El Camino del Cid en Guadalajara
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Introducción a la Guía monumental del Camino del Cid en Guadalajara
Guadalajara
es una de las provincias en que más kilómetros recorre
el llamado Camino del Cid. Dicho trazado, por tierras alcarreñas,
se divide en dos etapas perfectamente diferenciadas: una primera,
coincidente con el episodio del Destierro del Cantar y cuyos escenarios
tienen lugar en el sector norte de la provincia; y una segunda en
la que, tras recorrer tierras sorianas y aragonesas, vuelve a adentrarse
brevemente en la provincia por su tramo oriental para recorrer las
tierras de Molina.
El
Camino del Cid se adentra en Guadalajara, tras recorrer la provincia
de Soria, a través de la localidad de Miedes de Atienza, discurriendo
a continuación por las villas de Atienza, Jadraque, Sigüenza
y Alcolea del Pinar, donde toma dirección norte para, superando
Anguita, Luzón y Maranchón, penetrar brevemente de nuevo
en Soria por Medinaceli y encaminarse hacia Aragón por Ariza.
Este primer tramo cuenta con un ramal secundario relacionado con los escarceos que, el fiel Alvar Fañez, protagonizó por la ribera del Henares, procurándose, a base de saqueos, provisiones para las mesnadas cidianas, asentadas en la población de Castejón. De este ramal, la población más representativa es Hita.
En
el segundo tramo, la ruta se adentra en Guadalajara desde la colindante
provincia de Teruel, recorriendo buena parte del llamado Señorío
de Molina que, en aquel entonces, era un pequeño enclave independiente
tributario de la Taifa valenciana. Abandona Guadalajara el Camino
del Cid por las elevadas parameras del sureste provincial, ingresando
de nuevo en Teruel a través de Orihuela del Tremendal.
El Camino del Destierro por tierras
de Guadalajara
Miedes de Atienza
Ubicada en un estratégico emplazamiento a los pies de la Sierra de Pela, la población de Miedes, mencionada en el Cantar como "zona de frontera", apenas conserva de su pasado medieval una humilde iglesia románica muy reformada en siglos posteriores. Sin embargo, varios son los topónimos que hacen referencia al relato épico, como es el caso de un pago denominado "Peña del Cid", donde según la tradición oral, las tropas del de Vivar acamparon en su camino hacia Atienza. Muy cerca de Miedes, las pequeñas localidades de Hijes, Ujados, Romanillos y Alpedroches, conservan humildes parroquiales también de origen románico.
Atienza
A
los pies de peña coronada por su castillo, reza el Cantar que
el empaque de dicha fortaleza impresionó a las tropas del Cid
hasta el punto que, precavidos, decidieron sortear la plaza atencina
por un costado y con la complicidad de la oscuridad de la noche. En
la actualidad, la Villa de Atienza conserva, además de la mencionada
fortificación, cinco de las catorce parroquias con que contaría
en la Edad Media.
La de San Gil, de cuya obra original tan solo conserva su ábside semicircular, en la actualidad acoge el museo municipal, dentro del cual, es posible admirar la magnífica pila bautismal de finales del siglo XII o principios del XIII. Del mismo modo, la Iglesia de la Trinidad vio como fue objeto de numerosas reformas a lo largo de los siglos, quedando, como único testigo de su pasado altomedieval, su potente ábside semicircular, abierto al exterior mediante tres ventanas de roscas semicirculares apoyadas sobre columnas de estilizados fustes y delicados capiteles vegetales.
Junto
al cementerio, dominando el caserío a los pies del castillo,
la iglesia de Santa María del Rey ofrece la gratísima
sorpresa de su fachada meridional, en la cual, abre una portada abocinada
de siete arquivoltas decoradas con variadas figuras en posición
longitudinal, algunas de ellas, muy deterioradas. Sorprendente es
también la programación iconográfica desplegada
en la portada sur de la Iglesia de Nuestra Señora del Val,
en la cual, 10 figuras tocadas a la manera mudéjar, contorsionan
su cuerpo adaptándose en precario equilibrio al baquetón
de la arquivolta central.
Por último, también en los arrabales de la villa y empequeñecida por el porte de un cuerpo lateral posmedieval adosado en el lienzo sur, la iglesia de San Bartolomé conserva su primitivo atrio porticado, el cual, queda estructurado en siete arcos de medio punto sobre pares de columnas que cobijan el ingreso principal al templo, de tres arquivoltas cuyas roscas, fueron profusamente decoradas con motivos geométricos y vegetales.
Robledo de Corpes
Superada la minúscula localidad de La Miñosa con su pequeña iglesia románica rural, el Camino del Cid atraviesa la no menos humilde aldea de Robledo de Corpes, cuyo topónimo, le ha permitido poder atribuirse, en dura pugna con la localidad soriana de Castillejo de Robledo, el haber sido el escenario del legendario episodio narrado en el Cantar en el cual, las hijas del Campeador son afrentadas por los Infantes de Carrión.
