Historia de Madrid en la Edad Media
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Historia de Madrid durante la dominación árabe
La
actual provincia de Madrid comienza a tener importancia como
terreno fronterizo entre moros y cristianos en el siglo IX.
Para oponerse a la presión que los reinos cristianos
del norte comienzan a ejercer sobre Al-Andalus, se erigen fortalezas
o se reaprovechan viejos castros o poblados anteriores a lo
largo de las provincias de Madrid (Talamanca, Alcalá
de Henares) Guadalajara (Atienza, Jadraque, Sigüenza...)
y Soria (Medinaceli) en lo que se llama la "Marca Media".
Estos
"ribat" o comunidades guerreo-religiosas residentes
en castillos a lo largo de las estribaciones del Sistema Central
tenían la misión de defender la poderosa ciudad
de Toledo de las algaradas militares castellanas y leonesas
que se hacen insistentes a partir del año 850. Sólo
hay que recordar las victoriosas expediciones de Ordoño
I y Alfonso III al sur del Sistema Central.
Por esta causa, a partir de la época del emir Muhammad I en la segunda mitad del siglo IX, Talamanca (defendiendo el río Jarama), Madrid (protegiendo el Manzanares y Alcalá (cubriendo el Henares) se convirtieron en sendas "ribat".
El
panorama de poblamiento musulmán durante los siglos altomedievales
se completa con algunos otros pequeños núcleos
como Villaviciosa de Odón, Rivas, etc y una serie de
líneas de vigilancia constituidas por torres-atalaya,
como las de Torrelodones, El Berrueco, etc.
Conquista de Madrid y tiempos de incertidumbre
La
caída del Califato en la primera mitad del siglo XI y
la posterior constitución de los Reinos de Taifas va
a suponer un conjunto de hechos de gran importancia para la
historia de Madrid.
Este periodo coincide con un progresivo fortalecimiento del reino castellano-leonés que termina -no sin la colaboración de las luchas intestinas protagonizadas por los musulmanes- en la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI.
No obstante, la toma de la emblemática ciudad toledana no supuso un inmediato apoderamiento de la actual provincia de Madrid. Los musulmanes, asustados por la rápida anexión de Toledo al mundo cristiano, implican a las fanáticas tribus africanas de los almorávides en la política hispana entrando en confrontación directa con los castellanoleoneses a los que inflingen severas y reiteradas derrotas (Sagrajas, Consuegra, Uclés...).
La
propia ciudad de Toledo sufrió -aunque sin éxito-
un duro asedio y Madrid -conquistada inicialmente en 1083- fue
frontalmente atacada diecisiete años más tarde.
Es por eso que sólo con el debilitamiento almorávide
que se inicia a partir de la segunda década del siglo
XII cuando comienza a asegurarse la conquista del territorio
madrileño. Alcalá de Henares resistió hasta
1118 y el castillo de Oreja hasta 1139.
Repoblación cristiana del territorio de la provincia de Madrid
A partir de finales del siglo XI hasta el XIV el territorio madrileño es repoblado. Al principio lo hace a partir de los núcleos-fortaleza existentes (Buitrago, Madrid, Talamanca y posteriormente Alcalá), pero progresivamente llega hasta los confines provinciales. Esta repoblación se hace en el contexto de un territorio fronterizo e inseguro todavía y que va a sufrir incluso a finales del siglo XII la devastadora expedición almohade que saquea Talamanca en el año 1196.
La
conformación territorial de la actual provincia de Madrid
en los siglos del románico y mudéjar es de lo
más heterogénea y es, como explicaremos en el
siguiente capítulo para su arte, la expresión
de dos empujes de sentidos opuestos. La floreciente ciudad de
Segovia extiende sus dominios por el noroeste de la provincia
(Lozoya, Guadarrama Manzanares, Brunete, Navalcarnero...) y
la mitra toledana -protagonista de la conquista de Alcalá
de Henares- hace lo propio con todo el sureste de Madrid (Alcalá,
Santorcaz, Talamanca, etc.).
Solo Madrid y Buitrago, aunque constreñidos por los poderes anteriormente citados, son capaces de tener personalidad jurídica propia constituyendo las Comunidades de Villa y Tierra de Madrid y Buitrago respectivamente.
Para terminar de describir el "reparto de tierras madrileñas", la Orden de Santiago alcanzó a dominar el ángulo suroriental de Madrid (Villarejo, Fuentidueña de Tajo...) mientras que el Cister hace lo propio con la esquina opuesta.
Desde el punto de vista social, la población madrileña durante los siglos XII, XIII y XIV estaría formada por la mixtificación de cristianos norteños que inmigran hacia el sur y los musulmanes autóctonos a los que se les permite permanecer con sus creencias (mudéjares). De esta yuxtaposición de culturas y tradiciones se beneficiaría la difusión del arte mudéjar.