarse tanto por hombres como por mujeres, aunque nunca se permitía que coincidieran juntos, por lo que se fijaban turnos rigurosos para ambos sexos como, por ejemplo, estableciendo días alternos.
Salas
Los
baños árabes seguían una disposición
similar a las termas romanas aunque su construcción conllevaba
una monumentalidad más modesta.
La
primera sala que encontramos en los baños árabes es
el vestuario, donde había armarios, perchas y otros enseres
para que el usuario pudiera dejar sus ropas y prepararse para la
entrar en las salas de los baños, propiamente dichas. El
vestuario se completaba con instalaciones de letrinas.
A continuación se disponían tres salas que eran las destinadas a proporcionar diferentes temperaturas al cuerpo con el fin de hacerlo sudar, activar la circulación sanguínea, eliminar toxinas y tonificar:
Junto a la sala de agua caliente existía un horno y una caldera para calentar el agua que circulaba bajo el suelo.
La
sala principal de cualquier baño, que ocupaba el centro de
las instalaciones, era la correspondiente al agua templada (bayt
al-wastani). Es también la estancia más grande, y donde la gente
pasaba mayor cantidad de tiempo. En esta sala central, a la que
se accedía tras pasar por las salas de masaje o sudoración, se descansaba,
se bebía o se daban los últimos retoques de maquillaje o peinado.
Arquitectura
La arquitectura de los baños árabes fue bastante homogénea como se comprueba al comparar los que nos han llegado en buen estado de conservación. Las instalaciones se disponían en salas cuadradas o rectangulares no muy extensas, que se abovedaban con el apoyo muros verticales con arquerías -de medio punto o de herradura- que apoyaba en columnas exentas.
El
material con que se edificaron estas estructuras casi siempre era
el ladrillo enfoscado o enlucido superficialmente, salvo las columnas
que podían ser marmóreas o de otros tipos de piedra.
Es frecuente en estos soportes o en las piezas pétreas materiales
de acarreo como capiteles de iglesias visigodas o de templos o edificios
monumentales romanos.
Estas
bóvedas (de medio cañón, cupuliformes o esquifadas)
tenían unos óculos con forma de estrella que comunicaban
los baños con el exterior para permitir el paso de luz natural
y evitar las condensaciones del vapor de agua. Por otro lado, las
formas curvas de estos abovedamientos ayudaban a que el vapor que
condensaba - a pesar de los agujero citados- no cayera en forma
de goterones al suelo sino que las gotas escurriesen lentamente
por las paredes hasta llegar al suelo.
La decoración mural de las paredes y las bóvedas de las estancias se basaba en motivos geométricos sencillos pero coloreados lo que, junto a la luz tamizada y tenue que dejaban pasar los óculos estrellados, creaban un ambiente sosegado y acogedor que invitaba a permanecer largos ratos conversando entre los bañistas.
Extensión de los baños al periodo cristiano
Muchos
de los baños construidos en Al-Andalus durante el Periodo
Taifa y otras épocas de dominio islámico cayeron en
desuso o fueron reuyilizados tras la reconquista castellana y aragonesa.
No obstante no todos desaparecieron y algunos siguieron siendo empleados.
Más interesante, si cabe, es la construcción de baños netamente cristianos a imitación o inspirados en los árabes. Tal es el caso de:
Baños
del Almirante de Valencia: construidos en los primeros años
del siglo XIV durante el reinado de Jaime II por el noble Pere
de Vilarasa.