Pinilla de Jadraque
Tras
dejar atrás los pueblos de Hiendelaencina, de pasado minero;
Medranda y Congostrina; se llega a Pinilla de Jadraque, población
en la que destaca su magnífica iglesia parroquial románica
porticada, declarada Monumento Histórico Artístico y
en la cual, pese a la erosión, son aún perceptibles
interesantes motivos iconográficos en las arcadas del atrio,
entre las que caben ser destacadas un Cristo en Majestad enmarcado
por una mandarla, y una Crucifixión.
Jadraque
Un airoso cerro, definido por Ortega y Gasset como "el más perfecto del mundo", coronado por un bien conservado castillo, nos anuncia la proximidad de Jadraque. Dicha fortaleza, llamada popularmente Castillo del Cid, es un edificio de época bajomedieval que, muy probablemente, sería levantado sobre los restos de una primitiva edificación califal.
La
histórica villa de Jadraque no se menciona directamente en
el Poema, sin embargo, hay quiénes señalan que el sí
nombrado Castejón, identificado tradicionalmente como el cercano
Castejón de Henares, podría hacer referencia en realidad
a Jadraque. Ya sea Castejón de Henares o Jadraque, lo cierto
es que "Castejón", según el relato, fue la
primera plaza sitiada por Rodrigo de Vivar en su camino hacia el destierro.
El ramal de Alvar Fáñez: De Castejón a Guadalajara
Desde Castejón parte un ramal secundario de unos 70 kilómetros en dirección sur que, siguiendo la Ribera del Henares hacia Guadalajara, evoca el itinerario que el fiel escudero de Rodrigo, Alvar Fáñez, recorrió saqueando distintas localidades con el fin de abastecer a las mesnadas cidianas, acampadas a su espera en la recién tomada plaza de Castejón.
De este ramal, el punto más representativo es la fortificada villa de Hita, emplazada a los pies de un cerro seguramente coronado antaño por un castillo. De su casco urbano sobresalen los templos de San Juan Bautista y de San Pedro, y, sobre todo, la Puerta de Santa María, principal y único ingreso conservado de la muralla bajomedieval, mandada levantar por el Marqués de Santillana a mediados del siglo XV.
Muy
cerca de Hita, las pequeñas poblaciones de Muduex y
Utande conservan humildes parroquiales muy reformadas que,
aún así, permiten adivinar en ellas su pasado románico.
El ramal culmina en la ciudad de Guadalajara, donde además de buenas obras de carácter militar como los restos del Alcázar Real, flanqueado por una muralla en la que, una de sus torres recibe precisamente la denominación de "Torreón de Alvar Fáñez"; se conservan varios templos medievales de ladrillo como son la Concatedral de Santa María, edificada sobre una antigua mezquita, la iglesia de Santiago, y las ruinas de la antigua parroquia de San Gil, cuyo ábside, queda articulado al exterior a base de tres registros de arcos doblados, al más puro estilo castellano.
Parque Natural del Río Dulce
De nuevo en el camino principal, desde Mandayona la ruta toma de nuevo dirección norte para dirigirse hacia Sigüenza, atravesando para ello el hoy conocido como Parque Natural del Río Dulce, de extraordinaria belleza paisajística. En este tramo, destacan tres pequeñísimas localidades que conservan aún restos de su pasado medieval.
La primera de ellas es Aragosa, con su iglesia románica de San Roque; a continuación, La Cabrera se sitúa en un idílico emplazamiento en lo más profundo del valle, contando también con una humilde iglesia parroquial de origen románico rematada en cabecera semicircular; y, por ultimo, Pelegrina coronada por los restos de su castillo, levantado aprovechando un promontorio rocoso en una de las hoces que traza el rio Dulce.
Sigüenza
La
Villa Episcopal de Sigüenza, dominada por las imponentes siluetas
de su castillo, convertido hoy Parador de Turismo, y de su también
fortificada catedral; no se menciona expresamente en el Cantar del
Mío Cid, sin embargo, no cabe duda que ya en tiempos de Rodrigo
de Vivar se trataba de una plaza importante. El castillo, levantado
en el siglo XII sobre los restos de una fortificación anterior,
fue profundamente remodelado a principios de la Edad Moderna, pero
aún así, impresiona al visitante tanto por su empaque
como por su emplazamiento, dominando amplísimos horizontes.
La Catedral, comenzada durante la segunda mitad del siglo XII siguiendo esquemas puramente románicos aún apreciables en los ingresos abiertos en la fachada occidental, fue remodelada en época gótica, momento en el cual se sustituyó su primitiva cabecera y se cerraron sus vertiginosas bóvedas, sustentadas por potentes pilares de tipo languedociano.
En la misma Sigüenza, se conservan también los restos románicos de las parroquias de San Vicente y Santiago, de las que destacan sus magníficas portadas.
Alrededores de Sigüenza
En torno a Sigüenza, son varias las aldeas que atesoran buenos ejemplos de templos románicos. Así, la iglesia de El Salvador de Carabias nos sorprende con una galería porticada, recientemente restaurada, abierta hacia los costados occidental y meridional del edificio. Muy cerca, la villa de Palazuelos conserva, en muy buen estado, su primitivo trazado urbano medieval, destacando su castillo, su perímetro amurallado, y la portada de la iglesia de San Juan Bautista. También en las pequeñas localidades de Pozancos y Ures, han pervivido buenas portadas románicas.
Saliendo
de Sigüenza en dirección Este, enseguida se atraviesa
Barbatona, en cuyo caserío, bastante camuflado por viviendas,
se pueden apreciar los restos de un antiguo torreón de época
califal. Buenos templos románicos encontramos también
en Cubillas del Pinar, con restos de una galería porticada;
y en Estriégana, rematado en un austero ábside semicircular.
Por último, por su proximidad a la ruta cidiana y lo sobresaliente de su factura, merecen ser resaltadas las iglesias de Jodra del Pinar y Saúca, ambas abiertas mediante magníficas galerías porticadas recientemente restauradas, conservándose además, en la segunda de ellas, una excelente pila bautismal románica.
Anguita
Rebasada la estratégica localidad de Alcolea del Pinar, se llega a Anguita, también mencionada en el Cantar por ser escenario de una etapa del héroe, quien, según el relato, se refugió, camino de la Taifa de Zaragoza, en unas cuevas que han sido identificadas tradicionalmente como las situadas en los cantiles próximos al caserío que precipitan a la hoz trazada por el aún joven río Tajuña.
Cuenta
Anguita, además de con un trazado urbano medieval de enorme
sabor, con los restos de una atalaya musulmana conocida como "la
Torre de la Cigüeña", la cual, formaría parte
de una red de fortificaciones con conexión visual entre ellas
que protegían la vertiente sur de Sierra Minisitra.
Luzón y Maranchón son las últimas localidades de la Provincia de Guadalajara atravesadas por esta primera etapa del Camino del Cid, perteneciendo a ésta última la pedanía de Turmiel, protegida por su torre defensiva, llamada "La Torrecilla".
Las Tres Taifas: El Camino del Cid por Tierras de Molina de Aragón
Tras su paso por tierras zaragozanas y turolenses, el Camino del Cid se adentra de nuevo en Guadalajara a través de la localidad de El Pedregal, atravesando, a continuación, otras pequeñas poblaciones incluídas hoy en el llamado Señorío de Molina como El Pobo de Dueñas, Morenilla, Castellar de la Muela o Tordepalo, ya muy cerca de Molina de Aragón.
Molina de Aragón
Enclave
independiente tributario de la taifa de Zaragoza en tiempos del Cid
Campeador, narra el Cantar que Rodrigo se encaminó hacía
Molina de Aragón a la búsqueda de la protección
y seguridad que, en su ruta hacia Valencia, le brindaba su fiel amigo
el alcaide moro Abengalbón.
A día de hoy, Molina, pese a su desarrollo, ha sabido conservar buena parte del patrimonio heredado de su fecundo pasado medieval. De entre todos los monumentos, destaca por encima del resto su magnífico castillo, rodeado por un amplísimo recinto amurallado denominado popularmente "el cinto" y que, en origen, albergaría dentro de su perímetro un barrio con iglesia propia, cuyos restos, son aún apreciables.
Del castillo propiamente dicho, destacan sus cuatro torres construidas en arenisca roja, en cuyo interior, son aún apreciables restos de policromía. Completando el conjunto y comunicada en su día con el castillo, se levanta en dominante emplazamiento una segunda fortificación conocida como "Torre de Aragón", de planta pentagonal y rodeada por un nuevo recinto murado.
La
iglesia conventual de Santa Catalina es un edificio inacabado del
que se conserva un breve tramo de la nave, el crucero abierto al sur
mediante una elegantísima portada de patentes influencias cistercienses,
y un potente ábside semicircular articulado al exterior mediante
haces de columnas a modo de contrafuertes. Completa el conjunto medieval
un interesante puente de traza románica sobre el río
Gallo.
No lejos de Molina, encontramos buenos ejemplos rurales románicos, entre los que cabe ser destacada la ermita de Santa Catalina de Hinojosa, probablemente en origen, parroquia de un viejo despoblado medieval desaparecido.
De Molina a Tierras de Teruel
Saliendo de Molina de Aragón, cerca de la localidad de Ventosa y encajonado en un espectacular paraje, el Santuario de la Virgen de la Hoz remonta sus orígenes al siglo XII, sin embargo, la fábrica actual es claramente postmedieval. A partir de aquí, el camino del Cid continua dirección sur camino de las tierras turolenses de Albarracín, atravesando localidades como Teroleja, cuya iglesia conserva reminiscencias de su pasado medieval; Fuembellida; Escalera; Tierzo, donde sobrevive una casa fuerte medieval llamada "La Vega de Arias"; o Almallá, cuyas salinas ya eran explotadas desde fecha muy temprana.
A continuación, el Camino va ganando altura superando Checa, la enormemente pintoresca localidad de Chequilla, y por último, antes de rebasar los límites provinciales turolenses; Orea, a casi 1500 metros de altitud, lo que le convierten en uno de los municipios más altos de España.